Desgraciadamente, la persecución a la Iglesia no ha cesado tras los acuerdos China-Santa Sede
Desgraciadamente, la persecución a la Iglesia no ha cesado tras los acuerdos China-Santa Sede

Años atrás haciendo una serie para EWTN, tuve el honor de entrevistar al cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong.

El Cardenal de voz suave me pareció un manso y humilde siervo de la Iglesia, precisamente lo contrario a lo que siempre ha tratado de mostrar la desaforada prensa del Partido Comunista Chino (PCCh).

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Tampoco es lo que generalmente viene a la mente cuando uno se imagina un mártir potencial.

Pero debajo de esa apariencia despreocupada y modales sobrios hay un hombre que, durante muchos años, ha sido la principal voz de China a favor de la libertad religiosa en general, y para la Iglesia Católica Subterránea en China en particular.

Ha sido un formidable defensor de los católicos perseguidos en China, y un tenaz crítico de los clérigos en China que en el pasado se ataron al PCCh y se unieron a la iglesia estatal.

El enojo del régimen de Pekín radica particularmente en que el Cardenal Zen se negó a que se elimine la masacre de Tiananmen de los libros de historia. Cada año el buen cardenal insiste en recordar a los muchos miles de víctimas de la masacre del 4 de junio de 1989 al dirigir un servicio conmemorativo en Hong Kong al que asisten decenas de miles de personas.

En su libro titulado “For the Sake of My People, I Will Not Be Silent” (Por el bien de mi pueblo, no guardaré silencio), publicado en 2018, Zen instó al Papa Francisco a no firmar el Acuerdo Sino-Vaticano. Lo argumentaba así:

«Ahora mismo, el mundo entero observa que el estado de la libertad religiosa va de mal en peor. ¿Podemos esperar ganar algo de llegar a un acuerdo con este gobierno? Cuando digo que es casi como esperar que San José pueda obtener algo de hablar con Herodes, no estoy bromeando».

Tras la firma inicial del Acuerdo, el Cardenal Zen incluso publicó un artículo de opinión en el New York Times, en el que concluía «Si yo fuera un dibujante dibujaría al Santo Padre de rodillas ofreciendo las llaves del reino de los cielos al presidente Xi Jinping y diciendo, ‘Por favor, reconóceme como Papa'».

Los años que siguieron a la firma de tal Acuerdo intensificaron la persecución de la Iglesia en China, sin que la silenciosa resistencia del Cardenal haya vacilado. Continúa apoyando a los obispos, sacerdotes y laicos en la China continental que luchan por permanecer leales a Roma, incluso cuando Roma les insta a comprometerse con el PCCh uniéndose a la Asociación Católica Patriótica dirigida por el estado.

Por estas y otras acciones, el Partido Comunista de China ha declarado que el Cardenal Zen es un contrarrevolucionario. El Papa Francisco, que no se toma a la ligera las ofensas, tampoco está contento con él, pues se negó a verlo en la última visita del Cardenal a Roma.

Antes de la reciente toma hostil de Hong Kong por parte del PCCh, no había podido tomar medidas directas contra el Cardenal Zen. Pero eso ha cambiado.

El prelado fue arrestado por primera vez en mayo pasado por violar la nueva Ley de Seguridad Nacional impuesta por los comunistas, acusado de «colusión con potencias extranjeras», delito muy ambiguo pero sancionado con cadena perpetua.

Pero en el juicio real, el único cargo que se presentó fue uno menor: el Cardenal Zen y otros cuatro son acusados de no registrar adecuadamente una organización benéfica creada para defender a los manifestantes pro-democracia. El inicio de las audiencias en el Tribunal de Kowloon Oeste de Hong Kong ha sido pospuesto porque el juez dio positivo para COVID. El cargo de «colusión con potencias extranjeras» está en stand by por ahora, obviamente utilizado para amenazar a los acusados con cadena perpetua si no confiesan el delito menor.

Hace varios años se hizo evidente para el pueblo de Hong Kong que el PCCh estaba rompiendo el Acuerdo Sino-Británico, bajo cuyos términos Beijing supuestamente había garantizado que la antigua colonia británica disfrutaría de una legislatura y un poder judicial independientes hasta 2037. El PCCh nunca se ha caracterizado por respetar los acuerdos internacionales.

En ese momento, cientos de miles de manifestantes salieron a las calles, pero no sirvió de nada. Las manifestaciones fueron aplastadas y sus líderes arrestados. En respuesta, el Cardenal Zen junto a otros activistas democráticos crearon una organización benéfica para ayudar a los detenidos con asistencia legal.

La razón por la que Zen está siendo llevado ahora ante un tribunal controlado por los comunistas tiene poco que ver con su supuesto error al presentar el papeleo correspondiente. Más bien, tiene que ver con su testimonio incondicional por la fe católica y la libertad de conciencia en Hong Kong, y su defensa a los fieles católicos en China contra un partido comunista que los persigue sin piedad.

Hay pocas posibilidades de que el Cardenal Zen sea encontrado inocente. El poder judicial independiente que los británicos dejaron en vigor en 1997 ya no existe hace mucho tiempo y ha sido reemplazado por tiranos que sirven al PCCh en lugar de servir a la justicia. Las pelucas blancas y las túnicas negras son las mismas, pero sus sentencias ya vienen predeterminadas.

Lo lógico sería que el Vaticano estuviera en este momento defendiendo vigorosamente a su Cardenal antes de que se presente a esta corte. Pero sucede todo lo contrario. Todos incluyendo al mismo Papa parecen empeñados en no ofender al Partido Comunista Chino.

Me ha sorprendido mucho escuchar al Papa defendiendo a China frente a acusaciones de ser antidemocrática en una reciente entrevista con Crux. Sus palabras exactas fueron: «Calificar a China como antidemocrática, no me identifico con eso, porque es un país muy complejo». Y añadió repetidamente un llamado al «diálogo» con el PCCh.

Parecía ser obvio para todos que China está bajo el poder de una dictadura de un solo partido, que se reserva todo el poder para sí. Sus actos malvados son legión. Desde el aborto forzado y la esterilización de cientos de millones de mujeres, hasta el genocidio en curso contra los uigures en la provincia de Xinjiang, desde los draconianos confinamientos anti-COVID hasta la intensa persecución de los cristianos y todas las religiones, el PCCh ha acumulado uno de los mayores récords de abusos derechos humanos en la historia del mundo.

Se podría discutir sobre si China está en primer, segundo o tercer lugar en el espectro de regímenes totalitarios de la historia, pero no hay ninguna duda de que se ubica entre los tres primeros. No hay nada complejo en el asesinato en masa.

Pero el Papa no se detuvo ahí. Aunque pidió un «diálogo» con el PCCh, parecía excluir específicamente plantear la cuestión de la detención y el inminente juicio de su hermano obispo de 90 años. En vez de eso, señaló despreocupadamente: «creo que el cardenal Zen va a ir a juicio estos días. Y dice lo que siente, y pueden ver que hay limitaciones allí».

Aquí el Papa se aleja de las opiniones del Cardenal Zen sobre el PCCh y sobre la falta de libertad religiosa en China. De hecho, al sugerir que los puntos de vista del Cardenal se basan en meros «sentimientos» (cuando de hecho se basan en toda una vida de duras experiencias al lidiar con un régimen corrupto y ateo) parece que los está descartando.

Es difícil no concluir que la Santa Sede, dirigida por el mismo Papa, está decidida a no dejar que el juicio del Cardenal Zen interfiera con la renovación del Acuerdo Sino-Vaticano, firmado por primera vez en 2018. Sin embargo, en los últimos cuatro años no se ha observado ninguna mejora notable en el trato a los católicos en China. La persecución de la Iglesia Clandestina continúa. Las decenas de vacantes que el Vaticano esperaba llenar con obispos aprobados conjuntamente permanecen vacías. De hecho, las directrices de 2021 que rigen la práctica de la religión en China son más onerosas que nunca, convirtiendo a las iglesias en extensiones virtuales del PCCh. Y, por supuesto, el cardenal chino ha sido arrestado por orden de Beijing.

El cardenal Gerhard Müller está entre los que han instado al Papa a no «sacrificar [al cardenal Zen] por razones de estado».

«La verdad de cara a la persecución siempre debe ser enfatizada», puntualizó Müller.

¿Vale la pena reservar en secreto Acuerdo Sino-Vaticano? Si el cuidado era que no pudiera ser extendido tanto al punto de convertir incluso al propio Papa en un apologista del PCCh, entonces probablemente no haya que guardar tal secretismo. La falta de críticas del Vaticano sin duda envalentonará a los líderes del PCCh, que desprecian la debilidad y respetan la fuerza. Estarán más, en lugar de menos, inclinados a perseguir al Cardenal Zen y a otros católicos por toda China en el futuro.

Hace años, el Cardenal Zen me indicó que estaba listo para morir por la fe. Esa predicción pudo terminar siendo profética.

Pase lo que pase, aunque sea abandonado por el Vaticano y encarcelado por la fe, estoy seguro de que el Cardenal Zen estará en paz.

Después de todo, él ha dado testimonio del lema grabado en su escudo de armas durante toda su vida sacerdotal: «Ipsi cura est», es decir, «Bajo su cuidado».

Si quiere ver el informe completo del acuerdo entre la Santa Sede y China elaborado por Population Research Institute, pinche aquí

(*) Publicado originalmente en inglés en https://www.lifesitenews.com/blogs/pope-francis-is-more-interested-in-not-offending-communist-china-than-in-defending-cdl-zen/

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