El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón / EFE
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón / EFE

Ya he visto estampas de Fernando Simón, ese señor que, por obra de la covid-19 y del encierro, aparece a diario en la televisión con su voz suave soltando una mentira tras otra.

Nos dijo que en España tendríamos uno o dos contagiados; que no había razón para alarmarse; que se podía asistir sin riesgos a las manifestaciones del 8-M; que una persona sana no tenía que usar mascarilla; que el cierre de colegios y universidades no impediría la expansión de la pandemia… ¿Científico? Venga, hombre. Brujo, y gracias. Reconoció el 19 de mayo que no había recomendado el uso de mascarillas en febrero porque no las había en España. En vez de decir la verdad, engañó, no sabemos si por voluntad propia o por orden del Gobierno que le paga el sueldo.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Los adoradores de Fernando Simón afirman que les embargan sentimientos de paz cuando le ven en televisión

La izquierda ha decidido santificarle, con lo que se demuestra que los ateos no es que crean en nada, sino que creen en cualquier tontería cuando abandonan a Dios. De esta manera se está creando el culto simoniaco, una secta peligrosísima, pues realiza sacrificios humanos. En unos meses, ya es responsable de 43.000 muertos.

Fernando Simón cumple una de las condiciones de los redentores que la izquierda suele escoger, que es la de vejez, o al menos su apariencia. Antes que él han sido adorados Jean Paul Sartre, José Saramago, Noam Chomsky, Ho Chi Minh, Stephane Hessel, Fidel Castro…

Aparte de retratos y estampas, los fanáticos le mandan a Simón declaraciones de amor (como las que escriben algunas perturbadas a los asesinos en serie y terroristas). Otro le ha escrito una canción que ni los poemas de una novicia a la fundadora de su orden: “Fernando, yo te quiero, siento cosas por ti, real. Quiero dormirme acurrucado entre tus cejas y tu saber estar”.

Canciones, estampas, memes… Alguna feminista le considera un modelo para la ‘nueva masculinidad’

A los que les queda una pátina de intelecto, que es peor, van un paso más allá y hasta lo convierten en un nuevo modelo de masculinidad. Una feminista que ejerce de periodista le califica de ‘enviado’ de la “nueva masculinidad” y declara que casi entra en éxtasis cuando le escucha: “A Simón le escuchamos casi con la sensación de que a él también le interesaría escucharnos”.

Una veterana del diario Pueblo, Rosa Villacastín, revela que a ella las formas de Simón le producen “un chute de esperanza, de tranquilidad”. Los efectos de la imposición de manos por cualquier santón ahora los realiza un médico aragonés cuando aparece en televisión.

Los simoniacos son una derivación extrema del movimiento espiritual ‘sologripista’, formado por todos los que aseguraban que el virus de Wuhan “no es más que una gripe, como la de todos los años”. Por ahora se llevan muy bien. Por ejemplo Pablo Echenique, que afirmó que el covid-19 “está absolutamente controlado en España” (25-2-2020), no está enfadado por la ruptura de la unidad y le ha mandado un abrazo para resistir la campaña de quienes le atacan por el método de exponer la verdad y recordar sus mentiras.

En realidad, el Gobierno le alaba para que no ‘cante’ cuando le llame un juez para tomarle declaración por su responsabilidad en los contagios

Hasta el presidente del Gobierno ha bendecido a la secta simoniaca. De su fundador ha dicho: “En los momentos más oscuros siempre le he visto igual, entregado a su trabajo y al bien común, pensando en el país más que en sí mismo, hasta cuando estuvo infectado”. Cuando el Poder avala un culto… algo busca de él. Quizás que el tal Simón no ‘cante’ cuando algún juez le impute por homicidio imprudente y llame a tomar declaración…

El primer Simón que conocemos aparece en los Hechos de los Apóstoles. Es un mago de Samaria que asombraba a las gentes con sus trucos. Cuando los apóstoles le mostraron los poderes que les había dado el Espíritu Santo, Simón les ofreció dinero para que le contasen el truco. San Pedro, muy enfadado por su blasfemia, le recomendó que rogase a Dios para recibir su perdón. Simón se dio cuenta de que no hablaba con unos timadores, sino con enviados del Dios verdadero, y les pidió que rogasen por él. Dio nombre a la simonía.

Esperemos que Fernando Simón confiese sus mentiras, reconozca que contribuyó con ellas a que muchos españoles se contagiasen y algunos muriesen. No será santo, pero sí arrepentido.


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