Pedro Sánchez es mitad Pablo Iglesias, mitad Leonardo DiCaprio en el Lobo de Wall Street, tiene ápices de Karl Marx y ribetes de Gordon Gekko, briznas de Lenin y brotes de Patrick Bateman (protagonista de American Psycho).

Pedro Sánchez es un hombre al que te imaginas tanto entrando en un rascacielos con el ‘coffe’ de Starbucks, como cantando la internacional en un reservado de Joy Eslava.

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Su perfil me recuerda al de quien se gasta mil euros en un traje de raya diplomática a medida y la pifia vistiendo con una corbata negra. Es de los que llevan los zapatos relucientes y desentonan con una camisa morada.

Le pega despedir a empleados, desde el sillón de una multinacional, con la parsimonia de quien se bebe una botellita de Perrier y al mismo tiempo, organizar una revolución estudiantil en el cuchitril de una universidad decrépita.

Pedro Sánchez es un producto del marketing, encarna el vivo reflejo del socialismo 2.0, de la sociedad de los ‘likes’ y de los ‘follows’ en redes sociales, que demanda radicalismo en los mensajes de Twitter y al mismo tiempo, fotografías de modelo de relojes en un perfil ‘instagrammer’.

Es mitad guindilla, mitad sin azúcar, hoz y a su vez, Martini, el más ‘cool’ de la promoción del cole y al mismo tiempo, el azote de la tradición y las buenas costumbres.

Pronto, le veremos haciendo “running” junto a un perrito aseado y en una pista olímpica como ofrenda al comunismo.

Pedro, menos juntarte con Pablo y más picar piedra.

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Escritor por vocación y amor a las causas nobles. Mi licenciatura en Derecho no me ha impedido dedicarme profesionalmente al periodismo durante una temporada de mi vida, oficio que desempeñé en Intereconomía, casa en la que blandí la pluma, con más fuerza que la espada, cerca de 4 años. En el presente, no vivo solamente de escribir, sino de otros menesteres, al igual que Cervantes, pero es una afición que sigo cultivando como colaborador en diversos medios de comunicación y a través de mi blog, El Despacho de Don Pepone, el cual goza ya de más de 1 millón de visitas