Pablo Casado y Santiago Abascal.
Pablo Casado y Santiago Abascal.

Igual que pasa en el fútbol, el teatro o en cualquier otro espectáculo, es habitual que en una corrida de toros haya palmas y pitos. Cada aficionado tiene gustos diferentes y realiza diferentes apreciaciones del trabajo que el diestro hace sobre el albero. Así que no debería de extrañarnos de que la acogida que el discurso de Pablo Casado tuvo en la moción de censura presentada por VOX hace ya un par de semanas haya sido tan dispar.

Algunos votantes del PP han batido palmas enfervorizados por el discurso del líder de los populares. «Ya era hora»- he escuchado decir a alguno – «El PP estaba demasiado acobardado con VOX. Hacía falta darse un poco a valer».

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No es de extrañar que el discurso del líder del PP sea aplaudido por una parte importante de sus votantes. De hecho, otra cosa sería chocante. Pero llama la atención que el entusiasmo del joven dirigente del PP sea compartido, e incluso superado, por los votantes del resto de partidos desde Podemos al PSOE, pasando por Ciudadanos, Junts per Catalunya o el Partido Nacionalista Vasco.

Para otros ciudadanos, entre los que están la mayoría de los votantes de VOX y una parte de los votantes populares, Pablo Casado se excedió en su discurso contra Santiago Abascal, al que llegó a descalificar en el plano personal, acusándolo de haber militado en el PP durante 15 años para cobrar un sueldo e incluso de mancillar la memoria de las víctimas de ETA. Cualquiera que conozca la historia de la familia Abascal, y la forma en la que plantaron cara y se jugaron la vida durante los años más duros del terrorismo, se dará cuenta de lo injusta de esta descalificación.

Pero no es mi objetivo decir si Pablo Casado se equivocó o no en su discurso contra VOX. Si algo he aprendido sobre política durante estos últimos años es que el éxito o el fracaso de una estrategia política no se debe enjuiciar por las propias impresiones personales, pues los votantes actuales son muy diversos y es peligroso confundir el juicio propio con la percepción general del electorado.

Si escribo estas líneas es solo para desmentir, con datos objetivos, una de las afirmaciones realizadas por Pablo Casado: la de que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno porque Santiago Abascal se negó a retirar la candidatura de VOX de las provincias en las que tenía menos oportunidades de conseguir un escaño.

Aprovechando que en el puente de todos los Santos no nos han dejado salir de Madrid, me he tomado la molestia de sumar los votos del PP y VOX en las últimas elecciones generales y aplicar a la cantidad resultante la temible Ley D’Hondt.

Y no, Santiago Abascal no es el responsable de que Pablo Casado no sea presidente del gobierno.

Supongamos que VOX, tal y como insisten machaconamente los populares, no se hubiera presentado a las elecciones generales de noviembre de 2020. Y supongamos también que todos los votantes de VOX, al quedar huérfanos de partido, votasen masivamente al PP, sin que se produjese ni una sola deserción.

Pablo Casado y su lugarteniente Teodoro García Egea deberían cambiar de una vez su mensaje y dejar de quejarse de que otros partidos se presenten a las elecciones

Pues bien, en ese caso, la suma de votos PP – VOX hubiera obtenido siete escaños más, uno en cada una de las siguientes provincias: Huelva, Jaén, Huesca, Cuenca, Barcelona, Tarragona y Vitoria. Todos ellos a costa de la izquierda.

Siete escaños más que sumados a los 153 obtenidos por los partidos del centro y la derecha alcanzarían los 160, 15 escaños menos de los necesarios para evitar que Pedro Sánchez formase su gobierno Frankenstein.

Y eso suponiendo, y es mucho suponer, que esos votantes que abandonaron el PP descontentos por la gestión de la crisis catalana o la aceptación de todas las leyes ideológicas de ZP, no decidieran quedarse en su casa, votar nulo o dar su voto a otras opciones políticas más pintorescas. Por no hablar de los cientos de miles de votos de VOX que, según todos los institutos demoscópicos, no proceden del PP sino de otras fuerzas del arco parlamentario o, directamente, de la abstención.

Por eso Pablo Casado y su lugarteniente Teodoro García Egea deberían cambiar de una vez su mensaje y dejar de quejarse de que otros partidos se presenten a las elecciones. En vez de eso, deberían esforzarse más por hacer llegar su mensaje e Ilusionar a sus votantes.

Además, estaría bien que se esforzase por mantener puentes abiertos con los partidos que pueden apoyar la eventual investidura de un presidente del Partido Popular. Porque, les guste o no, VOX se seguirá presentando a las elecciones generales y lo hará en todas las provincias.

Con más motivo, si cabe, tras la agresividad mostrada por Pablo Casado en la pasada moción de censura.

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