Peter Erdo, arzobispo de Budapest y relator del Sínodo / Imagen Youtube

El cardenal Peter Erdö ha sido muy claro en su discurso ante más de 270 obispos y ha dejado claro que “no existe fundamento” para establecer analogías entre las uniones homosexuales y “el diseño de Dios para la familia”.

El relator del Sínodo de la Familia, el cardenal y arzobispo de Budapest y presidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa, Peter Erdö, ha defendido este lunes una misericordia basada en la verdad que vaya más allá de la compasión.

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Durante su alocución ante más de 270 obispos provenientes de todo el mundo, decenas de expertos y auditores que se reúnen desde este lunes 5 de octubre en el Vaticano, Erdö ha subrayado que «la Iglesia debe convertirse y ser más viva, más personal, más comunitaria», al tiempo que ha reclamado una actitud de misericordia. «Hay que ser conscientes de que la misericordia más grande es decir la verdad con amor, vamos más allá de la compasión», ha pedido.

No a la comunión a los divorciados vueltos a casar

En esta línea, Erdö ha subrayado que las personas homosexuales deben ser acogidas «con respeto y delicadeza» porque la Iglesia debe respetar a cada persona «en su dignidad independientemente de su tendencia sexual». Sin embargo, ha precisado que «no existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios para la familia».

Por otro lado, ha recalcado que no es el «naufragio del primer matrimonio» lo que impide que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar sino «la convivencia en segunda relación».

Así, durante la lectura de la Relatio introductoria del Sínodo, en la que ha defendido la «indisolubilidad del matrimonio» y la actitud de misericordia hacia las familias heridas, Erdö ha explicado que la integración en la Iglesia de los divorciados vueltos a casar «puede hacerse de diversas formas», pero ha insistido en que el acceso al sacramento de la eucaristía no es posible para ellos.

En cambio, para Erdö las parejas separadas y divorciadas, pero que no se han vuelto a casar «deben ser ayudadas por la Iglesia en la vía de la reconciliación«. Asimismo, ha resaltado que la indisolubilidad del matrimonio se debe entender como un «don que ha sido entregado a las personas unidas en matrimonio».

Igualmente, ha insistido en que «la Iglesia reafirma el derecho a la muerte natural, evitando tanto el encarnizamiento terapéutico como la eutanasia» y ha defendido la vida humana en todas sus etapas. «Ante el drama del aborto, la Iglesia reafirma el carácter inviolable de la vida humana y acompaña a quien lo ha sufrido y sabe del error», ha explicado.

Por otro lado, ha señalado que el movimiento migratorio está disgregando a las familias y ha lamentado que «en no pocas partes del mundo hay gente que trabaja por un salario tan bajo que hace impensable crear una familia».

Además, ha criticado la sociedad consumista que separa sexualidad y procreación y ha señalado que esta es también una «causa» de la baja natalidad, aunque ha precisado que «el deseo de tener un hijo a toda costa no lleva a relaciones estables». En esta línea, ha comentado que «la crisis de la pareja desestabiliza la familia y debilita la relación intergeneracional».  «El verdadero amor implica la donación mutua. Así se integran la dimensión sexual y afectiva», ha indicado.

Por último, ha advertido de que hay «trabajos maravillosos como la educación de los hijos o la asistencia a los enfermos» que son raramente valoradas y ayudadas en la sociedad al tiempo que ha denunciado que el formalismo burocrático puede llegar a sofocar las sociedades, sobre todo desarrolladas.

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