«La ausencia de Paolo ha sido muy dolorosa, porque es un hombre muy culto que ha dado su vida al servicio del diálogo y de la paz; defendió los derechos del hombre en esta región devastada». Así es como recordaba el patriarca caldeo Louis Sako al sacerdote jesuita Paolo Dall’Oglio, mucho antes de los mil días del aniversario de su desaparición. Pero ¿por qué es importante, no ya tanto para nosotros, sino para los sirios, mantener viva la memoria del P. Dall’Oglio?

La historia del jesuita italiano está relacionada con la de dos obispos, el sirio ortodoxo Mar Gregorios Yohanna Ibrahim y el griego ortodoxo Boulos Yazigi, que fueron secuestrados en Siria el 22 de abril de 2013, delante de él.  

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No es sorprendente que el domingo el Papa Francisco pidiera una vez más su liberación. Tres secuestros dramáticos, como los de tantos sirios secuestrados o aspirados por los oscuros vórtices sirios de hace años. Quizás esta es la razón por la que vale la pena recordar al pastor sirio que se convirtió hasta la médula en uno de ellos. 

Uno o dos días antes del 29 de julio de 2013, a pesar de que ser consciente del hecho de que por un decreto de expulsión estaba bajo vigilancia especial, el padre Dall’Oglio fue incapaz de alejarse de su misión de permanecer al lado del pueblo sirio.

Su decisión fue espontánea e informó de ella. De hecho, en una carta a unos amigos, añadió una nota señalando: «Si es posible, recordadme en vuestras oraciones». Quién sabe lo que ellos entendieron al leerlo, pero él  lo había comprendido todo. No era tanto el riesgo personal que estaba asumiendo, sino el riesgo que afrontaban los sirios en su búsqueda de una forma de vida democrática en Raqqa, ciudad que cayó rápidamente en manos del IS, con nuevas y terribles repercusiones. Muchos se sorprendieron; pero no creo que él lo estuviera.

«No podemos permanecer sentados y sermoneando. Tenemos que ir a la gente.  […] Esto es exactamente lo que quiere e hizo Cristo», decía el padre Dall’Oglio

La Iglesia que avanza, la inclusión y un gobierno de base

Él entró por Turquía, dice Michel Weiss en un artículo publicado por el Daily Beast. Pudo reunirse regularmente con una refugiada siria ortodoxa llamado Hind Aboud Kabauat: «Él siempre me decía: Hind, no podemos permanecer sentados y sermoneando. Tenemos que ir a la gente. Porque esto es la libertad y la democracia, de la gente para la gente. Esto es exactamente lo que quiere e hizo Cristo. Jesús no se sentó en su casa'».

Él hablaba a esta mujer sobre la Iglesia que avanza, y una vez que llegó a Gaziantep, por la frontera entre Turquía y Siria, fue entrevistado por un periodista sirio, Rami Jarrah.

Esta entrevista puede haber llegado al corazón de lo que significa esta visión de ir hacia adelante: «Amigos de Siria estimados -dice en la entrevista-: si cada uno de nosotros cerramos nuestra mente y creemos que las cosas van a suceder porque así lo queremos, acabaremos decepcionados: de este modo, sería como quiere el diablo, y todos perderíamos el país y nos perderíamos entre sí. Mis queridos amigos: déjennos en cambio pensar en qué podemos hacer para reconducir el país al camino del entendimiento, la convivencia, la fraternidad y democracia madura”.

En contextos complejos marcados por el sufrimiento, la democracia se logra con la inclusión; este parece ser el verdadero mensaje que deseaba transmitir el jesuita

Aquí comenzó, desde el esfuerzo por acabar con las formas tiránicas, consciente de que éstas se ven facilitadas por el miedo al otro, y por tanto requiere de un método racional que observe a cada comunidad como un elemento de enriquecimiento mutuo, en lugar de un peligro: “La unidad nacional que teníamos vino desde arriba, al igual que en el estado napoleónico. Este es el pasado, ya no funciona. Ahora queremos una unidad de abajo hacia arriba, que parta de la voluntad de los ciudadanos, anunciando las buenas relaciones con todos nuestros vecinos: Los turcomanos poniendo sobre la mesa sus especiales relaciones con Turquía, los kurdos y drusos con sus hermanos en la región, los chiíes con otros chiítas en el sur de Líbano, Irak e Irán. ¿Por qué no? Cada uno de nosotros tiene sus propios orígenes, yo soy católico y vengo de Roma, ¿qué hay de malo en ello? Si una persona es cristiana ortodoxa pondrá sobre la mesa sus especiales relaciones con Estambul, Grecia y Rusia».

En contextos complejos marcados por el sufrimiento, la democracia se logra con la inclusión; este parece ser el verdadero mensaje que deseaba transmitir el jesuita, convencido como estaba de la necesidad urgente de un gobierno de base.  Una idea «cándida»? ¿Cuál es la alternativa a la «sinceridad»?

«Tenemos que situar a todos estos grupos étnicos en un marco de entendimiento humano caracterizado por la religiosidad», ha asegurado el sacerdote secuestrado

Como era de esperar, la entrevista continuó en este sentido: «Tenemos que situar a todos estos grupos étnicos en un marco de entendimiento humano caracterizado por la religiosidad. Algunos decimos que «la religión es de Dios, la patria es de todos». No todo el mundo es un fan de esta frase acuñada por Fares Al-Khoury [el padre de la independencia de Siria]. Piensan que la tierra no puede pertenecer a todo el mundo si no dejamos a Dios fuera de ella. No niego este dicho de muchos sirios, cristianos y musulmanes, pero quiero un país plural y armónico, donde la religiosidad reine; en otras palabras, donde las personas se amen porque son seres humanos, creados por Dios, lo que significa tener los mismos derechos, dignidad y merecer igual respeto. Significa la religiosidad, mirando el uno al otro como Dios mira a sus creaciones. Esto me lleva de vuelta al optimismo y a la voluntad de construir la Siria que queremos: una Siria parlamentaria, presidencial, federal y unida, como lo era antes, o con una mayor autonomía regional. Vamos a construirlo como queremos: «Derechos y dignidad”, es decir, una común «ciudadanía». 

El aspecto crucial de la ciudadanía

Cuando llegó a Raqqa, fue recibido por las «habituales» multitudes y expuso sus objetivos: «He venido aquí, impulsado por la triste noticia del secuestro de mi amigo Ahmad al-Hajj de Saleh. Me dio un abrahámica bienvenida en Tall Abiad cuando fui allí el pasado febrero […] He venido a preguntar a los sirios, y recordar a los sirios que me pregunten: básicamente, chicos, vamos a hacer algo para restablecer la paz y centrarnos en el logro de una meta correcta:,¡ la libertad para todos los sirios, y preservarla! «

Quizá se fue a cenar a la casa de una querida amiga suya, Suad Nufal, una mujer musulmana. Tal vez salieron juntos, como ella solía hacer, caminando hasta la sede local IS después de cenar, para situarse allí de pie, vestida con pantalones oscuros, y reclamar sus derechos como ser humano.

Su hermana Francesca: «Es un pastor entre sus ovejas»

El secuestro por militantes IS –el IS nunca se atribuyó la responsabilidad – dio lugar a todo tipo de especulaciones que arrojaron sal en la herida. Su hermana Francesca Dall’Oglio declara: «Estos 1.000 días de incertidumbre y preocupación por el destino de Paolo, con un flujo constante de noticias contradictorias, han sido muy difíciles para todos nosotros. Pero lo que también sabemos a ciencia cierta es esto es a lo que estaba destinado Paolo, de acuerdo con su «llamada»: al lado del pueblo sirio devastado, al que tanto ama, siendo un pastor entre sus ovejas».

* Artículo traducido por Cristina Castro a partir del original de Riccardo Cristiano publicado por Vatican Insider.

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