Fernando simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias.
Fernando simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias.

Preparémonos para el retorno de los brujos.

No, no van a regresar los chamanes, las brujas o los druidas, aunque en muchos Estados ya se les equipara a los sacerdotes cristianos en cuanto a exenciones fiscales y uso del espacio público. Pero vamos a entrar en uno de esos períodos posteriores a las catástrofes en que las instituciones, todas ellas, pierden la legitimidad ante los pueblos, los gobernados o, como se decía antes, los ‘sencillos’.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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El gobierno de los mejores, de los que saben, reciban el nombre de filósofos, de intelectuales, o de tecnócratas, ha sido una de las propuestas de los pensadores y los ricos, desde Platón hasta Bill Gates, porque sin ellos mismos se colocaban en el lado de los sabios. Cuando se ha aplicado, los resultados han sido –vamos a dejarlo ahí- decepcionantes. Kennedy formó un gobierno con los que se apodaron “los mejores y los más brillantes”, y esos ‘cabezas de huevo’ enfangaron a EEUU en la guerra de Vietnam. Más de 500.000 militares, no tan brillantes como los civiles que se reunían en la Casa Blanca, había en el sudeste asiático en el año de 1968, cuando Nixon venció en las elecciones.

Ahora  se llaman ‘los expertos’ y los encontramos en cátedras universitarias, bancos de inversión, agencias estatales y organizaciones mundiales.

Después de contar los muertos, ¿quién hará caso a los ‘expertos’ que nos avisaban de que la contaminación mata, pero no vieron el peligro del coronavirus?

Son el ejército fantasma del Poder. El pueblo no cree ni respeta a los políticos que, paradójicamente, ha elegido, por lo que éstos, cuando tienen que incumplir sus promesas, como subir los impuestos en vez de bajarlos, invocan a los expertos. Son como las fuentes de las exclusivas de los periódicos, los clientes preferenciales del Banco Popular o las brujas de Macbeth: entes inasibles.

El doctor Henry Kissinger acaba de confirmar lo que escribimos aquí hace tres semanas: la globalización se tambalea. Y no es lo único. Siempre que la humanidad ha padecido una catástrofe los que mandaban han sido derribados  o han perdido sus cabezas. Como ahora somos más civilizados, o más decadentes, les espera una tranquila jubilación.

Ocurrió en Europa el siglo XIV, después de la Peste Negra; en el siglo XVII, debido a la Pequeña Edad de Hielo; en el siglo XVIII a causa del terremoto de Lisboa; en el siglo XX, tras la Primera Guerra Mundial. Revueltas, guerras, nuevas formas de religiosidad, nuevos líderes… En China cayó la dinastía Ming y le sustituyó la Qing, y en Inglaterra, por primera vez en Europa, unos republicanos ejecutaron a un rey. Hace un siglo se hundió la idea del Progreso, con mayúsculas, esa palabra que se encontraba en las novelas y los periódicos decimonónicos, e irrumpieron movimientos como los fascismos y el comunismo, una de cuyas definiciones puede ser la de venganza de las clases medias y bajas contra las elites.

Cada vez que se ha producido una catástrofe, las instituciones y lo establecido se han derrumbado. Ahora no será diferente

La clase de expertos que se estableció en los años 60 ya estaba muy desprestigiada entre nosotros. Un adivino tiene que acertar en alguno de sus pronósticos, aunque no sea en todos, pero es que los expertos fabricados en universidades y la ONU no han dado una. No eran como el que gritó “¡Cuídate, César, de los idus de marzo!”, que no necesitó hacer nada más en su vida.

Han fallado desde que avisaran a través del Club de Roma que nos dirigíamos a la extinción si no hacíamos lo que ellos mandaban. En 1988, Noel Brown afirmó, como director del programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas, que las islas Maldivas quedarían sumergidas debido al calentamiento global antes de 2020.

Tanta influencia habían perdido los calentólogos que sus patronos han tenido que recurrir al truco desesperado de sacar una niña enferma para tratar de que las lágrimas de pena aneguen los argumentos y los datos.

La banda de los expertos médicos ha apoyado el discurso del Gobierno de Sánchez y sus tertulianos de que ‘esto’ no pasaba de ser una gripe

Por obra del coronavirus 19 ahora van a caer los expertos sanitarios. Desde luego, uno será Fernando Simón, el patético epidemiólogo que nos aseguró que en España habría, como mucho, “uno o dos contagiados”, afirmó que la gente podía asistir sin miedo ni precauciones a las manifestaciones feministas del 8 de marzo y sentenció que “no tiene sentido que los ciudadanos sanos usen mascarilla”.

Pero también muchos más. Por ejemplo, Ángel Gil de Miguel, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos, que declaró (27-2-2020): “la magnitud del problema, tal y como lo vemos hoy por hoy, no será diferente de una gripe convencional. No va más allá y la gente no tiene que agobiarse ni preocuparse más” y “tenemos un sistema sanitario robusto que puede asumir una situación como esta sin ningún problema”. Y lo hizo dos días después de que la OMS advirtiese al mundo de que se preparase para una potencial pandemia”

Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic, se echaba las manos a la cabeza, porque “Es una locura, con el coronavirus se están montando unas bolas espectaculares” (16-2-2020). Su visión le ha llevado a formar parte de un comité científico formado por Pedro Sánchez ya a mediados de marzo. ¿Pero qué van a aconsejar sobre una pandemia los mismos cretinos con diplomas y dietas que antes eran ‘negacionistas’?

El mismo Gobierno se prepara para descargar las culpas de sus mentiras en los ‘expertos’ que aceptaron asesorarle

Y una tal doctora María Neira, colocada en la OMS desde 1993, dijo en una entrevista publicada el 14 de marzo, el mismo día que Sánchez nos anunciaba la proclamación del estado de alarma, para reñirnos: “El pánico ha generado una situación irracional con el coronavirus”.

El fascista eres tú. El violador eres tú. El racista eres tú. El irracional eres tú.

Y todos éstos siguen en sus puestos, sin musitar siquiera una disculpa. Soberbio como un demonio, Fernando Grande Marlaska dijo: “no tengo ninguna razón para arrepentirme de nada ni este Gobierno tiene ningún motivo para arrepentirse de nada”. Pero él es un político progresista, de esos a los que se les juzga sólo por sus intenciones, no por sus hechos. Por el contrario, se supone que los expertos médicos recopilan datos y hacen análisis en beneficio de la salud de los demás seres humanos. Si resulta que no es así, ¿en qué se diferencian de un tuitero que cumple las instrucciones de su partido?

En el grupo de los ‘negacionistas’, junto a los anti-vacunas, hay que colocar a los expertos que dijeron que “mata más el miedo que el virus”

Cuando se cuenten los muertos, ¿quién hará caso a partir de entonces a todos estos expertos que nos avisaban de que la contaminación mata pero no vieron el peligro del coronavirus?, ¿de qué han servido las agencias, los programas públicos, los protocolos y los congresos? Y no sólo los hechos los condenarán, sino también las excusas de este Gobierno, cuyos miembros aseguran, como disculpa, que ellos se limitaron a obedecer las directrices de sus científicos, sean académicos o Leyre Pajín.

Esta casta médica va a caer a la bajura de los catedráticos de sociología que callan ante las barbaridades que perpetra José Félix Tezanos con el CIS. ¿Callan porque esperan un chollito del organismo? La consecuencia es la pérdida de toda autoridad.

Por supuesto no va a desaparecer la ciencia, Dios nos ampare. Existe gracias al cristianismo. Pero quienes se presentan como sus sacerdotes para gobernarnos en su nombre se van a quedar sin audiencia.

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