Fernando Savater / EFE
Fernando Savater / EFE

El filósofo Fernando Savater ha reflexionado hoy en su columna del diario El País sobre el fençomeno según el cual, personas aparentemente integradas en nuestra sociedad, re radicalizan de tal forma que son capaces de asesinar.

Desde esta óptica, lo mismo da hablar de los marroquíes que perpetraron los atentados de Barcelona y Cambrils, que de los jóvenes vascos que antaño cruzaban un mal día la muga para sumarse a las sanguinarias filas de ETA.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Reproducimos el artículo de Savater por su interés:

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Sabemos poco de los yihadistas que nos atacan: sólo que son muy jóvenes, inasequibles a la persuasión porque están blindados con fervor y odio, de apariencia normal, incluso agradable, y sin el menor escrúpulo para asesinar o inmolarse.

Desconocemos cómo prevenir sus crímenes y qué razones ofrecerles para lograr que renuncien a cometerlos.

La mayoría han nacido entre nosotros: quienes les conocieron de pequeños o les trataron antes de su paso a la violencia se asombran de que hayan experimentado tan terrible metamorfosis. ¿Cómo puede ser…?

Aunque también perplejo, esto último me choca menos que a otros. A ver, en el País Vasco hemos padecido un fenómeno similar. Jóvenes nacidos en una sociedad democrática y en una de las regiones económicamente más desarrolladas de Europa, con estudios para todos y mejores oportunidades laborales que en el resto de España, se convirtieron en serial killers.

«Sus ‘ideas’ (perdonen la expresión) están representadas en el Parlamento por simpatizantes o cómplices que se niegan a condenarlos»

Afortunadamente, nunca tuvieron tendencias suicidas como los otros, pero su inverosímil bloqueo ideológico y su odio no son menores. Ni la magnitud de sus crímenes, pues la mayor matanza de Barcelona la cometieron ellos y han lanzado coches bomba a un patio donde jugaban niños.

Ventajas a su favor: nunca ha habido un consenso total contra ellos, una vez encarcelados se les llama “presos políticos”, cuando cumplen las condenas se les recibe con festejos como a héroes, sus “ideas” (perdonen la expresión) están representadas en el Parlamento por simpatizantes o cómplices que se niegan a condenarlos, se consideran de izquierdas y otros partidos aceptan aliarse con ellos para formar un bloque “progresista”…

No es obligatorio llevar turbante para agredir a la democracia, con una txapela sobre el vacío de neuronas basta y sobra.

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