La última vuelta de tuerca del feminismo: la violencia vicaria
La última vuelta de tuerca del feminismo: la violencia vicaria

Estoy preocupado, sinceramente. Evidentemente consigo conciliar el sueño por las noches, pero no tanto como Sánchez a pesar de gobernar con Podemos. Lo que me quita la tranquilidad es la escalada violenta o deshumanizadora que asola esta sociedad nuestra. Han aumentado un 30% las violaciones, la ciudad de Barcelona parece un frente de batalla en lugar de una gran urbe… Coexistimos en un mundo cada vez más feo.

Inquietud canalizada sobre todo en una escalada incívica que vulnera toda dignidad de las personas como si fueran meros amasijos de carne y huesos. Pérdida de la perspectiva sagrada del individuo que no es casualidad, sino causalidad. Como todo avance o movimiento, este tiene una causa y en consecuencia un efecto que hace desarrollarse a la circunstancia determinada. Hablan de feminismo, de igualdad, de un sinfín de palabras vacías de eficacia real en la vida de las mujeres. Al menos hoy. Si las olas que precedieron a la actual, dominada esta por unos tintes profundamente ideologizados, supusieron un verdadero cambio en la calidad de vida de las féminas, el de ahora, sin embargo, pretende vender consignas heterogéneas con nula repercusión práctica.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Pretenden solucionar las vejaciones contra la mujer con cursos de educación sexual, con consignas, manifiestos, tweets, eslóganes, emoticonos de WhatsApp… Un sinfín de parches posmodernos diseñados para decir mucho y hacer poco. Mientras nuestros hijos acuden por las mañanas a esos talleres aparentemente eficaces, por las noches con un golpe de clic tienen a su alcance un sinfín de contenido pornográfico en el que el hombre sodomiza a la mujer, utilizándola como un objeto de disfrute.

Se centran en prohibir la prostitución, cosa que defiendo, pero ignoran que para contratar a una prostituta necesitas billetes y en cambio, para consumir pornografía y mentalizarte de que las mujeres están a tu servicio tan solo requieres de conexión a internet. Es preocupante cómo la gente de las generaciones venideras y de la mía miran a las mujeres por la calle como si fueran una especie de vagina con piernas y boca. Solo piensan en meterla. Nada de extrañar teniendo en consideración que como destaca el psiquiatra Enrique Rojas en su libro Todo lo que tienes que saber sobre la vida, aproximadamente el 70% de los jóvenes consume pornografía. Enganche voyeur a presenciar relaciones sexuales ajenas que somete también a críos de doce años. ¿A sí cómo vamos a conseguir que las mujeres vayan borrachas y solas por la calle? Estamos enfermos, y si lo estamos es porque a la plutocracia le ha interesado dar cancha a una industria que mueve millones antes que la integridad de los ciudadanos. Esto es el mercado, amigo, que diría aquel. Vivimos en la era en la que importa más el dólar que lo humano.

Ciudadanía anestesiada víctima de un sistema fallido que deja vía libre a los hombres de mala voluntad y coarta la vida de los virtuosos. Ocurre porque hemos dejado que esto pase. La libertad es difícil de ganar y fácil de perder. En cuanto te descuidas algún tirano ya se ha hecho con la batuta y te hace pensar como él quiere que pienses. Estamos tan atolondrados que te encuentras escenas paradójicas viendo en las redes sociales a

mujeres compartir letras de canciones de C.Tangana, un machista redomado, o contemplas imágenes provocativas cosificándose a sí mismas a la par que consideran el burka de las musulmanas un signo de liberación. Para ser feminista no solo hace falta decirlo, también hay que practicarlo. Se es feminista reprendiendo al que te mira de una forma obscena, se es feminista censurando al que denigra a la mujer, se es feminista respetándose a uno mismo no mercadeando con tu cuerpo enseñando a la cámara las buenas curvas que tienes para que un gilipollas conduzca sus sucios pensamientos sobre ellas. Se es feminista, siéndolo, no diciéndolo. Mal vamos si las propias mujeres son las que a veces en lugar de feministas parecen aliadas que se adaptan a unas modas machistas en lugar de plantarse frente a ellas.

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