El presidente de Vox Santiago Abascal interviene en un mitin en Vallecas (Madrid) /EFE
El presidente de Vox Santiago Abascal interviene en un mitin en Vallecas (Madrid) /EFE

Vallecas se ha convertido ya en el icono de la campaña electoral de Madrid. Los de Vox tuvieron la audacia de elegir la llamada ‘plaza roja’ para arrancar su campaña. Y se armó el belén. Porque la izquierda radical todavía considera que hay calles y plazas que son suyas. Todavía no ha entendido que Madrid es de todos…

Hay quien se atreve a afirmar que Vox se merecía las pedradas por haber ido a provocar. Son los mismos que paradójicamente se rasgan las vestiduras cuando alguien afirma que una violada iba provocando con su minifalda. ¿Vox sabía que acudir a Vallecas iba a provocar reacción? Probablemente. Porque lo que en realidad pretendía era evidenciar que la libertad es un bien escaso y que el totalitarismo violento sigue vivo. De paso, resucitaba electoralmente tras varios trackings preocupantes.

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La estrategia es la misma que la seguida en las catalanas y que tan buenos resultados ha dado. El centro de su mensaje es la lucha contra la okupación y la inmigración ilegal. Y quienes más sufren estos fenómenos son los barrios populares. Por eso el inicio en Vallecas. En realidad, están copiando el modelo Le Pen de arrebatar el voto a la izquierda con las preocupaciones reales del electorado de izquierda.

Sea negligencia o cálculo político, Marlaska es responsable moral de cada brecha provocada

Y la izquierda se revuelve. Los instalados tratan de mantener la estrategia de cordón sanitario y ninguneo. Pero los radicales no soportan su presencia. ‘Voilá’ los palos y piedras. Si Vox lo sabía, Interior también. Porque la policía no es tonta. Y la policía española tiene probablemente el mejor sistema de información del mundo. Aún así, el operativo fue escaso, un 40% menos de lo requerido, según los funcionarios asistentes. Y la orden fue de no disolver a los violentos que se ‘empoderaron’ atacando a la policía y poniendo en riesgo la integridad de muchas personas. 

O Marlaska se equivocó o prevaricó como con Pérez de los Cobos. O no dimensionó adecuadamente ni trató el problema con la estrategia adecuada o bien buscó el resultado porque tampoco se pudo resistir o porque -en realidad- le viene bien que Vox no desaparezca. Sea negligencia o cálculo político es responsable moral de cada brecha provocada.

Mientras, el vallecano de origen, el supuesto ‘macho alfa’ de la extrema izquierda, Pablo Iglesias, trata de aferrarse a su ‘estrategia minifaldera’ mientras reclama su indemnización de 5.316€ mensuales como exvicepresidente y se trabaja un puesto en el Consejo de Estado donde jubilarse si la operación madrileña no le sale como le gustaría. Precisamente en ese Consejo de Estado que afea al gobierno la ausencia de plan B contra la pandemia y el ninguneo sistemático del Ejecutivo. Todo en orden…

El anzuelo del pescador

Las autonomías buscan cobertura jurídica. Ante el anunciado fin del estado de alarma, las CCAA se blindan jurídicamente para poder disponer de un marco adecuado que les permita establecer restricciones para frenar la pandemia. ¿Mando único?

Ayuso es Merkel. Ahora que Merkel abre la puerta a la Sputnik rusa resulta que todas las CCAA le piden al gobierno que presione a Bruselas para poder disponer de la Sputnik cuanto antes. ¿Sólo a Ayuso se le había ocurrido antes?

Separatistas unidos. Los secesionistas catalanes andan a la greña por la investidura. ¿El problema? Quién manda aquí. ¿Solución? Órdago a España. ERC, JxC y CUP se han unido para exigir una solución al “conflicto” antes del 2023. Brindis al sol con terminología batasuna.

¿Abalos? Los dueños de Plus Ultra trataron de vender la empresa por 2,5 millones de euros y no lo consiguieron. Sí han logrado que el gobierno español les rescate por 53 millones de euros. ¿Hay alguien ahí?

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