El ministro de Sanidad, Salvador Illa y el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. /EFE
El ministro de Sanidad, Salvador Illa y el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. /EFE

Presumen de la verdad pero nos engañan; lo llaman amor cuando se trata de otra cosa y la ciencia… lo de la ciencia es de chiste. Salvador Illa, el ministro filósofo, la ha usado como coartada para imponer el cierre de Madrid y frenar un poco más a la locomotora económica de España. Le dijo a la presidenta Ayuso que escuchara más a la ciencia para “proteger la salud de los ciudadanos”. 

Que esto lo diga el ministro Illa tiene delito. Porque si alguien no ha escuchado a la ciencia y no se ha preocupado por proteger la salud de los ciudadanos ha sido él. Como han señalado en un manifiesto 55 sociedades científicas: Ustedes los gobernantes “en salud mandan pero no saben”.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

Suscríbete ahora

La ciencia ya advirtió en enero de la gravedad del virus, y el Gobierno de Sánchez lo sabía, pero hizo caso omiso. Y no lo decimos nosotros, sino uno de sus ministros, Pedro Duque, (el de Ciencia precisamente).  Ya  el 31 de enero, el Gobierno había aceptado una recomendación de la OMS para promover medidas de «distanciamiento social» y contener la pandemia. Pero a pesar de ello no tomaron medidas hasta después de las manifestaciones feministas del 8-M

Después, Salvador Illa y el ínclito Fernando Simón descartaron el riesgo de contagio masivo; dijeron que no era necesaria la mascarilla y luego que sí; se sacaron de la manga un comité de expertos que, en realidad, no existía; y no fueron capaces de ofrecer la radiografía real de la pandemia al no contar los fallecidos con exactitud (superan los 53.000 pero ellos solo reconocen 32.086). 

¿Como exigen a nadie que escuche a la ciencia los que comenzaron diciendo que “No hay ninguna razón para alarmarse”, que el virus “está controlado”, que se trata de “una enfermedad de muy bajo nivel de transmisión” o que “tiene una letalidad que no es desdeñable, pero no es tan grave como parecía”?

“No es tan grave como parecía”… y sin embargo España ostenta el triste récord de ser  el país europeo en peor situación y el cuarto del mundo con más fallecidos por cien mil habitantes, según la Universidad Johns Hopkins. 

Contrasta la pachorra en reaccionar ante la primera ola de la pandemia con la prisa que se han dado para cerrar Madrid

Contrasta la pachorra en reaccionar ante la primera ola de la pandemia con la prisa con la que estos “protectores de la salud de los ciudadanos” han querido aplicar ahora draconianas medidas de confinamiento a la Comunidad de Madrid. Y tampoco en este caso han escuchado lo que dice la ciencia, ni han querido “leer” la realidad de lo que está pasando en Madrid.

Ahí están las cifras: 

La última semana se ha producido una bajada de un 24,6% de los contagios, han descendido los casos activos a niveles de junio, y las hospitalizaciones registran una tendencia a la baja, en tanto que las altas hospitalarias experimentan una curva ascendente. 

No ha hecho falta un ordenoymando del Consejo Interterritorial de Salud. Han bastado los confinamientos parciales por distritos, acordados por la Comunidad de Madrid para frenar la epidemia en la segunda mitad de septiembre. Apenas el 1’1% de los nuevos positivos ha precisado hospitalización. 

La prueba es que los hospitales de La Princesa y el Ramón y Cajal van a cerrar las plantas dedicadas a enfermos de Covid, tras la disminución de contagios de los últimos días.

La cuestión no es epidemiológica o de salud pública, sino política. Porque da la casualidad de que Madrid es un bastión pepero -y con el apoyo de Vox, lo cual debe doler más-. En tanto que Navarra -gobernada por socialistas y peneuvistas con apoyo de Podemos y Bildu- lleva siete días superando los contagios semanales de Madrid, y sin embargo Pamplona no se ha cerrado. ¿Por qué? Adivínenlo.

Como explica Vox en su solicitud de medidas cautelarísimas ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM): «Ni el acuerdo del Consejo Interritorial de Salud ni la Orden ministerial refieren en sus textos ningún estudio científico preciso que justifique la adopción de las medidas” Por lo que tienen toda la apariencia de ser medidas “más políticas que científicas». 

La ideología se impone a la ciencia, el relativismo a la verdad, y las contradicciones al rigor. No hay más que oír a hablar a ese pozo de la ciencia llamado Fernando Simón, capaz de decira cosa y la contraria sin pestañear, sumiendo en la confusión a los españoles. 

El coro de los doctores que diagnostican si un perro tiene la rabia… o no, es una divertida sátira que parece pensada para Fernando Simón 

Rebobinen ustedes todas sus comparecencias desde que comenzó la pandemia. Su nivel de rigor científico y de exactitud en los datos recuerdan a los facultativos de la zarzuela El rey que rabió (1891), de Ruperto Chapí. El coro de los doctores que diagnostican si un perro tiene la rabia es una divertida sátira que parece pensada para Fernando Simón. 

Vean: 

Juzgando por los síntomas
que tiene el animal
bien puede estar hidrófobo,
bien no lo puede estar,
y afirma el gran Hipócrates
que el perro en caso tal
suele ladrar muchísimo
o no suele ladrar.

Más adelante cantan los doctores:

Para hacer la prueba
que es más necesaria,
agua le pusimos
en una jofaina
y él se fue gruñendo
sin probar el agua.

Todos estos signos
pruebas son de rabia,
pero al mismo tiempo
signos son, tal vez,
de que el animalito
no tiene sed.

Y concluyen: 

Y de esta opinión nadie
nos sacará.
¡El perro está rabioso!
¡O no lo está!

“Cuando quiero saber las últimas noticias, leo el Apocalipsis” decía el novelista francés Leon Bloy. El consejo es del siglo XIX pero cobra plena actualidad en la época de los fake news y de las ruedas de prensa de Sánchez o Iglesias, porque lo que le espera a España tiene rasgos apocalípticos. 

Illa y Simón (los Laurel & Hardy del Gobierno) ni siquiera llegan a eso. Para interpretar lo que dicen más que leer el Apocalipsis lo que hay que hacer es escuchar El rey que rabió. 

Comentarios

Comentarios

Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.