*Por Alfonso Maldonado

El pasado 3 de septiembre llegué de Caracas. Estuve haciendo una suplencia en la parroquia donde crecí, en Santa Mónica. Fue desde el 24 hasta el 31, pero igual aproveché algunos días para finiquitar o canalizar algunas cosas.

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Cuando llegué en la tarde, la casa en Barquisimeto no tenía agua. No sé si es debido a los cortes de luz, que no funcionan las diversas bombas que surten la ciudad. Como sea, el tanque estaba vacío. Porque en Venezuela, sea grande o pequeño, siempre hace falta un tanque de agua en las casas y edificios. Los hay para colocar dentro de los pisos, lo que llamamos aquí apartamentos.

Como creo prudente, luego de días de actividad, me tomé un  break en la tarde antes de retomar el ritmo. Busqué algunas cosas para la cena (pan y queso), hice un rato de oración y, cuando me sentaba delante de mi laptop, se fue la luz. Supongo que no llegue sino hasta pasada la medianoche. Afortunadamente voy aprendiendo de memoria la ubicación de las teclas, cosa importante mientras tenga batería (que no será mucho tiempo).

Un grupo de Whatsapp está conformado por personas que reportan el funcionamiento de Internet. Lo habitual es que, cuando se va la luz, te quedas sin internet. Por la zona varias casas van teniendo sus generadores eléctricos. Algunos más grandes que otros. Ellos podrían decir si el internet no existe tampoco para ellos. Tengo problemas con mi modem móvil. Quizás a través del celular (mi teléfono móvil) sí pudiera conectarme.

Queda la pregunta sobre dichos apagones. La primera hipótesis que llega a mi cabeza es que son intencionales. Es una manera de romper cualquier intento de comunicación y, los de afuera no podrían entenderlo, pero es como si se reseteara el ordenador. Todo lo que pensabas hacer, simplemente no puedes hacerlo. La vida se te paraliza, como  si se estuviera en un limbo.

Hay sectores que, entre el calor y la plaga (los zancudos), no duerme hasta que tengan la luz, o sea, electricidad. Hay sectores donde la gente hace cualquier cosa, hasta conversar con los vecinos, hasta que llegue, para poder irse a dormir. No todos tienen aire acondicionado, pero era normal que hasta el más pobre tuviera un ventilador de mesa, por lo menos. Abanico le llaman en Maracaibo, donde entre el calor y la humedad no se aguanta estar sin estas ventajas del mundo moderno: un reportaje indicaba un éxodo del 60 % de dicha ciudad levantada a orillas del lago homónimo. 

Claro que no se puede descartar la impericia, negligencia, falta de inversión y ineptitud. Me refiero a la falta de electricidad. Solo que lo segundo parece tan evidente, que funcionaría con perfección como coartada.

Las maniobras políticas

En estos días la agenda política no es la que absorbe a los venezolanos. Al menos no a buena parte. No es por indiferencia, sino por incertidumbre. Se puede seguir la agenda norteamericana, que va presionando con promesas que seguro son reales, pero no perceptibles. Noruega complace a buena parte de los países europeos con los diálogos en Barbados, esos de los que se levantó el equipo de Maduro y que el mismo anuncia con reanudar. Los países sudamericanos van sintiendo cada vez más sus limitadas posibilidades para acoger la migración forzosa venezolana. Pero tampoco consideran una opción más fuerte. 

No existen tradición intervencionista en el sentido militar, además que el electorado latinoamericano oscila entre un populismo de derechas a uno de izquierdas. Este amplio rango hace que tampoco se vea como una opción única ante la propia gente. Acusar a las oligarquías de conspirar como antaño no luciría del todo descabellado. Se debe recordar que la consigna socialista ha sido del rescate de los más pobres, porque han sido robados y saqueados por los poderosos. A lo Robin Hood. Y la derecha, para no etiquetarla en una única presentación, quizás todavía no se ha redimido del pasado que la señala de buscar sus propios intereses, a lo quedarse mirando el propio ombligo, y no el de ofrecer un modelo de país que funcione para todos. 

Las oligarquías han existido y existen. Sin un mínimo de sinceridad no se avanzará ni un ápice. Y el ideario socialista luce obsoleto, en el sentido clásico no va a funcionar, aunque ya no le llamen socialismo sino progresismo. Cuando los léxicos progresan más rápido que las realidades es porque estamos ante una farsa más. Porque la palabra progreso indica la ponderación final de una serie de acciones que han traído como consecuencia una situación notablemente mejor que la anterior. Decir yo soy progresista, como bandera política, es asumir que los demás no lo son. Que progreso es lo que yo digo que es progreso y punto. Que estoy predestinado y que se me debe un acto de fe. O sea, un planteamiento ideológico más, pero encubierto de religiosidad. Yo digo qué es progreso y los demás hacen de actores secundarios, sea que me apoyen o se opongan, es lo que parecen insinuar.

Esa especie de “mente positiva, vamos a atraer todo lo bueno” de quienes afirman que su itinerario es progresista (y el de los demás no), en vez de ser socialistas confesos, causa resquemor. No tengo problemas en cuanto a las realidades culturales, que una manera de abordar las mismas desde un lenguaje apropiado resulte conveniente. Pero igual hay una alerta en contra del neolenguaje, propio del fascismo. Hasta para la terapia individual hay cambios que comienzan por un lenguaje nuevo. Pero en política, con elecciones por delante, equivale a “chicos: nosotros somos los buenos”. Ayudaría, por supuesto, la ética de centro y centro derecha para que esto no fuese creíble. Los patanes con agallas no deberían caber dentro del espectro político.

La cuestión es que ya Maduro, luego de algunas semanas, dice que vuelva al diálogo de Barbados. Quienes quedan mal parados en todo esto son los políticos venezolanos de oposición. Porque no saben ni explicar convincentemente a los venezolanos el por qué esto sea tan bueno, ni explicarles a los foráneos de por qué esto pueda ser tan peligroso. Diálogos y elecciones queremos todos. Eso es indiscutible. Los venezolanos no hacemos curso armamentistas. No sé en otros países del continente, pero en Venezuela, aun en los años cuando el Servicio Militar era obligatorio, solo la población más necesitada terminaba siendo reclutada. Eran los que no podían huir ni apelar a algunas de las exoneraciones previstas por la Ley. Y aquí no ha habido un conflicto armado prolongado desde 1903. Además de marchas y protestas, al final el venezolano no cuenta con otra cosa que con el ponerse de acuerdo y el votar.

¿Cuál es la disyuntiva? Que eso no puede hacerse de manera suicida. O sea, su éxito no es tan automático como a veces se ha querido presentar. Que las peras no se cuentan antes de tiempo. Por mucha “mente positiva” que se quiera imprimir a las gestas de la civilidad, estas pueden salir mal. No solo Napoleón pudo ganar en Waterloo, sino también Hitler o Stalin haberse salido con la suya. Que la realidad no funciona de manera dialéctica, como pretendía Hegel y Marx, sino que una hecatombe nuclear nos catapultaría otra vez a las cavernas y no a un nivel superior de humanidad. Que el evolucionismo de Darwin es un asunto biológico que puede dar al traste, como cuando se extinguen las especies por cualquier tontería de comercio de pieles, marfil o ad láteres contaminantes. Pero que ello no asegura las realidades antropológicas o sociológicas, por mucho que le gustara a Spencer o a Teilhard De Chardin. Que la Iglesia está apoyada en Jesucristo, por lo tendría asegurada su persistencia en este mundo, excepto que sus miembros opten por ser tan disolutos que terminen siendo herméticos ante la gracia de Dios.

La impresión barbada… del objetivo de ganar tiempo

Maduro ha ido a Barbados a ganar tiempo y a sacudirse las sanciones. En realidad Maduro no tiene necesidad de apurar los tiempos, fuera de sacudirse las sanciones. Si estas se dieran sin el auxilio de China o sin evadir el boicot a la extracción de metales preciosos y diamantes, además del petróleo, serían fulminantes. 

Maduro no tiene problemas con el tiempo porque Maduro no es un líder demócrata que vaya a ser desalojado del poder en la siguiente contienda electoral. Los líderes del resto del mundo, esos que se le oponen, sí. Basta con que lo hagan lo suficientemente mal, como para que su electorado les dé la espalda.

Maduro espera impeachment de Trump o, si no se da, las elecciones norteamericanas. El futuro de Macri luce oscuro, mientras que el de Evo es promisorio. Apuesta a que Pedro Sánchez detente la presidencia y su coqueteo con Unidas Podemos restrinjan las descalificaciones hacia el régimen madurista a la retórica. En Italia los italianos creen que ya todo pasó en Venezuela. Espera que los huracanes o los incendios de la selva amazónica comiencen a ocupar la atención del mundo, en vez de Venezuela. Espera que se le acabe el tiempo a Guaidó. Y que Rusia consiga colar una agenda en el Consejo de Seguridad que favorezca a Venezuela.

Mientras que se levantó y va a volver a sentarse, ya han llegado más militares rusos al país. Lo deducía Rocío San Miguel de las declaraciones del ministro de la Defensa, Padrino López, y luego lo advirtió con hechos en la frontera tachirense Sebastiana Barráez. Por supuesto que Freddy Bernal, el protector del Táchira, lo ignora, por no desmentirlo.

El sector disidente de las FARC anuncia, en nombre del legítimo derecho de los pueblos a levantarse en armas contra la tiranía, de retomar la senda de la lucha armada. Mientras Duque, el presidente colombiano, acusaba a Maduro de estar detrás de todo esto. El video de las FARC, decía, fue grabado en tierras venezolanas.

Puede que vea en algunos de estos hechos puras coincidencias. Algunas pueden ser fortuitas, como los incendios y huracanes, pero otras son esperadas con frialdad o provocadas. Al final el sueño es sumir a todo el continente en el caos. Ya lo decía el presidente Hugo Chávez en su toma de posesión el 2 de febrero de 1999: la teoría del caos. Todo debe ser absorbido por el caos para poder transformarse ¿habrá algo más parecido al materialismo histórico de Marx, con la dialéctica de sus opuestos luchando entre sí, para ser asumido en una nueva síntesis?

Algunos días después 

Hoy es 8 de septiembre. Un domingo caluroso y ajetreado. Comenzó por despertarme de forma abrupta para acudir unos minutos al velorio de mi amigo Alfonzo Chávez y su hermosa familia. Luego pude celebrar 2 Eucaristías, antes de mi programa de radio de los domingos. La vuelta a la residencia supuso llegar para la despedida de mi ahijada y su familia, que regresaban a su casa. Trabajo en la laptop y vuelta a otra Eucaristía. Cuando regreso me encuentro nuevamente sin luz. Sin luz ni agua, todavía.

Maduro ha acusado a Guaidó de querer entregar el Esequibo, ese trozo de tierra que fue apropiada para el Reino Unido por el explorador, en el siglo XIX. Desde las últimas 3 décadas de ese siglo se quiso conseguir una solución para tal usurpación. Los problemas políticos dilataron la solución que el historiador Tomás Tamayo Alcántara dice que Guzmán Blanco estuvo por alcanzar. Y eso se ha prolongado hasta hoy.

En una polémica escena, Henry Ramos Allup, el controversial secretario general del histórico partido Acción Democrática le levantó la mano a Juan Guaidó. Lo que parecía el lanzamiento para una candidatura electoral, terminó siendo una maniobra para ratificarlo como presidente de la Asamblea Nacional por el resto de las fracciones y, por tanto, como presidente encargado. Quedó el malestar de la fracción 16 de julio, que le tocaba el próximo periodo (2020) presidir la Asamblea Nacional. Más que el malestar de la ambición, ellos alegan la falta de inclusión en las decisiones de los demás actores políticos.

La acusación permite engrosar de infamia de un supuesto expediente abierto en su contra. Nicman Evans, representante del chavismo disidente, cree que es una escaramuza que, a fuerza de repetirla, pueda hacerse realidad una detención del presidente encargado.

Maduro pide una rectificación a Juan Guaidó, colocándola como condición para volver a la mesa de negoción que Noruega ha servido. O sea, ya no es Maduro que abandonó el diálogo, sino que es Guaidó el que no lo permite por tozudez, según el régimen, para retractarse.

En el entretiempo la frontera se pone caliente. Maduro dice que Colombia quiere incursionar en Venezuela. Colombia dice que eso es falso. Lo real es que la guerrilla colombiana tiene presencia en Venezuela. Lo real es que los rusos algo están haciendo en la frontera, más allá de si la están armando o no con cierto sistema de misiles…

Ya estamos a 11, cuando el mundo recuerde el horror del ataque al World Trade Center del 2001, Venezuela recordará la aparición de Nuestra Señora de Coromoto, en 1652.

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