Ilustración de la llegada a América de Cristóbal Colón.
Ilustración de la llegada a América de Cristóbal Colón.

Iniciamos este comentario citando unas frases del mismísimo Cristóbal Colón quien las escribió de su puño y letra en su Diario a bordo de la carabela “Santa María”:

“Y porque la carabela Pinta era más velera e iba adelante del Almirante, halló tierra e hizo las señas que el Almirante había mandado. Esta tierra la vio primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana; puesto que el Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa vio lumbre, aunque fuese cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra…”

Según esto, el Almirante don Cristóbal nos informa que fue dos horas después de la media noche -o sea en la madrugada del 12 de octubre de 1492- cuando apareció la tierra.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Una vez que hubo amanecido, aquellos rudos marinos que estaban casi enloquecidos por tan larga travesía, pudieron ver el espectáculo fascinante que les brindaban las tierras del Nuevo Mundo.

Apegándose estrictamente al ritual jurídico y religioso, Cristóbal Colón toma posesión de aquellas tierras en nombre de la Corona de Castilla lo cual fue posible gracias a la generosidad de la reina Isabel que había financiado la expedición.

Un Nuevo Mundo había sido descubierto, interpretando el verbo “descubrir” en el sentido de que se quitaba aquello que lo cubría.

Y, una vez descubierto el Nuevo Mundo, los europeos de fines del siglo XV no daban crédito a la nueva realidad que se presentaba ante sus asombrados ojos.

No obstante, no era solamente España y el resto de Europa quienes descubrían algo nuevo; eran también los primitivos habitantes de las tierras recién descubiertas quienes descubrían algo novedoso que habría de darles una esperanza ante la llegada de una vida mejor.

Y es que fue a partir del 12 de octubre de 1492 cuando los aborígenes del Nuevo Mundo que se hallaban sumergidos en las tinieblas de la idolatría descubrieron el camino, la verdad y la vida.

Fue a partir de aquel 12 de octubre de 1492 cuando América descubrió a Cristo.

Y es que un día antes de tan memorable fecha América no existía.

En las primitivas comunidades prehispánicas no existía la mínima conciencia de formar parte de un gran continente que se extendía desde el Polo Norte hasta el Polo Sur.

El territorio americano era amplio y difuso. No existían gobiernos que marcasen las actuales fronteras. Mas bien tan inmenso continente era habitado por un mosaico de pequeños reinos y tribus hostiles entre sí que no tenían conciencia de formar parte de un todo común.

Consecuencia de ese mosaico de pequeños reinos y tribus en tierras de continente habitaban razas muy diferentes unas de otras como eran -entre otras muchas- los sioux, apaches o navajos en Norteamérica; los aztecas, mayas y purépechas en lo que hoy es México: o incas, guaraníes o mapuches en América del Sur. En fin, un largo etcétera difícil de enumerar.

Por supuesto que tampoco existía un idioma común que diese cohesión a esa variedad multiforme de reinos y razas. Una auténtica Babel de lenguas era la que existía a todo lo largo y ancho del continente.

Y de la religión mejor ni hablar puesto que cada reino, e incluso cada tribu, adoraba a las más extrañas y caprichosas deidades.

Un mosaico de razas, lenguas y religiones con el que se topó España en el momento de descubrir América.

Sin embargo, todo empezó a cambiar a partir de aquel 12 de octubre: Gracias a la evangelización y a la lengua castellana, en muy poco tiempo, América se transformó en una entidad que antes no existía.

A continuación, y como conclusión, citamos la opinión de Vicente Riva Palacio, historiador mexicano, caracterizado por su liberalismo anticatólico, así como por ser enemigo de España. Así lo señala en su libro ‘Resumen integral de México a través de los sigloss’ (Pág. 169)

“El descubrimiento de las Indias era una necesidad de la ciencia, la conquista de ellas un derecho de la humanidad, y la conversión al cristianismo de sus habitantes una exigencia de la civilización y del progreso. Medio mundo no podía estar ignorado del otro medio. Los pueblos descubiertos por Colón eran como una nota discordante en el progreso general, y tenían que hacer en pocos años el largo camino que había costado muchos siglos a los del antiguo continente”

¿Quién lo hubiera creído? Un autor anticatólico y anti hispanista defendiendo la obra civilizadora de España y de la Iglesia.

“Cosas veredes, Mío Cid, que farán fablar las piedras”

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Abogado, historiador y periodista. Editorialista de el Heraldo de México (1973-2003). Colaborador de varias revistas mexicanas y españolas. Corresponsal en México de la revista Iglesia-Mundo (1981-1994). Autor de 'La cruzada que forjó una patria' (1976); 'Forjadores de México' (1983); 'Los mitos del Bicentenario' (2010) e 'Isabel la Católica. Su legado para México (2013).