El derecho al aborto fue derogado en EEUU. ¡No hay nada irreversible!
El derecho al aborto fue derogado en EEUU. ¡No hay nada irreversible!

Según el borrador de la sentencia de la Corte Suprema de EEUU redactada por el juez Samuel Alito, cinco de sus miembros han decidido que Roe vs. Wade no va más. Casi medio siglo después de que esta infame decisión fuera impuesta por sus predecesores, la nueva mayoría conservadora va a devolver la decisión de legislar sobre el aborto a los estados.

Todo el mundo ha coincidido durante mucho tiempo que la decisión Roe vs. Wade «fue un grosero acto de tiranía judicial», como lo calificaba mi difunto amigo el juez Robert Bork. Inventaron un «derecho» al aborto de la nada, sin ningún fundamento sólido. La cuestión fue que los izquierdistas que empujaron el caso Roe vs. Wade supieron instalar tranquilamente a suficientes jueces de los suyos en la más alta y  prestigiosa instancia judicial de la tierra y así lograr una votación de 7 contra 2 a favor de una sentencia claramente inconstitucional.

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Pero ellos no habrían tenido éxito si no fuera por el descuido de varios presidentes republicanos. La historia de Harry Blackmun es una ilustración perfecta de esta desidia. Blackmun fue el juez que redactó la referida sentencia con una extrema pobreza de sustento jurídico. El presidente Richard Nixon siendo abiertamente provida, nominó a Blackmun a la Corte Suprema por consejo de senadores republicanos que le aseguraron que Blackmun era un «conservador». Cuando Roe vs. Wade ya era un hecho, Nixon se quejó de haber sido engañado. Y efectivamente así fue. Blackmun terminó convirtiéndose en uno de los jueces más izquierdistas en la historia de Estados Unidos.

La izquierda, sabiendo que la mayoría de los estadounidenses son culturalmente conservadores provida y pro-familia, ha operado durante un siglo en el entendimiento de que la forma más fácil de avanzar en su agenda es a través de los tribunales. Investigan cuidadosamente a sus candidatos, asegurándose de que son activistas judiciales comprometidos con su agenda radical. Y así fue como lograron subrepticiamente su mayoría inicial de 7 a 2.

Durante varias décadas, senadores republicanos moderados (algunos prefieren llamarlos RINOs – Republicans In Name Only, republicanos solo de nombre) se negaron a acatar la plataforma provida del Partido. Pero peor aún, RINOs como Susan Collins de Maine o Lisa Murkowski de Alaska abandonaron repetidamente las líneas del partido para votar incluso por los candidatos a la Corte más radicalmente pro-aborto presentados por Clinton y Obama, incluso cuando estos jueces nominados ni siquiera estaban calificados para el cargo.

Hasta hace poco, los presidentes supuestamente provida simplemente no buscaron retomar el control del sistema de tribunales federales con el mismo vigor que lo hicieron los izquierdistas. Ni pusieron una «prueba de fuego» provida a sus nominados, ni los presionaron sobre ese tema en absoluto. Simplemente se contentaron con aceptar las sosas promesas de que respetarían la Constitución de Estados Unidos.

Ciertamente los dos Bush, ambos republicanos y ambos al menos nominalmente pro-vida, si no fueron totalmente negligentes en sus nominaciones, puede decirse que no le pusieron mayor atención. A menudo trataron de evitar la controversia mediante la designación de supuestos «moderados» a la corte. De ese modo, camaleones como el juez David Souter, nominado por el primer Bush, rápidamente se unió al ala progresista de la corte. Y fue su hijo George quien puso al presidente John Roberts en la corte. Aunque antes de su nominación se nos aseguró que era provida, Roberts traicionó repetidamente a los no nacidos en los años posteriores, y ahora se informa que está preparado para hacerlo de nuevo: no se uniría a la mayoría en derrocar Roe vs. Wade.

En cuanto a los republicanos del Senado, ellos también han demostrado con demasiada frecuencia no estar dispuestos a dar batalla. Ningún candidato demócrata a las cortes federales, y mucho menos a la Corte Suprema, ha sido enfrentado por los republicanos con el mismo tipo de ataques personales viciosos que los demócratas rutinariamente desatan contra los nominados conservadores provida. Muchos recordarán lo que pasó cuando el presidente Reagan nominó al juez Robert Bork a la Corte Suprema. Fue tan brutalmente atacado por el Partido del Aborto que su apellido se convirtió en sinónimo de ser asesinado moralmente. Cuando el Senado no pudo confirmarlo, la gente dijo que él había sido «Borked». Intentaron las mismas tácticas con el juez Clarence Thomas un par de años después. Pero Thomas, con gracia y carácter, logró sobrevivir a los demócratas y su intento de «linchamiento de alta tecnología», como Thomas lo llamó, y a pesar de todo eso, ganó la confirmación.

Somos nosotros los que en última instancia hemos cambiado la composición de la Corte Suprema y nos hemos puesto a punto de obtener una victoria histórica. A pesar de sufrir decepción tras decepción, el movimiento provida jamás se rindió. Más y más grupos provida se organizaron a nivel estatal y local a medida que pasaban los años, y cientos de leyes que restringían el aborto fueron aprobadas por las legislaturas estatales y promulgadas como ley. La Marcha por la Vida en Washington, D.C. año tras año continuó atrayendo a más y más manifestantes y cada vez más jóvenes. Y rápidamente se convirtió en la mayor manifestación pública continua en la historia de EE.UU.

A medida que nos movilizamos y marchamos, empezamos a exigir que los autodeclarados políticos provida actuaran según sus promesas de campaña. Hicimos primarias y derrotamos a los RINOs que no estaban dispuestos a luchar por los no nacidos. Reescribimos la plataforma del Partido Republicano para ponerla directamente en relación directa a la causa de la vida. Y con el tiempo transformamos el Partido Republicano en el Partido de la Vida, pues en el momento de la aprobación de Roe vs. Wade estaba profundamente dividido en el tema del aborto. Y nunca, nunca, aceptamos la idea de que Roe vs. Wade era una «ley consagrada».

Creamos, en efecto, una prueba de fuego provida para cada oficina local, estatal y federal, incluso hasta la presidencia. Del presidente Reagan en adelante, ningún republicano podría esperar ganar la nominación de su partido para presidente sin convencer al movimiento provida de que él era realmente provida.

Por eso, cuando el presidente Trump anunció que se postularía para la nominación republicana, una de las primeras cosas que hizo fue acercarse al movimiento provida. Luego, en julio de 2016, invitó a varios cientos de nosotros a la ciudad de Nueva York para pedir nuestro apoyo, y para averiguar qué acciones esperaríamos que tomara en nombre de los no nacidos si fuera elegido presidente. En lo más alto de nuestra lista de prioridades provida, le dejamos claro que era nombrar jueces provida en las cortes federales y, si se presentaba la oportunidad, en la Corte Suprema. Ese día Trump nos aseguró que lo haría.

Y Trump mantuvo su palabra. Durante cuatro largos años nominó a cientos de jueces federales provida que estarán en la corte por décadas. La izquierda radical hizo todo lo posible para «bork» a muchos de sus nominados, pero fracasaron en casi todos los casos, en gran parte porque Trump no solo hizo excelentes elecciones, sino que las respaldó a muerte. Los ataques alcanzaron un crescendo y máxima tensión con el intento de destrucción personal de Brett Kavanaugh, pero Trump nunca vaciló.

Los nominados a la Corte Suprema de Trump, Neil Gorsuch, Amy Coney Barrett y Brett Kavanaugh, junto con los jueces Clarence Thomas y Samuel Alito, forman el grupo de los Cinco Magníficos que pronto darán a conocer su decisión histórica. No es casualidad que todos ellos sean católicos realmente comprometidos, que comprenden que cada niño es un don de Dios y que el aborto es un gran mal.

Ya hemos tenido una vista previa de la histeria que causará el fin de Roe vs. Wade en Estados Unidos. No es exagerado decir que, para muchos en la izquierda, el sacrificio de los niños por nacer es el equivalente funcional de un sacramento en su religión secular.

  • El sacrificio infantil es cómo las feministas radicales imaginan que se liberan del patriarcado y destruyen la familia. 
  • El sacrificio infantil es cómo los ambientalistas radicales redimen el planeta de los «eco-pecados» de la humanidad. 
  • El sacrificio de niños, junto con la eutanasia, es la forma en que los controladores radicales de la población tratan de despoblar el planeta.

Y ahora están a punto de perder Roe vs. Wade, una de sus armas principales en su guerra contra los no nacidos.

Este es momento para celebrar. Y para darse cuenta de lo que esto significa: Podemos vencer a la izquierda radical en este país y en todo el mundo, si nos organizamos y nos mantenemos enfocados. Podemos vencerlos en las urnas y en los tribunales. Podemos impedir que la izquierda robe las elecciones y garantizar la integridad de las elecciones. Podemos sacar la manía transgénero de nuestras escuelas públicas y despedir a los maestros izquierdistas que tratan de adoctrinar a nuestros hijos. Podemos detener la locura de la Critical Race Theory (Teoría Crítica de la Raza) que condena a la gente como racista debido al color de su piel.

La izquierda radical es el enemigo jurado del matrimonio, la familia, la libertad y la vida misma. Pero ahora, debido a nuestra gran victoria sobre Roe vs. Wade, sabemos que podemos vencerlos. Y lo haremos.

Steven W. Mosher es Presidente de Population Research Institute y autor de Bully of Asia: Why China’s Dream is the New Threat to World Order. 

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