Vecinos del madrileño barrio de Salamanca se manifiestan contra el Gobierno por su gestión en la crisis del coronavirus / EFE

La izquierda está tratando de recuperar la palabra patria, después de décadas de burlarse de ella. Dice que la patria son las cosas de comer, no los apellidos, ni la nacionalidad, ni el color de la piel. Pero luego hacen listas negras de excluidos: los fachas, los votantes del ‘trifachito’, los madrileños, los cazadores… Bienvenidos los inmigrantes ilegales, fuera los taurinos. Los últimos expulsados son los pijos.

Cada vez que sale un ministro, sobre todo si es morado, y habla, es como ese borracho que (perdón por la imagen) se mea en la piscina de la urbanización y se asombra de que le griten.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Los últimos alivios de Alberto Garzón y Salvador Illa han consistido en despreciar la primera industria nacional y cargársela con la exigencia de una cuarentena de catorce días para los turistas que vengan. En cambio, en Grecia ya han abierto quinientas playas. ¡Será que Grecia, en realidad, está más al oeste que España y por eso tuvo tiempo para prepararse contra el Covid-19, según la sesuda explicación de la ministra Ribera, esa salvamundos!

La estrategia del Gobierno para anular las protestas era: no hablar de ellas, achacarlas a niños bien y, por último, asociarlas a chiflados

Encerrados y arruinados. Y encima tenemos que aguantar los sermones de Pedro y Pablo, las riñas del maldito Simón, las risas de Yolanda Díaz y los trabalenguas de Montero. El Gobierno paritario ha roto el último lazo que le ataba a muchos españoles que estaban deseando creerle: la esperanza. El anuncio por Sánchez el sábado pasado de que iba a pedir una nueva prórroga del estado de alarma por un mes, hasta finales de junio, ha sido la famosa gota que ha derramado el vaso.

Un vaso que han llenado la campaña permanente contra la Comunidad de Madrid; las mentiras descubiertas hasta por la CNN y ocultadas por TVE; el uso obligatorio de mascarillas dos meses después de que Simón dijese una y otra vez que no eran necesarias; los miles de ancianos muertos abandonados en residencias; el país con mayor porcentaje de fallecidos del mundo; los miles de sanitarios contagiados; los chanchullos en la compra de material sanitario; los miles de comercios y empresas cerrados; los cientos de miles de parados; las colas de hambrientos…

Las protestas primero se expresaron mediante caceroladas en algunos balcones, no muchos. Fueron creciendo. Y ya desde hace días grupos de ciudadanos salen a las calles a expresar su hartazgo.

Las únicas protestas que cubrieron las televisiones fue una cacerolada contra el Rey, hasta que estalló la del barrio de Salamanca

La estrategia del Imperio Progre consiste en eliminar las quejas a la gestión de su Gobierno. Mantener la unanimidad del aplauso. Y la táctica es negar la existencia de protestas. Así, las televisiones, como TVE y La Sexta, cubrieron una cacerolada promovida por Podemos contra el Rey el 18 de marzo, pero no las caceroladas contra Sánchez.

Ahora, ante la existencia innegable de esas manifestaciones, la táctica pasó por dos fases. La primera, que se trata de un acto minoritario montado por pijos. Para criminalizar a los ciudadanos, el Imperio Progre convocó a sus propagandistas más inmorales.

Antonio Maestre escribió en Twitter el 25 de febrero lo siguiente: “Es más probable morir atropellado porque la mascarilla para protegerte del coronavirus se mueva y te tape los ojos que por el propio virus”. También escribió, y lo borró más tarde: “Las mascarillas de papel son un identificativo similar al de las pulseras magnéticas o el fachaleco. Siempre a favor de que la gente se autoseñale para evitar que nos relacionemos con ellos”.

El diputado Echenique niega derechos fundamentales a los ciudadanos en función de su renta o su domicilio

Semejante genio del humor ha redactado un artículo en el que busca el enfrentamiento social entre los madrileños de Aluche y los de Salamanca. Ricos y pobres. Explotadores y oprimidos. Y lo dice quien goza del privilegio de cobrar por opinar en La Sexta. Un antisistema indómito, ¿verdad? 

“Los que se manifiestan en el Barrio de Salamanca son solo gorrones del esfuerzo ajeno. Acostumbrados a abusar del trabajo de sus empleados y criadas no extraña demasiado que ahora se aprovechen del sacrificio de millones de españoles que han aguantado estoicamente en sus pequeños pisos mal ventilados de barrios obreros. Es su condición social: parasitar.”

El diputado Pablo Echenique escribió (25-2-2020): “En las portadas y en las tertulias, el coronavirus corre desbocado y es una peligrosísima pandemia que causa pavor. En el mundo real, el coronavirus está absolutamente controlado en España”.

Para él, la cacerolada en la calle de Núñez de Balboa fue una “Concentración de pijos pudientes y maleducados y algún que otro simpático neonazi”. Para él, los derechos fundamentales, como el de manifestación, dependen del patrimonio personal, del domicilio o de las ideas que a él le gusten.

Estos dos y otros opinadores identifican a los vecinos de Salamanca con pijos y luego los presentan como enemigos del pueblo, subhumanos o ‘kulaks’. Mismo proceso que empleó, no ya Lenin contra los campesinos, sino los etarras contra los malos vascos de Neguri, para justificar sus asesinatos y sus extorsiones.

El barrio de Salamanca es tan de clase de media que en él no vive ningún ministro o ex ministro socialista

Como no toda España es, como ha escrito Fernando Ónega (La Vanguardia, 16-5-2020), “el selecto barrio de Salamanca de Madrid”, ni todos los protestantes son pijos con 4×4, la segunda fase consiste en advertir a los asistentes a las manifestaciones en Sevilla, Alicante, Santander, Alcorcón o Toledo que están siendo manipulados por fachas, devotos de las conspiraciones y enemigos de la ciencia. ¡Lo dicen los mismos que aseguraban que el Covid-19 no pasaba de ser una gripe o que el machismo mata más!

Pero las gentes que temen que su libertad está en riesgo y, además, se han quedado sin trabajo, no suelen prestar atención a la propaganda gubernamental que sostiene que estamos en la “gama alta del éxito”. Los pretorianos más viejos del Imperio Progre, como Rosa María Mateo y Rosa Villacastín, no comprenden que sus palabras ya sólo tienen efecto sobre los convencidos que buscan un argumentario.

Una aclaración a Antonio Maestre y otros opinadores que recurren a las categorías de clase para entender la realidad. Los verdaderos ricos viven en La Moraleja, en Boadilla del Monte y en Pozuelo de Alarcón. El barrio de Salamanca reúne a gente de clase media. Es tan normal que en él no vive ningún ministro o exministro socialista.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).