Arrodillados en Bilbao Fuente @EcuadorEtxea
Arrodillados en Bilbao Fuente @EcuadorEtxea

De pronto resulta que las vidas de los negros importa (Black Live Matter). Todos los años mueren asesinados miles de ellos en EEUU -la mayoría a manos de otros negros, pero esto no lo cuentan los telediarios-, y sin embargo es justo ahora, precisamente ahora, cuando el tema no solo importa sino que se convierte en bandera de una pequeña revolución en Norteamérica, con su réplica buenista en todo Occidente, que se da golpes de pecho por ser racista, xenófoba y supremacista blanca.

Ni siquiera el premio Nobel de la Paz Barack Obama, que presumía de ser un émulo de Martin Luther King, pudo evitar los asesinatos de afroamericanos a manos de policías. Pero no había masas vociferantes e incendiarias cercando la Casa Blanca, ni tampoco penitentes blancos postrándose de hinojos. 

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¿Por qué ahora sí? ¿Qué se esconde detrás de las protestas vandálicas por el asesinato de un hombre de color, George Floyd, a manos de un policía? Un crimen execrable, sin duda, pero que ha provocado una reacción claramente desproporcionada, sospechosamente desproporcionada. ¿Qué hay detrás del acto penitencial laico de muchedumbres de pijos blancos entonando el mea culpa?

El establishment progre quiere evitar un segundo mandato de Trump

Una explicación es que estamos en año electoral y el establishment progre pretende desalojar a toda costa a Trump de la Casa Blanca. La pandemia le ha servido en bandeja la ocasión con la crisis económica que desmonta parte de la labor de reconstrucción realizada por el presidente republicano, tras la calamitosa gestión de Obama. Aunque el tiro les está saliendo por la culata (en mayo se han creado 2’5 millones de puestos de trabajo).

La muerte del negro Floyd a manos de la Policía era un buen pretexto para aquilatar el estereotipo racista, supremacista e intolerante de Trump. Lo intentaron con el Rusiagate y pincharon en hueso, porque era pura paranoia. Ahora arrecian porque las elecciones son en noviembre. Trump era un verso suelto, un empresario que no obedecía las consignas globalistas de George Soros y el Nuevo Orden Mundial. No estaba previsto que llegara al poder, pero hete aquí que el pueblo votó en 2016 lo que no debía -según ellos-. 

Así que orquestan, por un lado, el aquelarre vandálico de los antisistema quemando iglesias o asaltando supermercados; y activan el masoquismo buenista, por otro, para que el norteamericano medio se autoflagele por el terrible delito de ser blanco y occidental pidiendo perdón ante brigadas de cafres aullantes. 

Cada año mueren varios afroamericanos a manos de la Policía, pero sólo se han organizado protestas y disturbios tan graves como los de ahora, en vísperas de que Joe Biden, que fue vicepresidente con Obama, se asegurara formalmente la candidatura demócrata ¿casualmente?

El anticristianismo ha sustituido a la cultura cristiana, pero ha quedado el gesto de inclinar la rodilla, en una parodia de genuflexión

Desembarco del Foro de Sao Paulo en EEUU

Coincidiendo con el aniversario del Desembarco de Normandía (6 de junio), hemos visto en EEUU otro tipo de desembarco, las primeras barcazas de los “marines” antifas y antisistema han invadido varias ciudades sembrando fuego, saqueo y destrucción. El pretexto, la muerte de Floyd. 

Era la ocasión de lanzar su primera gran ofensiva sobre suelo norteamericano. Creado por Fidel Castro y Lula da Silva en 1990, nada más caer el Muro de Berlín y cuando el comunismo se iba por el sumidero de la historia, el Foro ha pretendido resucitar al dinosaurio rojo, infiltrándose en Occidente mediante el marxismo cultural (con remozados arietes, como el feminismo radical, el ecologismo, la ideologia de genero o el especismo). Para lograrlo era esencial controlar la educación y sustituirla por el adoctrinamiento; a los medios de comunicación; a la cultura -y singularmente la audiovisual; y a la democracia, pervirtiéndola al borrar la separación de poderes y lograr que los jueces quedaran sometidos a los gobernantes (no sé si les suena esto último a los lectores españoles). 

La horda antisistema y antifa no es sino el involuntario brazo armado del que se vale el Foro para agitar la calle y -en este caso- presentar a Trump como un Mussolini de pelo color zanahoria, que se merienda vivos a gais, lesbianas, negros o hispanos. Los neomarxistas del Foro de Sao  Paulo saben lo que hacen cuando recurren a esa amalgama de izquierda radical y anarquismo para quemar coches, saquear tiendas o ponerse delante de los fusiles de la Guardia Nacional a ver si, con un poco de suerte, se les escapa un tiro y tienen un Martin Luther King.

Los misiles del Pacto de Varsovia han sido sustituidos por caballos de Troya que el marxismo cultural ha dejado como regalito dentro de la sociedad occidental: desde el animalismo al MeToo.

El odio a Occidente, la religión que profesa… Occidente

El problema no son solo los caballos de Troya del marxismo cultural sino también el terrible complejo de inferioridad de Occidente. El masoquismo con el que se flagela forma parte de una nueva religión que ha sustituido a la verdadera, como señala el británico Douglas Murray en libros como La masa enfurecida o La extraña muerte de Europa

La nueva religión, que tiene sus dogmas, su liturgia y su pecado original consiste en una suerte de cristianismo al revés. Algo parecido a lo que ya ensayó el marxismo -con sus Novísimos y sus peculiares infierno y paraíso-; lo repite ahora este neopaganismo. Dios ha sido desplazado, y los credos totalitarios (primero el comunismo y ahora la ideología de género) han llenado la peana vacía. 

Europa y EEUU parecen arrepentirse ahora de su Historia, de su contribución a la civilización -con todas sus luces y sombras-, y se dedican a pedir por ser blancas y cristianas, o por haber aportado a la Humanidad la luz eléctrica, la penicilina, las sinfonías de Mozart, la Summa Teológica o la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 

El antioccidentalismo ha sustituido al occidentalismo, como si este fuera una deshonra. El anticristianismo ha sustituido a la cultura cristiana, pero ha quedado el gesto de inclinar la rodilla, en una parodia de genuflexión. Y ahí los tenemos a quienes nunca les ha preocupado la suerte de los negros postrándose: los miembros de la Guardia Nacional, el premier pijoprogre de Canadá Trudeau, y hasta los “triunfitos” de la Televisión Española, en un  patético karaoke buenista. 

En el caso de los uniformados, la foto de rodillas ante la horda de manifestantes parece  un “remake” de la Caída del Imperio Romano… basta sustituir a la Guardia Nacional de EEUU (o a los policías londinenses reculando como damiselas ante los revoltosos) por los legionarios del siglo V, humillados ante los godos, los hunos o los vándalos. Esas fotos son el resumen gráfico de la decadencia. Es la derrota de la civilización a manos de la barbarie. 

No se ha visto ni una sola rodilla en tierra pidiendo perdón por esa otra masacre transversal, que afecta por igual a niños blancos, negros o amarillos: el asesinato del bebé en el seno materno

Ni les importa la vida de los negros… ni la de los blancos

Resulta significativo que marchas como la de Washington o de medio Occidente se hagan por el caso de George Floyd, y nunca se haya visto nada parecido cuando mueren inocentes (y a mansalva) en Venezuela, China, Cuba o Irán. Cuando los víctimas son ciudadanos -sean de la raza que sean- de regímenes totalitarios, la vida no importa.

Tampoco importa la vida de otro tipo de inocentes -más inocentes, si cabe- los más de 61 millones de bebés asesinados en el seno materno, desde que se despenalizó el aborto hace 47 años en EEUU.  Ni una sola rodilla en tierra se ha visto pidiendo perdón por esta otra masacre transversal, que afecta por igual a niños blancos, negros o amarillos, de un sexo y de otro. En realidad, el primer presidente norteamericano que ha tratado de poner coto a ese atentado contra la dignidad humana ha sido Donald Trump, cerrando el grifo a Planned Parenthood, o encabezando la Marcha por la Vida. Y eso no se lo perdona el establishment progre.

El oportunismo del Black lives matter demuestra que el triste asesinato de Floyd no es más que una excusa. Cuando una sociedad desprecia la dignidad inviolable de la persona, la vidas dejan de ser un fín en sí mismas para convertirse en medios al servicio del interés político o ideológico. Ya sean blancas o negras.

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.