José Julio Rodríguez / EFE

Tras su nuevo fracaso electoral, el ex Jemad José Julio Rodríguez, no se ha detenido ni un segundo a reflexionar el por qué en ninguna de las dos últimas convocatorias electorales ha recibido el apoyo de los ciudadanos. Eso sí, no ha dudado en llamar «peligrosos» a los votantes del PP.

De este modo, el general Rafael Dávila contesta al podemita a través de un artículo en su blog que por su interés reproducimos de manera íntegra y en el que pone en su sitio al que fuera Jefe del Estado Mayor de la Defensa con Zapatero:

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“Buen día. Si hay algo deprimente es que la mitad de los electores no quieren ningún cambio. No creen en la ética, y eso… empieza a ser peligroso”.

Son palabras, escritas en Tuiter, por el que ahora se cree aristotélico personaje, el exjemad y candidato frustrado de Podemos. Profunda reflexión después de su nuevo fracaso. Pretende reescribir la Ética a Nicómaco insultando a los votantes, a la mitad de los votantes. Mis conocimientos sobre la ética son humildes y escasos ya que solo llegué a general dentro de la  acepción del diccionario de la RAE que dice, General: lo más común. Por tanto les ruego disculpen la simpleza de mis argumentos que no alcanzan los niveles del tuit del exjemad.

Voy a empezar recordando la anécdota del soldado que desfilando en formación llevaba el paso cambiado, pero su madre le aplaudía rabiosamente mientras gritaba: «Ese es mi hijo. Sí, aquel, el único que lleva bien el paso». En este caso concreto el Sr. Rodríguez y su diminuta e inapreciable escuadra parecen ser los únicos que lleva el paso correcto mientras que el conjunto de España va con el paso cambiado y a trompicones. Para colmo, este peligroso ex, con más resabios que el famoso toro Ratón, considera a la democrática opción de media España como “un peligro”. Nos vamos conociendo, caballerete. Encantado de no haberle conocido, aunque era verdad lo que me contaban… entonces y ahora.

Me viene a la cabeza otra anécdota que parece dedicada al Sr. Rodríguez. Es de aviones y pilotos.

Durante los inicios de la Guerra Civil un Junker que había dejado tropas en Sevilla volvía a Tetuán cruzando el Estrecho. En medio de la travesía el avion empezó a fallar alarmantemente. La tripulación la componían el capitán piloto y un mecánico.

El piloto, alarmado ante el inminente riesgo, gritaba al mecánico.

-¡Los paracaídas, busca los paracaídas…!

El tiempo convertido en eternidad desesperaba al piloto al ver que el mecánico no aparecía ni daba señales de vida con los paracaídas.

Desfile de la Legión / EFE
Desfile de la Legión / EFE

Después de minutos de angustia apareció el mecánico en la cabina abrochándose las últimas correíllas de su paracaídas.

-¿Dónde está mi paracaídas?

Gritó enfurecido el capitán.

-Mi capitán es que su paracaídas no aparece por ninguna parte.

Todo quedó en un susto y aterrizaron sin problema. Otra cosa es lo que después de aquello sucedió en la relación piloto y mecánico.

Señor Rodríguez, usted que nunca pilotó, ahora que lo ha intentado, le han dejado sin paracaídas en un momento en que la aeronave se viene abajo.

¡Grite, grite, Rodríguez! Todos llevan su paracaídas puesto y el suyo no aparece por ninguna parte.

Es la ética con significaciones gnoseológicas, socrática, aristotélica, marxista o socialdemócrata. ¡Qué cosas!

¿Cómo se le ocurre presentarse en Zaragoza donde se ubica la Academia General Militar o en Almería donde está la Legión española?

Le han dejado solo… ¿Cómo se le ocurre presentarse en Zaragoza donde se ubica la Academia General Militar o en Almería donde está la Legión española?

Se ve claro que el cambio no va con usted y arrastra lo que le duele. No se va a librar de ello, aunque cuando se creía pilotando, los suyos, los de la ética, le han dejado solito a los mandos… y sin paracaídas.

Agárrese que viene curva.

Usted no es Aristóteles ni nosotros Nicómaco. Y la ética se demuestra andando.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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