Un operario del Ayuntamiento de Madrid desinfecta las calles durante la fase 0 de desescalada del estado de alarma por el coronavirus / EFE
Un operario del Ayuntamiento de Madrid desinfecta las calles durante la fase 0 de desescalada del estado de alarma por el coronavirus / EFE

Noto el ambiente tan cargado que he dejado de ver los telediarios, leer la prensa e incluso en ocasiones me cansa sumergirme en las redes sociales por miedo a recibir demasiados impactos negativos. El otro día, sin ir más lejos, ante el tedio que producían las interacciones de Juan Carlos Girauta, cogí, y le dejé de seguir. Mi salud mental me lo pedía. Esa acción me dolió en parte debido a la admiración intelectual que proceso al exdiputado de Ciudadanos. Mente lúcida que en los últimos compases de la realidad ha degenerado cayendo en el insulto fácil, la confrontación innecesaria, y una necesidad manifiesta de atormentar con el miedo a la población pidiendo un nuevo confinamiento.

En los tiempos que corren, en donde la tristeza, la soledad y el temor acechan más que nunca, creo que todo el que tenga la potestad de hacer llegar un conjunto de ideas debe hacer un ejercicio pedagógico para sembrar esperanza y no miedo. La vida ya se está poniéndose suficientemente complicada como para que llegue un agorero o cuñado para dar lecciones o profecías. Supersticiones que están provocando el terror en la sociedad. Existen ya cabezas pensantes dominadas por el tormento que están pidiendo por activa y por pasiva una nueva restricción de libertades a través de un nuevo encierro. Como la pescadilla que se muerde la cola, líderes de opinión estimulados por los presuntos expertos están meditando en su cabeza una nueva violación de las libertades. Clamores sazonados con insultos, reproches e insinuaciones para debilitar al adversario.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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«Hasta gentes que creías sensatas están dejándose arrastrar por el apasionamiento existencial y enseguida utilizan artimañas sucias para descalificar al contrario o sembrar cizaña en el ambiente»

«Construye puentes, no muros», suele decir a menudo el Papa Francisco en sus escritos y homilías. Ojalá esa cita se plasmara en la realidad. En lugar de obrar o criticar de manera constructiva los líderes políticos y sociales prefieren tirar del ataque fácil pese a saber que no ha sido ideado con las mejores intenciones. Ya saben, la política del todo vale. Eso es lo que está cargando el ambiente. Hasta gentes que creías sensatas están dejándose arrastrar por el apasionamiento existencial y enseguida utilizan artimañas sucias para descalificar al contrario o sembrar cizaña en el ambiente.

Políticos, que con una intención puramente electoralista o con el fin de hacer surgir un falso liderazgo para saciar su ego, atacan a los disidentes con cualquier tipo de fuente pese a que los hechos que critican no hayan sido culpa directa de su gestión. Hablo por ejemplo en relación con el incidente ocurrido en el Hospital de campaña de Valencia, en el cual la oposición ha atacado sin cesar a Ximo Puig pese a que el culpable de dicho accidente ha sido un elemento impersonal como el viento.

Una mascarilla en la calle /EFE
Una mascarilla en la calle /EFE

Otros que se están luciendo en estos tiempos son los medios de comunicación, los cuales están librando campañas del miedo fomentadas por las propias autoridades con el fin de que vivamos asustados permanentemente esperando a que los dirigentes nos rescaten. Me sorprende leer titulares como aquellos que anuncian récords de contagios desde que empezó la pandemia. El usuario medio se lo traga al no caer en la cuenta de que ese dato es subjetivo teniendo en cuenta las pocas PCRs que se hacían al inicio de la situación epidemióloga.

Análisis conocidos por los sanitarios, científicos y supuestos expertos que no dejan de recomendar un confinamiento estricto. A sabiendas de que lo que voy a decir no va a ser del agrado de la mayoría, me agarro los machos. Me entristece ver como los médicos, enfermeros y demás personal sanitario se presta a dar titulares en los que expresan su estrés psicológico y laboral. No digo que no les crea, al contrario, empatizo mucho con su sufrimiento. Precisamente, el problema reside en que estos mismos parecen no haber sido conscientes de que cuando uno se pone la bata corre el riesgo de verse en una pandemia como la que vivimos.

«Queremos lo fácil. «Les encerramos, y que se apañen», parecen decir entre ellos los expertos y algunos políticos»

¿Se imaginan a un militar agobiado porque le llaman a filas para combatir en una guerra? El que se alista al ejército sabe que puede llegar el día en el que tenga que defender a su país en una contienda. Se debe estar preparado para todo, y ahí le doy un toque a las instituciones que han recortado en Sanidad durante años como si el bienestar no importase. Ahora, por su pensamiento capitalista, existen familias sin salud y sin dinero».

Cash que en esta sociedad se quiere conseguir sin esfuerzo, uno de los valores que se ha perdido en el mundo actual. Quizá por eso los sanitarios protestan de lo que se está viviendo y algunos dirigentes autonómicos prefieren confinar antes que tomar medidas efectivas para doblegar la curva sin hacer sufrir a la población.

Queremos lo fácil. «Les encerramos, y que se apañen», parecen decir entre ellos los expertos y algunos políticos. Olvidan las secuelas psicológicas del confinamiento anterior, de los efectos secundarios a nivel económico de echar el cierre a todo. Viven en su propia pompa de jabón que les aísla de la realidad de los demás. Como dijo el doctor Juan Luis Streegamann, diputado de Vox, a ver si los médicos y sanitarios pedirían el confinamiento si su sueldo dependiese de estar encerrados en casa o no. Aconsejan desde la posición cómoda que les aporta el tener un salario asegurado sin ser conscientes que la mayoría de los españoles no tienen esa gran “suerte”. 

Este mundo, esta situación, se aplacaría mejor con empatía. Si los sanitarios y científicos se pusieran en el lugar de los hosteleros y autónomos, seguramente no pedirían confinamientos, y si a los gobernantes les importase de verdad la ciudadanía, harían política en lugar de escurrir el bulto con soluciones sencillas a problemas complejos. 

A la realidad le sobra alarmismo y le falta sensatez. Está en tu mano sembrar cizaña o esperanza.

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