Reproducción de un bebé a las 16 semanas de vida prenatal.
Reproducción de un bebé a las 16 semanas de vida prenatal.

La directora ejecutiva de Planned Parenthood, Alexis McGill Johnson ha mostrado de forma explícita cómo la industria del aborto teme que su negocio sufra con la elección del ajuez Amy Conal Barret como miembro del Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

En una reciente entrevista en Vogue, McGill asegura que Amy Conel Barret «es una amenaza activa para la salud y los derechos reproductivos», esto es, una amenaza contra el aborto, la muerte provocada de un ser humano en edad prenatal. Y por tanto, parta su negocio.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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«Ya dejó en claro que cree que Roe v. Wade es inmoral, y parte de nuestra preocupación es que hay 17 casos que están a un paso del Tribuna Supremo en este momento y que podrían limitar el acceso al aborto o llevar a una prohibición total».

Algunos de estos casos tienen que ver con las llamadas leyes del latido fetal, que prohíben la práctica del aborto desde el momento en que se puede detectar este signo inconfundible de la vida.

Por otro lado, Alexis McGill Johnson apunta a que su prioridad por el momento es evitar que en el Senado siga a delante el proceso de ratificación de Barret para que en todo caso su probable designación definitiva no tenga lugar antes de la celebración de las elecciones presidenciales del próximo mes de noviembre.

La directiva de Planned Parenthood llama a dejar claro a los senadores que la designación de Barrete «está mal» e invocó la circunstancia que se dió en el año 2016 con la muerte de Antonin Scalia.

El líder de la mayoría republicana en el Senado entonces, Mitch McConnell, arguyó que, debido a la cercanía de las elecciones, el presidente Obama -que no podía optar a la reelección- no debía designar un nuevo miembro del Tribunal Supremo.

La entonces secretaria de Estado y futura candidata del Partido Demócrata a la Presidencia, Hillary Clinton, tachó entonces esta postura de «indignante» y subrayó que «el presidente tiene la responsabilidad de nominar a un nuevo juez y el Senado tiene la responsabilidad de votar». Casi las mismas palabras con la que ahora Donald Trump defiende su derecho a proponer a Barret para formar parte del Tribunal Supremo.

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