Imagen referencial /Pixabay
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* Por Cari Martínez de Lara.

De Wuhan vino un barco cargado de… muerte, dolor, ruina, soledad en forma de virus.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Y los colegios cerraron, los parques y las calles se vaciaron. Los deberes, la tele y la tablet se adueñaron de la mente de los niños, alterada brevemente por juegos de mesa en familia, entre los mismos tres, cuatro o seis. Y así pasaron los meses y pudieron volver a salir, una hora, sin besar, abrazar, pararse o sentarse; una hora caminando a dos metros de distancia y sin descanso. Y nuestros niños pasaron de jugar a “tu la llevas” en la acera a saludar con la mano y la sonrisa cubierta por una tela. Pasaron de ver la cabalgata con ojos iluminados, al llanto silencioso por una fase no pasada.

De Wuhan vino un barco… que a la vuelta se llevó la inocencia de una generación que sufrió antes de tiempo y a cambio nos dejó pequeños soldados tristes.

Estimados señores:

Un cuento muy pequeño para intentar explicar una realidad muy grande que estamos sufriendo. Como adultos conocemos el daño que puede llegar hacer una mala gestión, una mala decisión, pero que lo tengan que aprender los pequeños es imperdonable.

¿Qué gestión es aquella que nos deja en una fase donde podemos ir a comercios de menos de 400 metros, museos y bibliotecas a cualquier hora del día donde no conocemos a las personas con las que nos vamos a encontrar en estos sitios y que en cambio prohíbe que se junten tres niños que se conocen desde siempre?

Los padres tenemos un código de responsabilidad entre nosotros que nos hace mantenernos informados desde los piojos que tiene un niño, la gastroenteritis y cualquier otra anormalidad sanitaria, inclusive los moluscos. Cuanto más dejaremos de saber si con quien nos juntamos puede haber estado en contacto con el virus.

¿Qué tipo de personas son aquellas que nos quitan lo primero que enseñamos a nuestros hijos a valorar, la libertad?

Es vergonzoso, ponzoñoso, rastrero, jugar a ser… (iba a decir Dios o Rey, pero no puedo mencionar estas figuras a alguien que no cree en ellas, ni intentar ponerle a su altura). Por lo tanto diré: Es asqueroso, vil y maligno jugar a ser un dictador y realizar el sueño, el complejo que tanto tiempo lleva en su podrido ser, escondido, a costa de los ciudadanos, de los niños; eso es ser inhumano.

Las ratas tienen más moral que este gobierno. Usar un estado de alarma, la política, para esclavizarnos y hacernos mendigar algo que por derecho es nuestro debería hacernos ver a los votantes que, si ya están intentando robarnos la libertad, es porque el resto ya nos lo quitaron y que el régimen bolivariano está mucho más cerca de lo que nos pensamos .

Pedir en esta carta no pido nada , para qué hacerlo a quienes si no piensas como ellos no te lo van a dar. Ya se sabe “no sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió“.

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