Andres Manuel López Obrador cosecha un resultado agridulce en las elecciones del 6J
Andres Manuel López Obrador cosecha un resultado agridulce en las elecciones del 6J

Con una gran participación ciudadana en las urnas que llegó al 52 por ciento, las elecciones intermedias en México tuvieron como sello detener a López Obrador en su intento por reformar la Constitución a modo y cederle territorio en buena parte del país.

Y la joya de la corona de la participación ciudadana fue arrebatarle la mitad de las alcaldías de la capital del país y recuperar para la derecha la zona conurbada con el estado de México, una emblemática zona de las clases medias que controlaba el partido oficial.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Este fue un triunfo de las organizaciones ciudadanas que el último año -aún con la pandemia- salieron a las calles, convocaron a la unidad  y llamaron a generar un equilibrio de poderes frente a un régimen que busca destruir todo el pasado político y estructurar con miras a instaurar un estado de bienestar, inspiración similar a gobiernos populistas sudamericanos.

Uno de los aspectos más debatidos es la forma de gobernar de López Obrador y su praxis política, pues aunque para un sector conservador puede ser similar a Maduro o a ciertos radicales del Foro de Sao Paulo en realidad sigue el guión del viejo priismo, donde él fue formado.

Las elecciones del 6 de junio

En las elecciones del seis de junio se jugaron 500 diputaciones federales (300 de mayoría y 200 de lista); se renovaron 15 gobiernos estatales, congresos locales y alcaldías. De 32 estados del país, solo en dos no hubo elecciones. 

La reconcentración del poder presidencial a través de las alianzas con factores de poder y con grupos hereditarios del viejo sistema son dos de las primeras lecturas relevantes tras los resultados de los comicios del domingo seis de junio.

Morena, el partido oficial tuvo un avance sustancial en gubernaturas y mayorías en congresos locales y esto les permite estructurar territorialmente el proyecto de López Obrador.

El PRI fue la clave, pues entregó sus ocho gubernaturas que estaban en juego, incluyendo Campeche, presunto enclave del dirigente nacional del tricolor, Alejandro Cárdenas Moreno.

Siete pasaron del PRI a Morena: Campeche, Colima, Guerrero, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas; y una más, San Luis Potosí pasó a manos de su aliado principal, el Partido Verde Ecologista de México.

Como lo dijo el Presidente en la mañanera del lunes 7, al iniciar las campañas, Morena solo gobernaba un estado en juego y al final se quedó con once más junto con sus aliados.

Después del seis de junio Morena tiene 17 gobiernos estatales y su aliado el PVEM, uno (que la oposición ha exigido un recuento de los votos); el PAN se queda con ocho; el PRI se derrumba hasta 4; Movimiento Ciudadano sube a dos.

Coahuila, estado de México, Hidalgo y Oaxaca son las entidades gobernadas bajo las silgas del PRI, aunque en realidad son nada más tres, como veremos más adelante.

En cuanto a la votación por partidos en la disputa por los congresos locales, Morena solo (sin aliados) logró la votación más alta en 22 estados y eso le permitió mantener el control de la mayoría en los congresos del país.

Morena conserva su mayoría en 18 estados; el PAN se queda con siete; el PRI se derrumba a uno al igual que Movimiento Ciudadano y hay otros cinco legislaturas locales divididas.

Con esas tendencias la primera conclusión es que el Presidente López Obrador reconcentra el poder en su partido a cambio del derrumbe del PRI.

Un PRI fragmentado, disminuido, con algunas de sus corrientes arrinconadas (como el caso del grupo del ex presidente Enrique Peña Nieto) y con otras de sus figuras desaparecidas del escenario, como Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón.

Esto podría generar una disputa por la marca y la estructura legal del otrora partidazo en el poder. 

Algunas señales permiten vislumbrar la participación de grupos fácticos en el proceso, por ejemplo: en Sinaloa hubo denuncias de grupos armados que generaron violencia mientras que en San Luis Potosí no hay explicación lógica de una movilización a favor del candidato del PVEM a la gubernatura cuando su influencia histórica ha sido en un solo municipio de la entidad y en la tierra caliente michoacana –incendiadas sus praderas unos días antes de las votaciones– la jornada transcurrió en calma para que se alzaran con el triunfo los candidatos a diputados federales de Morena y sus aliados.

Ni tan verdes

El Partido Verde Ecologista de México es la expresión de una de las corrientes del viejo sistema, herederos del diazordacismo y aliados ocasionales del poder, como lo son ahora del régimen de López Obrador.

Si las tendencias se confirman, el PVEM tendrá unos 40 diputados federales, con lo que le arrebata a Dante Delgado y su partido MC, la aspiración de ser el partido bisagra los próximos tres años.

Un dato reciente puede ilustrar el nivel de complicidad de los verdes con López Obrador: el senador que incluyó de último momento la extensión de mandato del presidente de la Corte por dos años dentro de la reforma al Poder Judicial es del PVEM, de Oaxaca es un joven de 33 años y se llama Raúl Bolaños-Cacho Cué.

Proviene de una de las familias de abolengo social y político en esa entidad… siempre al servicio del PRI, en particular de la familia Murat.

Su padre, Raúl Bolaños – Cacho Guzmán inició su carrera bajo el gobierno de José Murat Casab y fue presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado y actualmente es Cónsul General de Sao Paulo, Brasil… designado por el Presidente López Obrador.

La experiencia administrativa del joven senador Bolaños-Cacho Cué inició hace apenas siete años como secretario particular del entonces director general del INFONAVIT, Alejandro Murat Hinojosa, quien se lo llevó como secretario de Desarrollo Social y Humano como gobernador de Oaxaca de 2016 a 2018. Y esa es su única trayectoria.

Solo como detalle: Murat Hinojosa fue formado al amparo del grupo del entonces gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto en cuyo periodo estatal el PVEM jugó exactamente el mismo papel que ahora.

Quedan pocas dudas para vislumbrar el papel que seguirá jugando el PVEM en los próximos tres años.

La reactivación ciudadana

La polarización desde el poder provocó que el nivel de participación en las urnas vaya a alcanzar -de acuerdo a las proyecciones del INE- entre el 51.7 al 52.5% en unas elecciones intermedias.

Ese rango es el más cercano a un proceso intermedio, el de 1997 cuando el registro de participación rompió récord con un 57.69. Fruto de esas votaciones el PRI perdió por primera vez la mayoría en la Cámara de Diputados federal, fue la primera Legislatura de alternancia.

Gracias a la participación ciudadana en estas elecciones se logró tener un equilibio de poderes federales, al evitar que Morena y sus aliados obtuvieran de nuevo la mayoría calificada en el Congreso de la Unión; también fue posible arrebatar las alcaldías de la zona poniente de la Ciudad de México así como las de la zona conurbada norte con el estado de México.

Esa articulación y esfuerzos provenientes de muchos lados es la experiencia a consolidar pues enfrente la agenda presidencial contempla el sometimento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; la consulta para enjuiciar al pasado desde el sexenio de Carlos Salinas hasta Enrique Peña Nieto y la revocación de mandato en el primer trimestre del año entrante.

López Obrador ha logrado reconcentrar el poder como en los mejores tiempos del priismo; busca doblegar a los otros poderes a través de prácticas políticas similares a ese viejo priismo, populista y autoritario. Pero la gente no le ha dado ni todo su amor, ni todo el poder para su proyecto.

Solo la organización ciudadana, generosa, articulada se alza como el instrumento para construir mejores tiempos para el país.

Héctor Moreno es periodista y director de campañas de CitizenGO en México

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