Grupos provida se manifiestan frente a la Corte Suprema
Grupos provida se manifiestan frente a la Corte Suprema

Durante este mes, dos casos relacionados con el aborto han sido materia de evaluación por los jueces de la Corte Suprema de EEUU. El 1 de diciembre, el Tribunal escuchó los argumentos en el caso Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization , el más importante que se ha presentado ante el Tribunal desde que escuchó a Planned Parenthood v. Casey hace treinta años. Una semana después, el Tribunal emitió una opinión procesal con respecto a la apelación pendiente de Whole Woman’s Health et al v. Jackson. El caso fue presentado por proveedores de servicios de aborto buscando anular la Ley de Latidos del Corazón de Texas que el gobernador Greg Abbott promulgó a principios de este año. 

La atmósfera que rodea a la Corte en la consideración de estos casos contrasta marcadamente con la que predominó hace casi treinta años en torno a la discusión de  Planned Parenthood v. Casey.  Esta vez, la tensión puede sentirse en el aire, ya que la mayoría de magistrados de la Corte, alguna vez confiados en su mayoría pro aborto, hoy se dan cuenta de que, por primera vez, podrían ser superados en número.

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Al escuchar los argumentos sobre Dobbs, los miembros pro aborto de la Corte presentaron valientes defensas del stare decisis, el principio por el cual deben respetarse las sentencias precedentes. Por supuesto, se refieren a los casos Roe v. Wade (1973), presentado ante la Corte hace cincuenta años esta semana, y Planned Parenthood vs. Casey (1994). En palabras del juez Breyer, estos casos son un “super precedente” a favor del aborto legal.

Hoy, los defensores del aborto elogian calurosamente la tradición. En 1971, decían exactamente lo contrario. Hace 50 años, los argumentos de los peticionarios sobre Roe instaban a la Corte a abandonar el tradicional respeto por la vida humana consagrado desde siempre en las leyes provida en la gran mayoría de los estados.

El aborto ha sido durante mucho tiempo un objetivo de la agenda anti-vida y anti-familia de la izquierda, bajo el lema de “¡Maldito sea todo lo tradicional!”  Pero hoy el discurso ha cambiado inescrupulosamente.

Sin embargo, el argumento del stare decisis ha sido percibido por el púbico como vacío y cínico. Incluso hasta los más fanáticos partidarios del aborto han admitido  que los defensores de ambos bandos elogian el concepto cuando les conviene y lo ignoran cuando no les conviene.  

Es la dialéctica marxista en acción. Lenin instruía de esta manera a sus seguidores, «todo lo que promueva la Revolución es ético». Lo que sus seguidores defienden hoy pueden contradecirlo mañana sin ningún escrúpulo ni remordimiento. Para disfrazar su incoherencia, dirán que ese es el precio del «progreso» o alguna frase similar.

Esta contradicción coyuntural se encuentra en el núcleo de lo que se ha llamado la «Constitución viviente», un concepto  descrito  por un destacado jurista como «una (Constitución) que evoluciona, cambia con el tiempo y se adapta a nuevas circunstancias, sin ser enmendado formalmente». 

Tan ingenuo como creer que la Constitución «evoluciona» por sí sola.

En realidad, este enfoque apunta a que la Constitución pueda decir lo que uno quiera. La jueza Sonia Sotomayor es la principal defensora de la “Constitución viva” de la Corte Suprema de EEUU en la actualidad. Por lo que no sorprende que, cuando la entrevistaron sobre la posibilidad de votar en minoría en un caso de aborto por primera vez, ella preguntó a la Corte el primero de diciembre: “¿Sobrevivirá esta institución al hedor que esto crea en la percepción pública, ya que la Constitución y su lectura son solo actos políticos?”

Aparentemente, la Jueza Sotomayor, cuya nominación y confirmación para su asiento en la Corte no fueron más que actos políticos, está obviamente trastornada por esta noción y ¡¡completamente en shock!!

Démosle crédito a quien se lo merece: aquí el papel de la juez Sotomayor es suministrar propaganda a favor del aborto alimentando la «percepción pública» de que los defensores provida atacan la ahora sacrosanta tradición y participando en tácticas de poder. Sus comentarios están diseñados para dirigir la ira de los defensores del aborto porque Roe v. Wade, su principal asidero legal durante medio siglo, podría ser enviado al basurero de la historia.

Pero consideremos sus términos: ¿»institución»? De hecho, la Corte Suprema fue instituida por los Fundadores en su deseo de establecer una separación de poderes, y hoy son los demócratas partidarios del aborto, no los republicanos, quienes amenazan con destruir esa institución si los jueces actuales no se someten a su agenda.

Sin duda, los demócratas de alto rango ya estaban librando la guerra contra la Constitución mucho antes del petardo de la juez Sotomayor. Hillary Clinton ha pedido repetidamente la abolición del Colegio Electoral. John Dingell, Jr., miembro de la Cámara de Representantes con más años de servicio en la historia, quería abolir el Senado.

Y por supuesto Joe Biden es actualmente un ardiente defensor de Roe. Si la decisión de la Corte el próximo año revierte a Roe o, como lo expresó elocuentemente el juez Barrett el 1 de diciembre es simplemente enviada al tacho de la basura, cuente con que Biden trabajará codo a codo con Nancy Pelosi y Chuck Schumer para «codificar Roe v. Wade«, y luego enfrentar a la Corte Suprema para aprobar la medida, al mejor estilo de Franklin D. Roosevelt.

¿Y a qué se refiere la jueza Sotomayor al decir «percepción pública»? ¿Es que pretende tener la capacidad de leer los corazones y las mentes del público? Lo que pasará en verdad es que le dará órdenes a la Policía del Pensamiento, a aquellos medios que se dedican a persuadir públicamente a las élites. Y son esas élites y sus instituciones, dicho sea de paso, las que han acogido felizmente, incluso celebrado, el genuino «hedor» que constituye el grito de batalla de los destructores de la moral, el orden, la libertad y la vida misma, incluso de los más inocentes. 

¿Y a qué se refiere al decir estos “actos políticos”? La jueza Sotomayor se queja de que la Corte podría ser percibida como «política», cuando esta nativa del Bronx sabe muy bien que la Constitución es un documento político cuyo texto fue objeto de un feroz debate político durante meses. 

El 26 de julio de 1788, el Gobierno de Nueva York convocó una convención para evaluar la Constitución escrita por los Fundadores en Filadelfia el año anterior. Por una votación de 30 a 27, los delegados de Nueva York reunidos aprobaron la entrada de Nueva York a los Estados Unidos y se convirtieron en el undécimo estado en ratificar la Constitución.

De hecho, fue un «acto político». Pero para la jueza Sotomayor hoy, «política» se convierte en una mala palabra. Una palabra que emite un «hedor» que le apesta. Precisamente porque teme estar en el bando perdedor de la batalla por Roe. Dejando de lado toda delicadeza femenina, Sotomayor invita a los estadounidenses a atacar a sus colegas jueces, especialmente a los nominados por Donald Trump, tratándolos como basura maloliente.

Aquí vemos de nuevo la dialéctica en acción. Durante dos siglos, la izquierda ha culpado a sus enemigos de sus propios pecados. Como señala Lenin anteriormente, su única ética es el poder. Pero para lograrlo, se burlan de nosotros con mentiras diseñadas para apelar a nuestro sentido moral mientras en realidad buscan destruirlo.   

Roe y Fanatismo: Gemelos del Mal

Veamos el «precedente» que reverencia la jueza Sotomayor.

El año pasado a propósito de la muerte de la jueza Ruth Bader Ginsberg decíamos que “El actual alboroto que envuelve a Washington, también conocido como ‘el duelo por la muerte de la jueza Ruth Bader Ginsberg’, demuestra una vez más que el problema es el aborto, punto. Después de todo, si puedes matar al más inocente, puedes matar a cualquiera».

Aquellos en la izquierda que hoy aplauden el «precedente» estaban celebrando el «legado» de la Sra. Ginsberg, que consistía únicamente en sellar a Roe en el espíritu del «precedente» sagrado establecido no por los Fundadores o la Corte, sino por la fundadora de Planned Parenthood, Margaret Sanger. 

“Francamente”, dijo Ginsberg al New York Times en 2009, “había pensado que en el momento en que se decidió Roe, había una preocupación por el crecimiento de la población y, en particular, por el crecimiento del tipo de personas de las que no queríamos tener entre nosotros».

Así que incluso la diosa secular de la izquierda reconoció que Roe no se basaba en un «precedente», o stare decisis , sino en el racismo, la intolerancia y el falso evangelio del control de la población. Por eso, en 1973, el juez Blackmun tuvo que encontrar el derecho al aborto en la “penumbra” de la Novena Enmienda a la Constitución, porque no estaba ni en el documento ni en los precedentes de la Corte. 

Pongamos el «hedor» donde pertenece: en Roe v. Wade, que para tomar prestada una frase del difunto Sr. Juez Arthur Goldberg, era «a gross canard, cut out the whole cloth” (en una traducción libre podría ser: una burda ficción, desprovista de sustento en la realidad). Una que clama al cielo por reparación.

Roe v. Wade fue siempre una política radical disfrazada de jurisprudencia, y los políticos radicales de hoy están desesperados por salvarla.  

Chris Manion, Population Research Population

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