* Por Enrique de Esteban

Pues ya tenemos lo que la mayoría más heterogénea que haya conocido nuestra democracia quería: a un presidente del Gobierno capaz de vender a su propia madre con tal de conservar la poltrona.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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A la izquierda radical, en unos cuantos ministerios; a los independentistas, que quieren el fin de España, batiendo palmas; a los hijos de ETA, dando su aquiescencia; y a una serie de partiduchos del tres al cuarto que, gracias a nuestra mierda de sistema electoral, tienen asiento en el hemiciclo del Congreso.

Allí donde a cuya entrada se encuentran inscritos los nombres, entre otros, de Palafox, Daoiz o Velarde, que en estos momentos tienen que estar revolviéndose en sus gloriosas tumbas viendo lo que se le viene encima a esta España por la que dieron sus vidas.

Los de derechas somos demócratas. Que, si no, esto se arreglaba a tiro limpio, que es lo que nuestra Historia y el cuerpo nos piden en este momento

Porque ahora, ya no se trata de que gobierne la derecha o la izquierda, sino de mantener la integridad del país que «representan» estos malparidos. Se trata de que a Pedrito, para estar los cuatro años de rigor en La Moncloa, le van a dejar el culo como un bebedero de patos. Pero él pensará que sarna con gusto no pica. Y ni siquiera le mortificará, que para eso ya estamos los demás, para hacer de Simón de Cirene con la cruz que nos ha caído en desgracia.

Además, y permitidme que siga con la metáfora bíblica, las ropas a expoliar por la caterva que le ha apoyado, no son las suyas, sino las nuestras. Esto, en román paladino, se llama ser puta y poner la cama (con perdón a las meretrices que no se merecen semejante comparación).

Porque esto, señores, es traición a la Patria: venderla por cuatro reales a las termitas que socavan los pilares de España. Y, mal que nos pese, eso es lo que somos todos: españoles. Y deberíamos dejar aparcadas las ideas políticas y hacer la de Fuenteovejuna.

Y lo va a perpetrar un fulano, cuyos mayores logros han sido ser expulsado de la secretaría general de su propio partido y sacar a Franco de su lugar de reposo. Ah, y ser doctor de no sé qué y no sé cómo. Luego, tendremos encima que aguantar las coñas de nuestros amigos progres con lo de «salir a airear las banderas». Pues sí, queridos, y porque, en contra de lo que pensáis, los de derechas somos demócratas. Que, si no, esto se arreglaba a tiro limpio, que es lo que nuestra Historia y el cuerpo nos piden en este momento.

Pero claro… en aquellos tiempos, teníamos un Imperio del que ahora se abomina; y los tercios, ante la vergüenza de ser tildados de cobardes, dejaban de lado el motín por no percibir sus soldadas, pateaban el culo a sus enemigos por Dios, el Rey y España y, una vez cumplido su deber, retomaban su «huelga». Pero en aquella palabra radica todo: vergüenza. Esa que nuestros politicastros de hoy no conocen ni por el forro.

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