El empresario Antonino Fernández con un retrato de la reina Isabel la Católica.
El empresario Antonino Fernández con un retrato de la reina Isabel la Católica.

Extraño título el que encabeza este comentario, pero, más que extraño, resultará familiar en cuanto expliquemos nuestro propósito. Don Pablo Diez fue un exitoso empresario español de esos ante quienes hay que quitarse el sombrero y a quien mucho le debe la nación mexicana.

Un hombre de empresa fuera de lo común que realizó una gran labor durante el pasado siglo XX. Un español originario de Vegaquemada (León) donde nació en 1884.

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Muy joven emigró a México levantando a base de trabajo, ahorro y una gran visión comercial un impresionante capital con el cual cumplió a la perfección con la función social del empresario: Crear no solamente empleos sino bienes para el servicio de la comunidad.

Un español que supo “hacer la América” interpretando dicha frase en el sentido de que supo contribuir a la edificación de esa patria mexicana que le había acogido con benevolencia y a la cual tanto cariño le tenía.

Don Pablo Diez falleció en la Ciudad de México a fines de noviembre de 1972. El otro empresario fue don Antonino Fernández, también originario de León quien fue el sucesor de don Pablo Diez en la empresa Grupo Modelo (productor de la cerveza Corona, entre otras).

Pablo Díez Fernández, empresario.

Al igual que don Pablo, don Antonino fue también un hombre fuera de lo común que tuvo una vida ejemplar tanto pública como privada. Don Antonino supo llevar empresas y finanzas con ese sano criterio que es propio de quienes de exponen al invertir, que supo aplicar la justicia social con sus trabajadores y que mostró siempre caridad hacia los más necesitados.

Don Antonino Fernández falleció en la Ciudad de México a fines de agosto de 2016.

Ahora bien, aparte de militar dentro de la cultura del esfuerzo, estos dos empresarios españoles tenían algo en común: la gran admiración que sentían por un personaje que fue el mejor gobernante que ha tenido España a lo largo de la historia: Isabel la Católica.

Ambos empresarios movieron todas sus influencias para lograr que su causa fuese introducida en Roma

Mucho, muchísimo es lo que se ha dicho acerca de la Gran Reina que consumó la Reconquista, que consolidó la unidad de España y que fue decisiva en el Descubrimiento y Evangelización de América.

Sin embargo, a pesar de lo mucho que se ha dicho y escrito sobre Doña Isabel, es muchísimo más lo que aún falta por decirse.

Esto lo comprendieron muy bien tanto don Pablo como don Antonino y prueba de ello fueron todo el empeño que pusieron para lograr que Isabel la Católica fuese elevada a los altares.

Don Pablo Diez solía decir que, de todas sus empresas, la más importante era la canonización de Isabel la Católica. Y Don Antonino Fernández se encargó de continuar su obra.

Y es que estos dos emigrantes -españoles ejemplares- que si llegaron a lo más alto se debió a que militaron dentro de la cultura del esfuerzo, comprendieron que tenían mucho en común con la Gran Reina que si llegó a lo más alto fue porque también Ella militó dentro de la cultura del esfuerzo.

Ambos comprendieron que -aparte de ser la Gran Reina- Isabel fue también una santa y por eso movieron todas sus influencias para lograr que su causa fuese introducida en Roma y, tras un detallado estudio de sus virtudes y los milagros aprobados por la Santa Sede, pueda algún día convertirse en Santa Isabel de España.

Don Pablo fundó una sección dentro del Hospital Español de la Ciudad de México poniéndole el nombre de Isabel la Católica. Don Antonino ayudó con cuanto recurso tuvo a su alcance para que en Valladolid la causa de la Reina de Castilla llegase a buen puerto.

Don Pablo y Don Antonino fueron dos personajes fuera de lo común, cuyas vidas ejemplares deben servir de inspiración a todos aquellos empresarios que -gracias a su esfuerzo- han logrado escalar las cumbres del éxito.

Mucho ganaría el Mundo Hispánico si contase con empresarios dinámicos que, aparte de crear riquezas, fuentes de trabajo y pagar impuestos se dedicasen a causas nobles como la que inspiró tanto a Don Pablo como a Don Antonino: Que Isabel la Católica sea venerada en los altares.

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