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Vivimos días difíciles. Los especialistas en mi país, Perú, anticipan que la pandemia quizás provoque el daño económico más grande de la historia republicana. Y no será el de mayor impacto negativo en la región. La crisis económica mundial se asemejará a la Gran Depresión de 1929 y afectará fuertemente a nuestras pequeñas economías dependientes de lo que pasa en el mundo. Aún sin un solo caso de coronavirus, la situación hubiera sido muy difícil.

Lamentablemente, a este golpe externo habrá que sumarle el impacto interno de la pandemia. Nuestros países se han enfocado en férreas políticas de cuarentena, ciertamente tardías y muy prolongadas, que podrían ser muy eficaces para controlar el COVID19 en esta fase pero también son súper recesivas. Y el remedio podría ser peor que la enfermedad.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Hace algunos días, Agustín Laje nos ponía por delante ese dilema. “Hay gente que si no trabaja, sencillamente no come. Quince días encerrados, para una inmensa cantidad de personas, más que una política de salud es una política de hambre e inanición. ¿Y qué tal un mes, dos meses, tres meses de encierro? Política de muerte. Así de simple. Por eso, el encierro total no puede ser más que una política de cortísimo plazo, porque su contrapartida se llama guerra civil”. Solo basta ver cómo Italia ya presenta saqueos y violencia en las calles producto de ello.

Quizás los latinoamericanos podremos hacer poca diferencia en la crisis mundial pero sí podemos hacer mucho por lo que pase en cada uno de nuestros países.

En los últimos días, muchos comentan que «no es momento para criticar al presidente o al ministro de Salud por lo que están haciendo con la pandemia del #Coronavirus. Hay que dejarlos trabajar”.

Pero… ¿Y si no están haciendo lo adecuado o lo suficiente? Y si algunas autoridades se están aprovechando del pánico y la vulnerabilidad generalizada, ¿debemos quedarnos callados? ¿Acaso algunos gobernantes que frecuente y sistemáticamente venían afectando el bien común de pronto y con la pandemia se volvieron merecedores de firmarles un cheque en blanco?

Pues, definitivamente no.

Los noticieros ya no son otra cosa que reality shows de condenables infractores y dignos ciudadanos patriotas que siguen las órdenes presidenciales. Héroes y villanos de una “narrativa del encierro”

En enero, la OMS lanzó una alerta sobre el peligro del COVID 19 con las recomendaciones para capacitar personal, equipar establecimientos de salud y consultar sobre el historial de viajes. Y fue totalmente ignorada.   

Lo que ha pasado en Perú quizás no sea muy lejos del promedio de lo que pasa en el resto de países de América Latina. Mientras la prensa oficialista presenta el aislamiento como gran labor del gobierno, ocultan como pueden las tremendas deficiencias en “detección temprana” y “equipamiento de establecimientos de salud”.

Sólo un par de ejemplos. El primer caso de COVID19 se anunció el 6 de marzo y solo teníamos un stock de 10.000 pruebas. Otra reciente denuncia periodística daba cuenta de la venta de mascarillas tipo N95 hecha por empresas peruanas a China, Hong Kong y EE. UU. a un valor unitario de 1 dólar aproximadamente, mientras el gobierno compró el mismo tipo de mascarillas a 5 dólares cada una.

Sin embargo, los medios de comunicación (dependientes de la publicidad estatal para seguir subsistiendo) presentarán la cuarentena como la gran virtud del presidente y de sus ministros. Trasladarán toda responsabilidad de las penurias de la nación, presentes y futuras, a los infractores de la cuarentena y callan de cualquier crítica al gobierno y de la gran crisis económica que se avecina post pandemia. Los noticieros ya no son otra cosa que reality shows de condenables infractores y dignos ciudadanos patriotas que siguen las órdenes presidenciales. Héroes y villanos de una “narrativa del encierro”.

La casa se incendia y hay que salvar lo que se pueda. Pero no a cualquier precio ni de cualquier manera porque después del incendio, la vida sigue

Debemos enfocarnos todos en enfrentar la crisis generada por el COVID y sus consecuencias. No queremos que las vidas de nuestros adultos mayores sean descartadas cómo ha pasado en Italia por falta de respiradores, pero tampoco queremos que el nivel de pobreza extrema sea mayor porque eso se llevará vidas también.

La casa se incendia y hay que salvar lo que se pueda. Pero no a cualquier precio ni de cualquier manera porque después del incendio, la vida sigue. En ninguna circunstancia, el fin justifica los medios. Es obvio que en el punto donde estamos no hay soluciones ideales pero nunca dejando de lado el respeto al derecho a la vida de cada ser humano. 

El #YoMeQuedoEnCasa no debe estar reñido con el #YoExijoHonestidad ni con el #YoPidoEficiencia. Si soy crítico con el infractor de la cuarentena, ¿debo mirar para otro lado cuando en plena crisis veo que un presidente o ministro usa la pandemia para favorecer su carrera política, tapar sus corruptelas o favorecer agendas particulares?

Pues, de ninguna manera. La seriedad exige lo contrario.

Si normalmente un presidente o ministro debe rendir cuentas a la población pues es un funcionario público que gana un buen sueldo de nuestros impuestos, ahora también los ciudadanos pueden y deben exigir seriedad. Mucho más porque estamos en una situación grave. Con la pandemia actual, cada error cuesta vidas de personas.

Callarse es la manera más efectiva de fomentar la corrupción y la ineptitud en medio de tanta necesidad. Nos hace cómplices.

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Director de la Oficina para América Latina del Population Research Institute con dedicación a tiempo completo al desarrollo de herramientas de participación política en RELEASE, división de Population Research Institute, con consultorías y cursos de entrenamiento a más de 100 organizaciones pro vida y pro familia en 18 países de América Latina, España y Norteamérica. Coautor del libro 'Análisis de Escenario con Mentalidad de Ajedrecista' (2012) y 'Que no decidan por ti. Todos pueden hacer política en la era de la posverdad' (en prensa).