Encontrar un contrato de trabajo digno se ha convertido en la búsqueda del tesoro para los jóvenes
Encontrar un contrato de trabajo digno se ha convertido en la búsqueda del tesoro para los jóvenes

Ya escribí aquí algunos de los motivos por los que los jóvenes, en muchas ocasiones, no encontraban su hueco en el mercado laboral. Hoy, como ser humano en constante evolución, debería matizar ciertos elementos que allí expuse.

Sigo pensando que mi generación está repleta de decadencia y de adolescencia madura, pero creo que no todo es culpa de la juventud denostada por la sociedad. Existe la figura de algunos elementos empresariales externos que pretenden aprovecharse de la tierna ilusión de algunos o de la urgente necesidad de otros ahondando en la precariedad, deshumanizando al trabajador como si fuera un mero medio de producción. Cosificación laboral que se materializa en unas condiciones denigrantes en las cuales las garantías estatutarias del sujeto son cercenadas indiscriminadamente. Sueldos precarios, contratos fraudulentos, denigraciones de los superiores… Un sinfín de disyuntivas rodean a miles de personas ansiosas de buscarse la vida.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Todo esto pasa, lo he vivido, sufrido, imaginado y observado con mis propios ojos. Creía que era una leyenda urbana, cometía la tremenda osadía de afirmar contundentemente que “quien vale trabaja”. Tan pancho, me he dado de bruces con la realidad. Cosas de la edad, circunstancias de la madurez. Vas a buscar un trabajo y te encuentras con una chapuza con forma de farsa. Ofertas de empleo que prometen el oro y el moro para que cuando llegue el momento de firmar el contrato te percates de que tales condiciones son diferentes a las acordadas en un principio…Disfrazan la esclavitud con apariencia de una tarea liberal pretendiendo que les des las gracias por que te den de comer. A lo mejor tienen motivos, por ejemplo, quienes rechazan las ofertas de los enfurecidos empresarios hosteleros que protestan por la espantada de camareros al no poder cubrir sus plantillas para la temporada. ¿Han probado a considerar a sus trabajadores con un mínimo de humanidad?

Necesitamos conquistar un humanismo laboral. Es decir, que la persona sea el centro del mercado y no el tan enquistado capital. Dejar de tratar a los asalariados como meras piezas del engranaje de la cadena de montaje y brindarles todos los derechos que se les están privando. Es pura humanidad. En eso consiste el humanismo, en recuperar la hegemonía personal por encima de la material. De la misma forma que solo con humanismo, con tintes judeocristianos, vamos a conseguir que las mujeres sean respetadas y tratadas con igualdad, o que las personas no sean discriminadas por su sexo, creencia o raza amparando la dignidad propia por el hecho de ser seres humanos, únicamente conseguiremos un mercado laboral justo humanizándolo y defendiendo a los individuos que conforman la comunidad.

Es tiempo de acoger, no de expulsar, como dijo el Papa Francisco. Tiempo de un humanismo laboral, de un Humanismi laborem.

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