A lo largo de los tiempos, hasta épocas cercanas, la vida de hombres y mujeres era diferente. La mujer estaba sometida al hombre. El Código Civil de 1889 disponía que el marido fuera el administrador de los bienes del matrimonio y representante de la mujer, la cual no podía comparecer en juicio sin la presencia del marido.

Tan evidente era que la mujer española no pretendería acceder a los estudios superiores que la legislación no consideraba semejante cuestión. En 1872, con autorización del Rey Amadeo de Saboya, se matriculó la primera mujer en la Universidad de Barcelona. En 1888 había 10  mujeres, verdaderas heroínas, con estudios universitarios. En 1910 se decretó que las mujeres se matriculasen libremente en los estudios universitarios sin previa consulta a la autoridad.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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La incorporación de la mujer al trabajo encontró mayor dificultad incluso que su acceso a la Universidad. En el programa socialista de 1888 se proponía la igualdad salarial entre ambos sexos y que se evitara que el trabajo femenino fuera poco higiénico o “contrario a las buenas costumbres”.

«La persistente y orquestada propaganda feminista ha ido conquistando las conciencias de mujeres y hombres»

En 1931 la mujer no tenía derecho al voto… aunque podía ser elegida diputada…Es famoso el debate que tuvo lugar en el Congreso entre Clara Campoamor, que defendió el voto femenino, y Victoria Kent que, junto a otros diputados socialistas, se opuso al derecho al sufragio femenino.

Aquellas situaciones no se pueden imaginar hoy día cuando está reconocido que el rendimiento escolar de las mujeres es algo o bastante superior al de los varones y ello se manifiesta en que las mujeres están sobre representadas en la Universidad.

En nuestros días, la persistente y orquestada propaganda feminista ha ido conquistando las conciencias de mujeres y hombres. Todas/os se muestran dispuestas/os a defender a la “mujer vulnerable” “necesitada de empoderamiento” contra el enemigo varón al que lenta y miserablemente se ha demonizado. De la lucha por la igualdad se ha pasado a la lucha por la supremacía.  El objetivo final pretende  eliminar todo signo varonil. Y cualquiera que se le oponga será perseguido y condenado por machista.

«Las que legislan a favor de las mujeres españolas se someten a las imposiciones machistas de los islamistas»

Ello coincide con la pretensión de ocupar un lugar privilegiado en la manifestación feminista y además, de modo excluyente. En este contexto se comprenden las palabras de Carmen Calvo, vicepresidenta el Gobierno, cuando dice: ”El feminismo no es de todas…No bonita…nos lo hemos currado en la genealogía del pensamiento progresista, del pensamiento socialista”.

A veces los gestos chocan con la realidad y surge la paradoja. La visita de una delegación de Irán provocó que el Congreso de los Diputados dictara un protocolo donde se prohibía  a las señoras diputadas estrechar la mano de los visitantes y les obligaba a “mirarlos de lejos”. O sea, que las que legislan a favor de las mujeres españolas se someten a las imposiciones machistas de los islamistas. ¡Bonito ejemplo! Y todos los partidos políticos aceptaron semejante humillación. Todos menos uno, precisamente el que es acusado machaconamente de estar contra la mujer. VOX rechazó semejantes exigencias por “inadmisibles”, por atentar contra la dignidad de la mujer.

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