Amando de Miguel, autor del artículo
Amando de Miguel, sociólogo y profesor / Imagen TV

La lengua se va haciendo por los hablantes de todos los tiempos. Una forma coloquial es la de componer nuevas palabras con los prefijos tradicionales. Estos son preposiciones o voces latinas o griegas. Resulta placentero el hecho de disponer de palabras nuevas, que todo el mundo puede identificar.

Por lo general, esos nuevos términos a partir de prefijos conocidos son voces con cierto prestigio, incluso, con aire intelectual. Por ejemplo, ecosistema. El eco es el prefijo para “casa” en griego, que podemos asimilar a la Tierra entera. De, ahí, el ecologismo, la idea para el cuidado del ambiente. Es el caso, también, de ecoturismo. Ya, teníamos economía.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

Suscríbete ahora

Los prefijos mini o micro sirven para componer nuevos vocablos, en los que se aprecia el valor de lo pequeño, lo diminuto. El mini, sin más, era un coche inglés muy demandado. Puestos a descender por la escala de lo pequeño, llegamos al prefijo de nano, tan fascinante.

El juego de prefijos nos permite fijar el sentido ético de unas u otras expresiones. Por ejemplo, ser antiabortista resulta una disposición negativa; en su lugar, se positiviza con provida.

En algunos casos, el prefijo adquiere personalidad propia. Así, un ultra vale por el vocablo completo ultraderecha, o sea, a la extrema derecha del espectro político. El taxi es una de esas voces universales que no hace falta traducir. Procede de taxímetro, un aparato del automóvil de alquiler en el que se marca la distancia recorrida y, por tanto, el precio de la carrera. En griego, taxi da idea de algo rápido, veloz. Otra ilustración es extra, apócope de extraordinario o lo que se considera fuera de lo normal. Una paga extra es, sencillamente, la no regular. Más claro está con el ex, convertido en un sustantivo por sí solo; quiere decir el exmarido o la exmujer.

El mismo proceso de independencia del prefijo se obtiene con el súper o el hiper. En griego, nos aproximan a algo grande. Son, sencillamente, los nombres para las tiendas en las que se expenden todo tipo de mercancías de uso cotidiano. Las tiendas tradicionales no se habían quedado atrás con el marbete de ultramarinos.

Puede confundir un poco el prefijo sin, que, en castellano, es negativo. Pero, puede más el origen griego, donde syn significa lo contrario: con, unión. Por ejemplo, simpatía, sindicato, sinergia.

Otro juego léxico es el término autonomía (gobierno por sí mismo). En la España actual, corresponde a las regiones. Las cuales, en buena lógica, serían heterónimas, por depender del Estado. Aunque parezca extraño, la etiqueta de las autonomías españolas procede de la Unión Soviética, donde se consideraban “autónomas” las regiones satélites del Estado central.

Otra paradoja es la de bisexual. En principio, alude a la preferencia afectiva por uno u otro sexo por parte del mismo sujeto (homosexual o heterosexual a la vez). Como efecto de la prevalencia ideológica del momento, se refiere, por exclusión, a las personas que se encuentran en la limitada categoría de solo dos sexos, masculino y femenino. En fin, un lío.

Precisamente, la ideología progresista nos avisa del prestigio concedido a nuevas palabras, como multidisciplinario, multinacional, multicultural. La expresión de “muchos” o “varios” suena muy bien en un mundo que quiere ser diverso o plural. Por lo mismo, se aprecia mucho lo transversal: lo que corta o toca diversas trayectorias.

El último grito de las actuales ideologías es el metaverso. En principio, es una marca comercial, pero, que se generaliza. Alude a un “universo virtual y variado”, nada más atractivo.

Amando de Miguel, artículo originalmente publicado en Actualidad Almanzora

Comentarios

Comentarios