Aunque haya pasado algo desapercibida, en esta semana en que terminaba el espectáculo del intento de impeachment sin base real a Trump y en la que Nancy Pelosi rompía la transcripción del discurso sobre el estado de Unión en un ataque iracundo, daba comienzo el proceso de primarias demócratas en Iowa, en el que se elegirá al próximo candidato a la presidencia.

Y, sí, ha habido sorpresa tras la pírrica e inesperada victoria de un candidato algo desconocido más allá de las fronteras norteamericanas: Pete Buttigieg, que se ha alzado como el referente de voto centrista en el partido. Pese a lo que decían las encuestas, Joe Biden se ha desvanecido como referente del centro izquierda en EE. UU. Su longeva edad –alguna vez se le ha salido la mandíbula en mítines-, la sombra de corrupción que se cierne sobre él y su imagen de politicastro del establishment le han llevado al precipicio. También, ha sido destacable el frenazo que ha vivido Elizabeth Warren, la versión femenina y pija del socialismo que propugna Bernie Sanders. Por lo que parece, la extrema izquierda norteamericana ha decidido optar por el original que por su copia feminista empoderada.

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No se preocupen, es normal que no sepan quién es este Pete Buttigieg. La mayoría de los que seguimos de cerca la política estadounidense aquende del Atlántico no habíamos oído hablar de él hasta que empezaron las primarias y, ni mucho menos, hubiéramos apostado a que llegaría a ganar en el Caucus de Iowa.

Buttigieg nació en South Bend, una ciudad mediana del estado de Indiana. Estudió Historia en Harvard y se doctoró con un trabajo sobre la influencia de la cosmovisión puritana en la política exterior de EE. UU. Dicha tesis, sería interesante de no ser porque aporta pocas novedades al estudio historiográfico y parece no haber aprendido nada de lo que había estudiado ya que sus ideas de política exterior son, básicamente, utilizando fenomenología schmittiana, una secularización del Puritanismo.

¿Cómo un alcalde cualquiera ha podido ganar la primera ronda de las primarias ante senadores y gobernadores destacados e, incluso, por encima de un exvicepresidente de la nación más poderosa de la Tierra?

Pasó un tiempo por el ejército y se ganó la alcaldía en su ciudad natal, una de las más liberales dentro de Indiana, un estado fundamentalmente conservador. Ha utilizado sus tendencias sexuales a la homosexualidad para sacar rédito político, como buen demócrata, haciéndose la víctima. Esta ha sido su trayectoria política hasta que decidió presentarse a las primarias presidenciales el año pasado.

Ahora bien, la pregunta que debemos hacernos es ¿cómo un alcalde cualquiera ha podido ganar la primera ronda de las primarias ante senadores y gobernadores destacados e, incluso, por encima de un exvicepresidente de la nación más poderosa de la Tierra? Para contestar a esto, deberíamos remontarnos al caso de Barack Obama. Ante una Hillary Clinton que desprendía corrupción haya por donde iba, las élites demócratas decidieron en 2008 apostar todas sus cartas a un senador júnior de Illionis que era, casi totalmente, desconocido. El clima, era perfecto. Una economía en la mayor recesión desde los años treinta, una nación harta de ser la policía del mundo y la posibilidad de explotar el sentimiento de culpabilidad de muchos norteamericanos apelando a que había que votar al primer presidente negro de la Historia.

Frente a eso, un Partido Republicano centrado en hacer regulaciones a medida para las grandes corporaciones y sin mucha disposición a realizar ninguna reforma económica interesante y, al mando de esto, un John McCain que invadiría medio mundo de tener posibilidad de ello.

La jugada resultó ser maestra, aunque rápidamente muchos norteamericanos –especialmente los obreros del Rust Belt- se desencantaron de un Obama que era más de lo mismo. Después de haber hecho este pequeño precedente, va le la pena preguntarse ¿no es acaso Pete Buttigieg un intento de crear un nuevo Obama por parte del establishment demócrata? Yo creo que sí, aunque en una coyuntura algo distinta. Con Buttigieg, pueden explotar su membresía como homosexual a un grupo supuestamente oprimido como hicieron con el color de piel de Obama.

Bernie Sanders, es más fuerte que nunca y, aunque Iowa nos ha permitido apreciar claramente que el supuesto tirón de Sanders en las zonas rural no es más que una quimera barata, el veterano socialista es muy fuerte entre estudiantes, pijoprogres urbanitas y estudiantes universitarios. Y, tras las reformas en los procesos de primarias que se realizaron en 2016 que disminuyeron el poder de los superdelegados, la victoria de Sanders es más plausible que nunca antes aunque su programa socialista llevaría a una hecatombe electoral a los demócratas. De ahí, de la necesidad de un candidato más moderado en lo económico –Buttigieg no hace otra cosa que criticar el radicalismo en materia económica de Sanders- y que tenga algo más de posibilidades en un enfrentamiento directo con Trump en una coyuntura política bastante distinta a la de 2008.

No obstante, el supuesto moderantismo de Pete Buttigieg en materia económica no nos debe hacer pensar que es algo así como más conservador que Sanders en las materias de índole socio-cultural. Todo lo contrario, en esto es tan radical como él y es que todo el Partido Demócrata está por la labor de promover la ideología de género, la discriminación positiva, el infanticidio al noveno mes de embarazo y las fronteras abiertas para traer tantos inmigrantes no cualificados como sea posible para seguir creando clientelismo electoral. La diferencia entre votar a Pete o a Bernie es la diferencia que existe entre votar por un ápice de cordura en economía y la locura de la economía planificada socialista.

Los últimos sondeos –de los que uno no debe fiarse mucho- dan la victoria en New Hampshire –próxima sede de las primaras la semana próxima- a Bernie Sanders pero con un Pete Buttigieg que parece que se está haciendo con el ala del centroizquierda y que se acerca con fuerza al senador de Vermont tras su victoria en Iowa.

Mientras tanto, Trump está más fuerte que nunca tras haber logrado la primera fase de un nuevo acuerdo comercial con China, mantenerse la economía en datos positivamente históricos y haber salido ileso de una farsa de impeachment que se le ha venido cuesta arriba a los demócratas y que, a corto plazo, ha provocado que se dispare la popularidad de Trump. Aún quedan muchas batallas primarias por delante pero, todo parece apuntar que, gane quien gane, a menos que cambien mucho las cosas,  lo tendrá francamente difícil para vencer a Donald Trump.

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