Me conmovió hasta darme mucha lástima. ¡Pobrecita! Qué mal lo debió pasar en su infancia y qué cosas debió ver, oír, recibir en su casa de pequeña, de adolescente…

No la comprendo pero la compadezco y, además, espero que sus hijos cuando los tenga, si los tiene, tengan más suerte que ella.

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La diputada Serra hablaba el otro día en la Asamblea de la Comunidad de Madrid. Estaba claro que tuvo escuela, seguramente pública, y que aprendió mucho de asignaturas, y que está bien adoctrinada, y que tiene labia, y que es incisiva y más…

La pena, la lástima, la compasión me vienen cuando su credo educativo dice que hay que defender a los hijos de sus padres como educadores. Así, en general, para todos, no habla de que eso son las excepciones. Pobrecita, cuánto debió sufrir hasta que alguien la defendió o ella se liberó de sus padres.

Pero es que todo es muy lógico, cuando la familia no educa, la persona, por mucha escuela y mucha universidad que acumule no va a tener educación porque educación es algo MUY diferente de conocimientos, de años de escuela, de éxito, de trepa, de labia y hasta muy diferente de tener ideas y ciencia.

La educación son valores humanos con principios éticos y morales. La base humana que subyace a toda educación es fruto de unos vínculos impregnados de amor, de ambiente familiar, de afecto, de imitación, de lo que solo la familia en convivencia puede aportar a lo largo de los años de infancia y con lazos afectivos que rezuman respeto y valores, o sea, educación. Tanto mejor si todo ello se hace con ayuda de expertos en educación infantil (no escuela infantil).

La diputada Serra nos viene a decir que los políticos (ella), a través de la escuela pública, enseñando ideología de género, costumbres lgtbi  y demás ciencias modernas tienen que “educar” a los niños para defenderles de los padres.

A esto, en lenguaje paladino, se le llama ESTUPIDEZ SOBERANA, ignorancia profunda y maldad política. O sea, lo propio de su militancia partidista que, a falta de otra más versada diputada, le tocó representar a su partido comunista diciendo tal estupidez.

Creo, Sra.diputada  que Vd. necesita unas cuantas lecciones que, por cierto, podría pedirle a su replicada la Sra. Monasterio; de paso puede Vd. conocer unos hijos educados y lo que eso significa: el qué, el cómo y el dónde, además de quiénes lo hacen como debe ser la educación.

Vd. que parece inteligente, pero que ha tenido la mala suerte de no haber experimentado semejante educación, sino una muy escolar, podrá aprovechar eficazmente de esa experiencia. Nunca es tarde si el beneficio es grande.

Está empezando sus cuatro años de parlamentaria autonómica, sería muy positivo un tal reciclaje para utilizarlo durante ese tiempo, porque sería una pena que Vd. siguiese dando pena por no aprovechar esta oportunidad. Además, Madrid entero puede beneficiarse mucho de su aprendizaje sobre educación; en especial se beneficiaría de conocer la grandísima diferencia que existe entre educación y escuela, algo muy necesario y sobre lo que existe una enorme confusión. Vd. podría ilustrar a tantos políticos -casi todos- errados, confusos e ignorantes de esa enorme diferencia. Esa ignorancia está causando mucho daño en nuestros niños y jóvenes, aunque también en casi toda la sociedad, ya que precisamente la falta de  educación de base auténtica y fundamentalmente familiar, es causa de muchos de los grandes males sociales: violencia, machismo, fobias sociales, acoso de variada índole, pedofilia, fracaso escolar, odios, desinformación, etc.etc.

Ya ve lo mucho bueno que le deseo, y con propuestas eficaces y prácticas. Es debido a lo mucho que Vd. me conmovió.


*Por Drociano

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