El presidente de Vox Santiago Abascal interviene en un mitin en Vallecas (Madrid) /EFE
El presidente de Vox Santiago Abascal interviene en un mitin en Vallecas (Madrid) /EFE

El sistema de partidos en España ha cambiado poco desde los años 30 en España. Con todos los matices que queramos, y que serían materia de tesis doctoral, nuestra legislación ha favorecido un bipartidismo imperfecto con una formación predominante a la izquierda y otra a la derecha.

Desde la II República española, el Partido Socialista viene jugando ese papel de partido hegemónico en su espectro, salvo el susto de las dos primeras elecciones que perdió Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy, -comicios en los que el actual presidente del gobierno casi se vio superado por Unidas Podemos-. Estamos hablando, por consiguiente, de una Historia de fidelidad de voto en el que la marca ‘PSOE’ es tan fuerte, que ni siquiera los errores más garrafales de estrategia han conseguido hundir a una máquina de conseguir votos como es la del puño y la rosa.

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Sin embargo, el devenir de los hechos en la derecha es francamente diferente. En los años 30 la multitud de partidos, -desde el Monárquico, al agrario, pasando por la CEDA o los reformistas de Lerroux-, constituyeron un eje poco homogéneo en lo ideológico, pero sobre todo en lo que se refiere a la unión de los ‘Apparátchik’ de las distintas formaciones políticas.

Terminada la dictadura, la sopa de siglas deglutió en una amalgama informe los mini-partidos que iban surgiendo del posfranquismo en una coalición llamada Unión de Centro democrático, de cuyas siglas UCD, solo se cumplía la última. Ni había unión, -no hace falta más que acudir a la hemeroteca para comprobarlo- ni era de Centro, ya que en ese movimiento cabían ‘azules’, liberales, exfalangistas disfrazados, socialdemócratas y hasta algún nacionalista. No es de extrañar que el final fuera el que fue. Y no es de extrañar tampoco, que en tan solo 3 años, de 1979 a 1982, fueran capaces de ser la fuerza más votada a apenas tener una docena de diputados.

Se produjo ese mismo año, y por obra y gracia del mastodóntico triunfo de Felipe González, la explosión de la Alianza Popular de Manuel Fraga y el sorpasso en la derecha. Fraga y su AP venía de mínimos con su coalición de ministros franquistas, -los 7 magníficos-, y se convirtió, gracias al hundimiento ‘ucedeo’ en partido dominante. El CDS de Adolfo Suárez que todavía sobrevivía políticamente una década, fue apenas una anécdota desde el punto de vista del sistema de partidos.

Tras un largo periodo de bipartidismo y turnismo (gobiernos de Aznar, Zapatero y Rajoy), la dimisión de este último supuso una auténtica revolución en el sistema. Con la llegada de Pedro Sánchez al gobierno, pero sobre todo, con la irrupción de Unidas Podemos, Ciudadanos y Vox, se da un vuelco absoluto al arco parlamentario. Y es ahora cuando llegamos al inicio y al título de este artículo. ¿Es posible un sorpasso actualmente en la derecha a la vista de los cambios del último lustro? Definitivamente, sí.

Los estudios demoscópicos cada vez dan una mayor intención de voto al partido de Santiago Abascal, tanto es así, que algunas casas encuestadoras dan un empate técnico entre verdes y azules. El Partido Popular, tras una importante subida en intención de voto fruto del arrastre del triunfo de Isabel Díaz Ayuso en las elecciones madrileñas, ha ido sufriendo una lenta bajada debida, sobretodo, a la crisis de liderazgo del propio Pablo Casado en su enfrentamiento nada disimulado con la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Muy al contrario, Vox está siendo en los últimos meses una máquina de lanzamiento de líderes no solo a nivel nacional, como a nivel regional y local, y al menos de momento no se le conocen grietas importantes que hayan desgastado su imagen. Antes al contrario, han ido ganando protagonismo gracias a movimientos de alfiles clásicos como Ortega Smith o Iván Espinosa de los Monteros y la explosión definitiva de la que parece que es la reina del tablero en estos momentos: Macarena Olona.

Nadie en su sano juicio hubiera apostado por un sorpasso en la derecha en el año 1982; nadie hubiera pensado que un partido como Ciudadanos, -cuyas expectativas de voto en 2014 era de formación ganadora-, esté al borde de la desaparición, después de irrumpir y casi superar al Partido Popular hace dos elecciones; nadie hubiera imaginado que una formación como Vox, que apenas lograba 50.000 votos a nivel nacional en sus primeros intentos de entrar al Parlamento, ahora tenga casi 4 millones de apoyos. Por tanto, vista la historia y las tendencias en las encuestas, no es ni mucho menos aventurar un empate técnico que se convierta en un ‘sorpasso’ en las próximas elecciones generales en España. Los próximos meses, desde luego, serán decisivos en el devenir de una evolución de voto que se promete apasionante.

Francisco Carrera

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