Pablo Iglesias, secretario general de Podemos. /EFE
Pablo Iglesias, secretario general de Podemos. /EFE

Tres enemigos tiene el Gobierno. Los mencionó Pablo Iglesias en la sesión de investidura de Pedro Sánchez. El primero, los medios de comunicación. Le seguían los jueces y las manifestaciones de los ciudadanos en la calle. De los jueces dijo que no debían anteponer su ideología conservadora.

Para Iglesias no existe el Derecho; sólo piensa en términos de ocupación o desalojo del poder, y en ju ejercicio sin trabas. Esa acción desnuda, brutal, del poder, la piensa ejercer desde la ficción de que él, y sólo él, representa al pueblo. Por eso su selección léxica: apuntaba a las “algaradas”.

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Pero su primer enemigo son los medios de comunicación y a ellos se ha referido. También Sánchez. El presidente ha rescatado la doctrina-PRISA: cuando el partido está en el gobierno, la derecha y los medios desafectos se dedican a crispar. Sánchez sólo ha añadido: “Nosotros somos constitucionalistas”, (ha dicho en primera persona) “y asumimos la diversidad”. Pero esto es como el dicho de los ingleses sobre los paraguas: “Pueden ser de cualquier color, siempre que sea negro”. Los socialistas creen en la diversidad ideológica, siempre que les den la razón. 

Iglesias va más allá del canon socialista. Se ha acercado a la cuestión desde lo que los estadounidenses llaman el “Estado profundo”. Aquí lo llamamos “cloacas del Estado”, una metáfora con la que no estoy muy de acuerdo, porque no es que sean una infraestructura sucia y necesaria, sino que el poder es así y prefiere no mostrarse.

“Queridos amigos de las cloacas, estamos en el gobierno”. A mí la frase no me ha llamado la atención, lo que me sorprende es que quien presume de haber organizado las algaradas, estás sí, del 11M, la diga de forma irónica. Sé que el lector no tiene mascarilla, pero déjenme ponerme los guantes para manejar las palabras de Iglesias. 

Dice que esa maquinaria del poder “ha ofendido la dignidad del periodismo al lamer las hemorroides del poder”. De este modo, ha asestado “el mayor ataque a la deontología del periodismo y a la libertad de expresión”.

El periodismo ejerce su función fondeando entre las estructuras del poder, aprovechándose de sus grietas, moviéndose entre los entresijos del Estado. Iglesias quiere un poder sin grietas, sin resquicio para la deslealtad a su persona, sin opción para el ejercicio del periodismo. 

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