El presidente francés, Emmanuel Macron, ha concedido una entrevista al semanario socialdemócrata The Economist, en el que se permite decir que la Unión Europea está “al borde del precipicio”, y de caer por el mismo llegaría a “desaparecer geopolíticamente”. 

Sobre el Tratado del Atlántico Norte, Macron ha dicho que estamos viviendo “la muerte cerebral de la OTAN”, ya que “no hay ningún tipo de coordinación en la toma de decisiones entre los Estados Unidos y sus aliados en la OTAN. Ni una. Hay una acción agresiva y no coordinada por parte de otro aliado de la OTAN, Turquía, en una zona en la que están en juego nuestros intereses”.

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¿De qué está hablando Emmanuel Macron? Para entenderlo, tenemos que remontarnos al año 2000, cuando los estadounidenses votaron por un candidato abiertamente aislacionista, que hablaba de hacer una reducción unilateral del armamento nuclear, entre otras cosas. Hablamos, claro está, de George W. Bush. Todos sabemos lo que ocurrió después. El mayor ataque contra los Estados Unidos desde Pearl Harbor, dos guerras mal concebidas y con peor resultado, y un nuevo descrédito de la acción estadounidense en el exterior.

Pero el sentido del voto a Bush, en 2000 y 2004, era claro. Su sustituto, Barack Obama, llegó a la presidencia con la presencia de sacar a los Estados Unidos de los grandes espacios de actuación americana y centrarse en Asia. Adiós, Europa. Adiós, Oriente Medio. No sabemos qué hay al sur de Río Grande. Su negativa a intervenir en Siria dejaba claro cuál era el sentido del cambio estratégico de su Administración. 

Donald Trump sigue por el mismo camino. Ha salido de Siria y piensa hacerlo de Afganistán. El abandono de los kurdos es un síntoma de un movimiento de mayor alcance. Parece que tampoco quiere culminar o terminar guiando su mayor éxito en materia exterior, que es meter en cintura a Corea del Norte y se queda de primo de zumosol de Japón. Su advertencia a Europa de que tiene que pagar lo que le corresponde de sus cuotas de la OTAN es un anuncio de retirada. ¿Por qué?

Los Estados Unidos salieron de su letargo aislacionista en las dos primeras guerras mundiales cuando estaban en juego sus intereses; más claramente en la segunda que en la primera. Luego ejercieron de policía del mundo cuando una ideología totalitaria y expansionista, el comunismo, amenazaba sus intereses y su modo de vida. Con el derrumbe histórico del socialismo, George H. W. Bush inició una época de desarme y cooperación por medio del comercio. Sólo los atentados del 11S le han dado la vuelta a esta tendencia, y hoy vemos que sólo de modo temporal. Además, gracias al capitalismo, es decir, a la inversión y la tecnología, los Estados Unidos se han convertido en exportadores netos de petróleo y gas natural. 

La muerte de la OTAN no es cerebral, sino de falta de función. Se va a quedar para luchar contra el terrorismo islámico, contra la piratería en los mares, y poco más. ¿Y Europa? Por vez primera en su historia, se va a tener que defender sola de manera colegiada. Y eso no va a ocurrir, por el acendrado pacifismo de la sociedad europea, subvencionado hasta hoy por los Estados Unidos.

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