El oso Voytek fue un héroe de guerra que acabó sus días descansando en un zoo.
El oso Voytek fue un héroe de guerra que acabó sus días descansando en un zoo.

El zoo de Edimburgo es el único del mundo que llegó a tener de huésped a un militar. Se trata de Voytek, el único oso de la historia con rango militar -suboficial de artillería; así, como suena- cuyas andanzas le hicieron tan famoso como querido. La historia merece la pena, y más ahora, que todos estamos de “huéspedes” en nuestras casas.

El uso de animales en conflictos militares no es nuevo. De hecho, en Inglaterra se les reconocen sus méritos con la medalla Dickin, una condecoración que premia a los animales que se han distinguido de alguna manera en hazañas bélicas. Ya en el siglo IV, había monos el la India especialmente adiestrados para llevar artefactos incendiarios contra fortificaciones enemigas.

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Más curioso es, en cambio, el experimento que intentaron llevar a cabo en Estados Unidos a principios de los años 40: colocar diminutas cargas de napalm a una bandada de murciélagos y soltarla en Japón. No pudo ser: los animalitos en cuestión se fugaron, arrasando a su paso un hangar en Nuevo México.

Tampoco tuvo mucho éxito la idea de situar loros amaestrados en la torre Eiffel durante la Primera Guerra Mundial, para que avisaran con antelación de la llegada de aviones enemigos. Los loros hicieron lo que pudieron, pero claro, no se les podía exigir que distinguieran entre aeroplanos franceses o alemanes; cada vez que veían algo por los aires que les resultara extraño, montaban una escandalera de aúpa. Y hace apenas dos años, un Real Decreto “licenció” a las palomas mensajeras del Ejército español, pues las nuevas tecnologías hacían innecesarios sus servicios.

Lo que nadie podía imaginar era que Voytek acabaría por convertirse en todo un héroe

La historia de Voytek, en cambio, es mucho más pintoresca. Durante una misión de reconocimiento en los montes Zagros -Irán- durante la II Guerra Mundial, miembros de la 22ª Compañía de Transporte del Ejército Polaco encontraron una cría de oso. Muy pronto, Voytek se convirtió en la mascota de la compañía. Era uno más de la tropa y, como tal, tenía hábitos de soldado: saludaba militarmente, y le gustaban tanto el vodka como los cigarrillos. Lo que nadie podía imaginar era que Voytek acabaría por convertirse en todo un héroe.

Fue cuando el cuerpo de ejército polaco al que pertenecía fue destacado a Italia, bajo mando británico. Ocurría que los británicos no admitían mascotas, por lo que los polacos, ni cortos ni perezosos, decidieron movilizar a Voytek con placa y rango: suboficial de artillería. Sus servicios fueron especialmente meritorios en la batalla de Montecasino, cargando con pesados obuses de artillería y moviéndose sin problema alguno por las escarpadas rocas de la zona. Tan es así que el emblema del regimiento es aún hoy un oso cargado con obuses.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial, Voytek “pasó a la reserva” en el zoológico de Edimburgo. Sus primeros tiempos allí, pese al cariño de cuidadores y visitantes, fueron muy duros, ya que echaba de menos a sus “camaradas” polacos. Algunos de ellos fueron regularmente a visitarle, llevándole siempre cigarrillos y vodka de tapadillo. La alegría de Voytek al reconocerlos era enorme; eso sí, no olvidaba su pasado castrense, ya que siempre les saludaba como es debido. Murió en 1963, y aún hoy su recuerdo sigue vivo tanto en Edimburgo como en Polonia.

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