Pedro Sánchez, durante su primera comparecencia sobre la epidemia de coronavirus /EFE
Pedro Sánchez, durante su primera comparecencia sobre la epidemia de coronavirus /EFE

La epidemia causada por el coronavirus 19 parece que va a poner en aprietos a la globalización. ¿Dónde queda la ventaja de deslocalizar los centros de producción en el quinto pino, con la excusa de que así se reducen los costes laborales, porque el transporte es baratísimo, si un imprevisto rompe las cadenas de distribución? Los empresarios y ejecutivos tan listos ellos que cerraron fábricas en Europa para llevarlos a China o India ahora se encuentran con sus almacenes vacíos.

Lo mismo ocurre con los medicamentos. El 80% de los fabricantes de este sector está en Asia. Si en China se descubriese la vacuna, los comunistas primero la usarían para su población y después, si quedase, nos la venderían a nosotros como si fuera oro molido.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Hemos olvidados las viejas lecciones. Cuando EEUU entró en la Segunda Guerra Mundial, estableció un formidable sistema de construcción y logística. En vez de mantener todas las fábricas y astilleros en los Grandes Lagos y la costa del Atlántico, trasladó muchas de ellas a la costa del Pacífico, de modo que los buques para la Armada no tenían que atravesar el canal de Panamá y los suministros hacían viajes más cortos.

La epidemia de coronavirus pone a la globalización en apuros: demuestra el error de trasladar las fábricas de España y Francia a China

Los ideólogos de la globalización, como Fareed Zakaria, están volcados en mantener en marcha el negocio y califican las propuestas de cerrar las fronteras y controlar los viajes como ideas sinsentido salidas de las mentes delirantes de la derecha populista.

En el ámbito español, está quedando al desnudo la incompetencia del Gobierno de izquierdas y el sectarismo de la Prensa de Kalidá, imparable fabricante de ‘fake news’.

Durante semanas, la consigna oficial era la de “no pasa nada”. Lorenzo Milá aparecía en RTVE, la de todos y todas, riñendo a los que se preocupaban por la expansión del coronavirus en Italia. El diputado podemita Pablo Echenique, funcionario del CSIC, abroncó incluso a “la extrema derecha” por pedir el cierre de fronteras. ¡Qué casualidad! Lo mismo que los ideólogos del capitalismo más desaforado.

El Gobierno animó a sus ‘fans’ a acudir a las manifestaciones del 8-M, aunque el riesgo de contagio era alto.

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Fernando Simón, otro funcionario y científico, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, afirmó el 31 de enero que en España no íbamos a tener “más allá de algún caso diagnosticado” y que “podemos decir que esta enfermedad sigue sin ser excesivamente transmisible”. En consecuencia, el Gobierno no tomó ninguna medida seria para impedir la extensión de la enfermedad.

Cuando escribo esta columna, a las seis semanas de las palabras de Simón, hay 1.500 contagiados, una treintena de muertos y pánico.

En un caso de irresponsabilidad penal y política, el Gobierno animó la asistencia a las manifestaciones feministas del 8 de marzo, para movilizar a su base electoral y atacar a la oposición.

En línea con Sánchez e Iglesias, Simón no permitió que la prudencia estropease la fiesta: “Si mi hijo me pregunta si puede ir a la manifestación del 8-M le diré que haga lo que quiera”. Perfecto. La guía de la sociedad de Gran Hermano: hago lo que quiero. Todos los militantes de izquierdas a las calles a gritar “¡Hasta las tetas de hacerte las croquetas!” y a insultar a los católicos y a las mujeres de Ciudadanos

Entre la multitud, había taradas que decían que la violencia machista mata más que el corona virus y hasta un ‘aliado feminista’ que aseguraba que el virus no existía.

Una vez celebrado el 8M (por fortuna con menos asistencia que otros años), entonces sí sonaron las alarmas y se pasó del “todo está bajo control” al “¡huid, insensatos!”.

Durante semanas, el Gobierno socialista no ha tomado medidas, desde la obtención de mascarilla a la cancelación de partidos o actos públicos

Se han cerrado colegios y universidades en varias provincias, a pesar de que el inefable Simón aseguró el 4 de marzo que “no reduciría el riesgo de transmisión de forma significativa”, sino que “podría incrementarlo para algunos focos de interés”. Igual que el vino, también hay científicos de tetra-brik.

Ahora se habla de suspender las procesiones de Semana Santa y la Feria de Abril… pero se han permitido partidos de fútbol y se ha tardado días en aplazar las Fallas. Sánchez no quiso tomar decisiones drásticas hasta que ha sido inevitable porque le preocupaban las encuestas. ¡Éste es el coraje de nuestros líderes en Occidente!

La Prensa de Kalidá es otro de los trampantojos que se están derrumbando por obra del coronavirus. Cuando hay motivos de sobra para decir que “España no se merece un Gobierno que mienta”, o recordar los aullidos del doctor Sánchez en 2014 cuando el Gobierno de Rajoy repatrió a un infectado por Ébola, los tertulianos de choque se afanan en buscar un culpable y, como en el 11-M, lo encuentran en el PP.

Ayer, El País publicó un reportaje en el que pasaba la responsabilidad del Gobierno socialista-comunista-catalanista-abertzale-turolense al PP de Madrid: “Madrid se enfrenta al avance del coronavirus con una sanidad desbordada tras años de recortes del PP”. Y encima es falso el dato de los 3.300 profesionales sanitarios menos. Pero no importa. Porque lo importante es que el reportaje ha hecho de “silbato para perros”.

Algunos hiperventilados de la jauría pueden darse el gustazo de llamar asesina a Esperanza Aguirre, a la que acusan de cargarse a sus votantes… que además se lo merecen, piensan ellos. Y los ‘peperos’, callados.

El País señala que en Madrid hay tanto infectado, no porque el PSOE haya mentido, sino porque el PP ha reducido la sanidad pública

Incluso con la epidemia descontrolada, los progres nos riñen y nos colocan su agenda de inmigración total (otra coincidencia con los Soros y los Bezos). Y no creo que lo hagan para ocultar la incompetencia de su Gobierno, sino porque no pueden evitarlo. Son predicadores del buenismo y la globalización.

¿Quién va a pagar 10 euros al mes por leer este panfleto? Quizás el coronavirus nos traiga, con el frenazo de la globalización, el cierre de El País…

Hasta entonces, aconsejo a mis lectores prudencia y, sobre todo, tranquilidad. 2020 no va a ser el peor año de la historia, a pesar del Gobierno de ‘pogreso’ que padecemos. Sabemos cuál es el origen de la enfermedad y cómo combatirlo. De nuevo, se confirma que la mentira es más letal para las sociedades que la guerra. ¡Qué poco hace falta para que los cosmopolitas de Ryanair y Amazon asalten los supermercados!

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