El Instituto de Seguridad y Cultura, con la colaboración de la Fundación Villacisneros y la asociación Esteban de Garibay, ha iniciado un ciclo de cine sobre El terrorismo de ETA en la gran pantalla con el fin de divulgar a través de la difusión de películas y documentales la realidad del terrorismo de ETA y sus consecuencias; reivindicar el papel de las víctimas del terrorismo y de la reacción civil frente a la violencia terrorista; y, para generar conciencia sobre la importancia de la defensa de la democracia y de la ley frente al radicalismo. Sin duda, un ambicioso objetivo que no podemos por menos que compartir y agradecer que lo planteen.

A tal fin, han iniciado un ciclo de tres películas. La primera, ‘1980’, de carácter documental, de ese comprometido luchador por la causa de las víctimas que es su director Iñaki Arteta, fue proyectada el 30 de septiembre. Arteta intervino en el debate junto a José María Múgica -hijo del asesinado Fernando Múgica-.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

El pasado lunes 14 fue el turno de ‘El Lobo’, de Miguel Courtois, al que no pude asistir y me perdí el interesante debate posterior. El próximo lunes 28 de octubre será el turno de ‘Todos estamos invitados’ de Manuel Gutiérrez Aragón que, como las demás, será gratuita para los asistentes y en el mismo lugar de proyección: el auditorio de Mutua Madrileña, al que asistiremos Nicolás Redondo y yo mismo moderados por un viejo compañero buen conocedor del terrorismo, Carlos Urquijo.

Creo que se trata de una buena iniciativa que confío continué desarrollándose con el visionado y análisis de otras películas, extendiéndose además por muchos lugares de España. Pero yo no soy experto en cine, aunque como cualquier espectador tenga mis criterios y preferencias, por lo que modestamente puedo hablar del terrorismo de ETA en mi vida.

Realmente es difícil responder cómo en una sociedad rica, prospera, con futuro y calidad de vida como la nuestra se podía ejercer el inhumano terrorismo

Comenzaré, para ello, ubicándome en ‘1980’ en cuanto es puramente un documental que todavía no había visto en su integridad y al hacerlo me recordó una parte importante de mi vida, a muchos conocidos y compañeros, a muchos uniformados vilmente asesinados y nunca suficientemente reconocidos.

Me recordó la tensión existente, el miedo, la cobardía y, también, la enfermedad moral de una sociedad, mi sociedad. Ciertamente el documental de Arteta constituye todo un testimonio para no olvidar. Creo que en el debate posterior a la película, a diez años vista del último asesinato del terrorismo vasco, José María Múgica formuló una certera pregunta: ¿Cómo es posible que haya sucedido esto?

Y realmente es difícil responder cómo en una sociedad rica, prospera, con futuro y calidad de vida como la nuestra se podía ejercer el inhumano terrorismo, el matar al prójimo a traición con un tiro en la nuca o una bomba lapa en los bajos del coche.

Sin duda determinados prejuicios y manipulaciones, etnicismos supremacistas, pretensiones de obtener el mayor nivel de poder por la burguesía local, así como el apoyo de una parte de la Iglesia que, a semejanza de la teología de la liberación de los pobres y oprimidos, postulaban la teología de la liberación nacional territorial del País Vasco, incluso comprendiendo a quienes para ello hacían uso de la violencia, y otras circunstancias que pudiéramos señalar puedan ser una pequeña parte de la explicación, pero desde luego no toda la respuesta.

Si los probos ciudadanos hubieran actuado y Francia no hubiera dado cobijo, protección y legitimidad política a los terroristas, en el llamado santuario francés, ETA hubiera desaparecido hace muchos años

La acertada pregunta de José María me recordaba a la discutible banalización del mal de Hanna Arendt que resultó criticada cuando manifestó que al ver los juicios de Nuremberg, especialmente en el juicio a Eichmann en Israel, se encontró con que los monstruos delirantes y asesinos nazis eran hombres corrientes y molientes, padres de familia, que obedecían ordenes o aplicaban una ley aparentemente democrática.

Ciertamente tampoco los terroristas etarras tienen ni rabo ni cuernos, pero son asesinos e imponen los silencios de quienes -todos honorables- podían haber hablado y actuado y no lo hicieron por miedo, comodidad o interés; incluso, en ocasiones, encubriendo el asesinato con el manido algo habrá hecho.

Desde luego si los probos ciudadanos hubieran actuado y Francia no hubiera dado, durante tantos años, cobijo, protección y legitimidad política a los terroristas, en el llamado santuario francés, ETA hubiera desaparecido hace muchos años y el mal irreparable causado hubiera sido claramente menor. Como decía hace unos momentos me parece que la sociedad vasca padece de un mal moral una de cuyas mayores expresiones lo constituye el nacionalismo. Esperemos que este mal moral y sus consecuencias no sean el próximo futuro de Cataluña, ojalá el seny finalmente prevalezca, pese a que los actos violentos y programados de estos días post-sentencia no hagan concebir excesivas esperanzas.

En definitiva, “1980” me requirió a no olvidar cuando el olvido, tras tantos años de terror y presión, puede ser una tentación escapista. En segundo término, a recordar que hay cientos de familias que desconocen al autor del asesinato o atentado de sus seres queridos; sin duda debe hacerse un esfuerzo por la sociedad, especialmente por la policía judicial y por los tribunales, y plantearse una seria exigencia de colaboración a los terroristas etarras. En tercer lugar, que nuestra democracia debe mantener viva la memoria de los muertos, heridos, de los sometidos y de los exiliados por razón de su reconocimiento, no por venganza sino por justicia; también por evitar que en el futuro se reproduzcan estos delitos y tragedias. No cabe admitir aquí un sentido laxo de la libertad de expresión a aquellos que homenajean a los etarras excarcelados buscando, con ello, el blanqueo del terrorismo y simultáneamente el absoluto desprecio a las víctimas y sus familiares. En cuarto lugar, debemos reconocer que no todas las ideas ni ideologías son buenas: el nacionalismo con su visión totalitaria y excluyente del diferente resulta claramente rechazable, moralmente inaceptable, y, en muchas ocasiones, origen y causa de quienes luego pretenden imponerlas por la fuerza y el terror.

La próxima película, ‘Todos estamos invitados’, se desarrolla en mi ciudad, San Sebastián, donde nací, crecí, tengo a la mayoría de mi familia, trabajé y representé a decenas de miles de ciudadanos en las Juntas Generales de Guipúzcoa y en el Congreso de los Diputados durante muchos años (honor que sinceramente agradezco a todos aquellos vascos, no nacionalistas, que depositaron su confianza en mi partido y, en alguna medida, en mi mismo).

Casi un cuarto de siglo escoltado por la Policía, también por escoltas privados, que se jugaron su vida por preservar la mía. Ciudad y vivencias que describe la película mostrando una realidad que debería ser irreal: el terror, el silencio y la claudicación de muchos ante él. Este día compartiré dialogo con un hombre honesto y político de lujo (de los que cree en el bien común, el orden constitucional y las cuestiones de estado): Nicolás Redondo. Allí estaremos para quien quiera ver la película y poder comentar con ustedes la realidad que describe.

Gracias al Instituto de Seguridad y Cultura y a las entidades colaboradoras, quienes han hecho posible este ciclo inicial del terrorismo de ETA ante la gran pantalla. Nuestro ánimo y apoyo para que continúen con este importante trabajo de recuperación de la memoria y, con ello, de evitación de que lo que ahora se llama el relato lo escriban por y para su causa quienes fueron y son criminales. Y ahora, blanqueando el pasado -con colaboraciones hasta hace poco impensables- quieren pasar a ser las víctimas de la historia; ser unos auténticos héroes en su imaginario nacionalista que conseguir, además, legitimarlo. Ciclos como éste contribuyen a que esto no sea así y prevalezca finalmente la verdad.

Comentarios

Comentarios