Juan Carlos I, rey emérito de España.
Juan Carlos I, rey emérito de España.

Día tras día se suceden las noticias sobre la fortuna oculta de Juan Carlos de Borbón y Borbón y su tren de vida. Comisiones por la construcción de la línea de alta velocidad a La Meca, cuentas ocultas en Suiza, fundaciones, una amante-comisionista…

En el mundo desaparece el rastro de docenas de miles de millones de dólares, euros, yuanes, francos, yenes, pero, por un lado, el Poder quiere despojarnos del dinero en metálico para acabar con la corrupción y, por otro lado, los sesenta y cinco millones de euros regalados por Juan Carlos a Corinna brillan como fuegos artificiales en un mar de dinero negro. Raro, ¿verdad?

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Lo primero que a uno le viene a la mente es el adagio latino sic transit gloria mundi. Juan Carlos ha vivido durante décadas rodeado de aduladores que nos transmitían a los españoles que teníamos un rey que no nos merecíamos. Simpático, campechano, patriota, sacrificado, católico, trabajador, demócrata, deportista, políglota, elegante… Hasta José Luis Rodríguez Zapatero le llamó “republicano”. El único elogio que ha faltado en la lista es el de inteligente. Quizás porque hasta las fábulas deben mantener una credibilidad mínima.

La monarquía de Juan Carlos decidió que la manera de asentarse era pactar con la izquierda a costa de la derecha

Y de pronto, un escopetazo a un elefante fue como el crujido que suena por la noche, mientras dormimos, y nos acerca al despertar.

Los mismos políticos y periodistas que durante años dirigieron los coros de aplausos a Juan Carlos y de silbidos a quienes señalaban la oscura fortuna real, ahora encabezan el linchamiento.

Una de esas momias del periodismo que lleva desde la Transición creando la opinión que le demandan quienes le pagan ha escrito este tuit: “Desde hace muchos años, Juan Carlos figuró en Forbes como una de las primeras fortunas del mundo. ¿Nadie sintió inquietud ni curiosidad entonces? ¿Por qué se corrió un tupido velo?”.

¿Por qué no lo hizo usted, señor periodista? Ah, claro, porque habría desaparecido de las tertulias y de las columnas.

Es innegable que el ex rey se llevaba mejor con Felipe González y Zapatero que con Aznar, Suárez y Fraga

Juan Luis Cebrián dijo (El futuro no es lo que era) que él apoyaba a la Monarquía porque no quería tener a José María Aznar de presidente de la república. Y Pedro J. Ramírez publicó una encuesta en 2008 según la cual la mayoría de los españoles estaba encantada con el rey. Tanta propaganda dio como resultado que en un programa de televisión la audiencia escogiese al rey Juan Carlos I como el español más grande la historia. Entonces, los republicanos eran de derechas y, por tanto, malísimos.

La caída de Juan Carlos me recuerda a esas frases del Evangelio de San Mateo: “No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban”.

Aparte de las reflexiones espirituales, este asunto me provoca otras, de carácter histórico.

Varios de los mismos periodistas que defendían a Juan Carlos y atacaban a sus críticos, ahora encabezan su linchamiento

La Monarquía de Juan Carlos, sucesor del general Franco a título de rey, se hizo de izquierdas para asentarse. Según los genios quienes diseñaron esta estrategia, la derecha nunca se convertiría en republicana por el recuerdo de las dos repúblicas que padecimos, por lo que la Corona podría incluso no darle nada y quitárselo todo; y a la izquierda se le olvidarían sus anhelos republicanos mientras tuviera despachos y coches oficiales. Así, pensaban los cortesanos, la Corona estaría segura.

Por eso se decía que en España no había monárquicos, sino juancarlistas, muchos de ellos de izquierdas.

De la misma forma que no eran un secreto ignorado la fortuna y las amantes de Juan Carlos, tampoco lo era que éste se sentía mucho más a gusto con presidentes de gobierno socialistas, como González y Zapatero, que con presidentes como Suárez y Aznar.

También Alfonso XIII prefería gobernar con el Partido Liberal de los apolillados Moret y Romanones, herederos de los que derrocaron a Isabel II en 1868, que con el conservador y monárquico convencido Antonio Maura. Entonces al Partido Liberal se le denominaba ‘izquierda dinástica’. El PSOE ha sido la ‘izquierda dinástica’ del reinado de Juan Carlos.

La sociedad entre la Monarquía y el PSOE parece rota. ¿Aprenderá la Corona que no puede confiar en la izquierda?

Pero la alianza entre Monarquía y PSOE parece rota. Por los motivos que sean: una nueva generación que no debe nada a Juan Carlos, la deslegitimación de la Monarquía por la ‘memoria histórica’ (ley que promulgó Juan Carlos), una educación sesgada, el aplebeyamiento de la Corona, la ambición incontenible de Pedro y Pablo, y, por supuesto, los escándalos. Las élites no pueden seguir robando ni exhibiendo sus riquezas impunemente ante el empobrecimiento de las clases medias en todo Occidente.

Otro factor que sin duda influye en la disolución (quizás temporal) de esta sociedad es la pretensión de los socialistas de esconder los robos propios detrás de los ajenos. El partido de los casi 700 millones de los ERE, de Filesa y Malesa, del caso Marea, de Luis Roldán, de Flick, de las mascarillas compradas a través de paraísos fiscales… Ya nadie habla de la fortuna de un pinturero socialista manchego ni se pregunta por las contraprestaciones que tal vez reciba Zapatero de la dictadura venezolana.

Llama la atención que TVE y la prensa izquierdista cubran las noticias sobre los millones de Suiza a nombre de Juan Carlos y en cambio no den nada sobre el robo de la tarjeta de teléfono de Dina Bousselham, su aparición en poder de Pablo Iglesias y la presencia del comisario Villarejo en este asunto.

Si es cierto que quien se acuesta con niños se despierta mojado, quien se va a la cama con izquierdistas se levanta desnudo. Ojalá aprendan la lección en Palacio.

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