Pasos de Semana Santa en miniatura realizados por niños durante el confinamiento por coronavirus en España.
Pasos de Semana Santa en miniatura realizados por niños durante el confinamiento por coronavirus en España.

Ha sido la Semana Santa más intensa, mejor vivida y más bonita.

Esta Semana Santa en casa hemos sufrido con los que sufren, hemos llorado con los que lloran, hemos acompañado a los que están solos… Como nunca lo habíamos hecho. Hemos sentido cerca el dolor, la cruz, la muerte y la certeza de la resurrección.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Hemos vivido la soledad espiritual, hemos sentido que nos faltaba Jesús, hemos vivido en nuestros corazones el sagrario vacío…le echamos de menos.

Estos días de Semana Santa, en casa, el centro era Él y sólo Él. No había que correr para llegar a los oficios y llegar tarde de todas formas, quedarse de pie detrás y no enterarse de casi nada, con la consiguiente frustración y cargo de conciencia. No había que ir buscando el recorrido de las procesiones, tratar de ver algo, intentar que lo pequeños no se hartasen de esperar y no lograr disfrutarlas como querríamos. No había que pasar la Hora Santa intentando no distraerse con el señor que tose a cada rato, la señora que canta mal o el abrigo tan ideal de aquella otra… Ni había que decidir qué monumentos visitábamos y si lo hacíamos en el centro, tan bonito y con tanto sabor a tradición, pero achuchados por la gente. Las Semanas Santas de siempre, maravillosas, en las que la emoción y la pasión por las tradiciones se unen al amor a Dios en cada rincón de España y de nuestros corazones.

Este año, esa emoción y ese amor, lo hemos palpado en casa, lo hemos sentido en el salón, y lo hemos recibido de los nuestros. Hemos estado en los oficios en primera fila, la procesión por la terraza pero con imágenes, marcando el paso, música y mucha ilusión, la Hora Santa para nosotros solos, sin distracciones, todos juntos – también los pequeños que otros años no vienen-, alargándola después hasta las tantas, tranquilamente, sin prisa, haciendo turnos de vela toda la noche porque este año sí se podía hacer, el Via Crucis por el pasillo y la escalera llenando la casa de cruces hechas de palos  y de dibujos de las estaciones….

Semana Santa en casa. Y cada año, recordaremos esos oficios, esa Hora Santa, esa procesión… y el salón de casa nos recordará que Jesús estuvo allí esa Semana Santa, en nuestro salón,  y que el jueves Santo pasó allí toda la noche con nosotros, sonriéndonos. Que no tenerle fue también un regalo.

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