Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana de Cataluña /EFE
Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana de Cataluña /EFE

Los secesionistas están crecidos tras la sentencia de Luxemburgo. Interpretan que el Tribunal de Justicia de la UE ha desvelado el carácter político del juicio del procés, que su condena es injusta y que deben de ser excarcelados.

Sin embargo, Luxemburgo no dice nada de todo eso. Al contrario, afirma que el Supremo tenía razones para mantener a Junqueras en prisión provisional dados los graves delitos de los que era acusado y el evidente riesgo de fuga tras el precedente de Puigdemont. Lo que afea Luxemburgo al Supremo es que no dejará a Junqueras salir de la cárcel para recoger su acta de europarlamentario accediendo así a su inmunidad parlamentaria.

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Más allá del impacto político de la sentencia y de la desautorización que supone para el Supremo, técnicamente creo que la decisión es muy discutible. Porque los delitos por los que Junqueras fue procesado y condenado son previos a las elecciones en las que resultó elegido. ¿Puede un delincuente presentarse a unas elecciones con el objetivo de buscar la inmunidad?, ¿no es -por el contrario- la inmunidad un mecanismo especial para proteger a los diputados?

En todo caso, la sentencia de Luxemburgo no inhabilita la sentencia del ‘procés’ y la condena. Por lo tanto, no ha lugar a la excarcelación como plantean los secesionistas. No conviene confundir inmunidad con impunidad. Porque en todo caso, aunque el Supremo hubiera seguido la interpretación -errónea, a mi juicio- de Luxemburgo, Junqueras hubiera tomado el acta de eurodiputado y el Supremo habría pedido su suplicatorio. Ningún cambio.

La sentencia de Luxemburgo complica el escenario. Entre otras cosas porque el Parlamento Europeo interpreta ahora que Puigdemont sí tiene derecho a recoger su acta de diputado.

Ser diputado no es -no puede ser- un cheque blanco delincuencial. Y menos de delitos cometidos con anterioridad a tu condición de diputado…

Pero es obvio que la sentencia de Luxemburgo complica el escenario. Entre otras cosas porque el Parlamento Europeo interpreta ahora que Puigdemont sí tiene derecho a recoger su acta de diputado. Lo hará gracias a la deslealtad de Bélgica que decide no aplicar la euro-orden “porque yo lo valgo” sin que reciba ninguna reprimenda por ello. A pesar de la humillación, nada cambiará. Llanera pedirá el suplicatorio para el europarlamento y mantendrá la euro-orden.

¿Habría ocurrido algo parecido con Francia o Alemania? Me aventuró a contestar que no. ¿Por qué? Porque Francia y Alemania se toman en serio sus países, defienden la unidad nacional y no admiten veleidades. Ellos se respetan y se hacen respetar. ¿Cómo pretendemos los españoles que Luxemburgo y el Parlamento Europeo nos respete si nuestras instituciones llevan mirando a Cuenca desde hace demasiadas décadas?

En política nacional, el ‘palo luxemburgués’ envalentona a los de ERC que piden un “gesto al Estado” para seguir negociando. Fuegos artificiales. Porque ERC sabe que no tienen mejor escenario que Pedro Sánchez. Aún así, Sánchez seguro que tendrá algún gesto. Por la gobernabilidad. Y por el sillón. ¿Pagará? Para quien no piensa pagar nada es caro…

El anzuelo del pescador

Spexit. Las decisiones de Luxemburgo y del Parlamento Europeo alimentan la voluntad de Spexit de muchos. La diferencia con Gran Bretaña es que aquí no hay un Farage por mucho que algunos se empeñen. Entre otras cosas porque la UE es el muro de contención presupuestaria de los irresponsables políticos nacionales.

Tsunamic fracasó. No porque no sean unos profesionales del boicot, la revuelta y la propaganda, sino porque son el brazo armado de ERC y los republicanos optaron por destensar la cuerda ante la expectativa de gobierno con concesiones antes de las uvas.

Pensionistas. Son los únicos ilesos de la crisis. Su renta media es superior a antes de la crisis, asegura el Banco de España. Pero la gerontocracia sigue presionando. Hasta que estalle.

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