Un sacerdote se atreve a predicar en una homilía la verdad católica sobre la anticoncepción
Un sacerdote se atreve a predicar en una homilía la verdad católica sobre la anticoncepción

Hace unas semanas tuve una extraordinaria experiencia en la misa de la Parroquia del Sagrado Corazón en Winchester, Virginia. No, no fue una experiencia mística, pero me golpeó casi con la misma fuerza. Por primera vez en 31 años como católico, escuché a un sacerdote predicar -claramente y con total convicción- contra la anticoncepción en la misa dominical.

A lo largo de las últimas décadas he escuchado a muchos sacerdotes provida hablar directamente sobre la verdad y la belleza de la sexualidad humana, entre los cuales destaca el Padre Paul Marx, OSB. Ellos han defendido la Humanae Vitae, encíclica profética del papa Pablo VI de 1968, ampliamente criticada por los modernistas dentro de la Iglesia Católica. Ellos enseñaron vigorosamente la enseñanza perenne de la iglesia, siguiendo al mismo Papa San Juan Pablo II, de que evitar la concepción por medios artificiales es un pecado.

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Sin embargo, todas estas charlas fueron dadas en reuniones y conferencias católicas provida, donde la gran mayoría de los presentes ya estaban predispuestos a escuchar. Dicho de otro modo, era predicar al coro de la parroquia.

Nunca antes había oído -en una misa dominical ordinaria a la que asistían católicos ordinarios- una exposición clara y definitiva de la enseñanza de la Iglesia al respecto. Homilías ocasionales contra el aborto, sí. Homilías contra la anticoncepción, nunca.

Y allí me encontraba yo, sentado en el segundo banco a la derecha en la parroquia del Sagrado Corazón, cuando el padre Stephen Vaccaro, el joven vicario parroquial se dirigió al púlpito. La lectura del día se refería a la Parábola del «necio» que trató de almacenar su tesoro en la tierra y murió esa misma noche. Sobre esta «enseñanza aparentemente dura, a menudo pasada por alto, pero de crucial importancia sobre la vida cristiana», el P. Vaccaro anunció una meditación de dos puntos … En primer lugar, cómo esto debería llevarnos a un examen de nuestras propias vidas y, en segundo lugar, una sugerencia muy práctica para las parejas casadas.

Ni yo, ni nadie en esa misa, teníamos la más mínima idea de lo que iba a tratar esta «sugerencia práctica para las parejas casadas».

«En el Evangelio de hoy» comenzó el Padre Vaccaro, «nuestro Señor cuenta la parábola del hombre rico que, después de lograr el éxito mundano y la comodidad, se instala de nuevo para disfrutar de su trabajo, solo para ser reprendido por Dios y luego morir. Estoy seguro de que muchos de nosotros no vemos nada malo en lo que este hombre hizo, ya que algunos aquí están jubilados y muchos otros esperan estarlo algún día. ¿Qué tiene de malo disfrutar de los frutos del esfuerzo, descansar después de una vida de trabajo?”.

«Pero Jesús habla a ese hombre con extrema dureza. Le dice: ´¡Eres un necio!´ ¿Qué es lo que Jesús está reprendiendo aquí? Que el hombre rico, y muchos de nosotros, somos ateos prácticos. Puede sonar duro. Pero quiero que reparen en lo que el hombre no hace. Nunca da gracias a Dios, ni piensa en usar la generosidad de Dios para ayudar a los pobres, tampoco en dedicar su nuevo tiempo libre a la oración agradeciendo que Dios haya sido tan bueno y generoso con él. Más bien, dice que confiará su vida a la comodidad. Ninguno de sus pensamientos se refiere a Dios, solo piensa en lo que hay en este mundo”.

«Lo admitamos o no, gran parte de nosotros y en la mayor parte de nuestras vidas, vivimos como si este mundo fuera todo lo que existe… Almacenamos tesoros en este mundo. Vivimos como si nuestras decisiones no le importaran a Dios, porque Él será misericordioso independientemente de si al final vayamos a arrepentirnos o no. No vivimos pensando en que vamos a tener que rendir cuentas de la forma de cómo hemos vivido. Para decirlo de otra manera: vivimos para jubilarnos de la mejor manera en este mundo, no vivimos como si quisiéramos llegar al Cielo”.

«¿En qué me baso para decir esto? Muy sencillo. Mira a tu alrededor. La mayoría revisa el mercado de valores todos los días, o sus cuentas de jubilación todos los días, pero no visitamos el Santísimo Sacramento todos los días, no rezamos todos los días. … No vivimos para el Cielo”.

«Esto es lo que Jesús estaba señalando como una advertencia amorosa. Básicamente, si no recordamos a dónde vamos, el viaje nunca tendrá rumbo e ignoraremos las cosas necesarias para llegar a destino. ¡En resumen, somos unos necios!

«Pero Jesús continúa señalando una ironía asombrosa: solamente teniendo presente nuestra Casa del Cielo es que realmente valoraremos este mundo y viviremos una vida verdaderamente maravillosa. Si este mundo fuera todo lo que existe, nada importaría realmente. Podríamos hacer lo que nos venga en gana porque nada tendría sentido en última instancia. Por el contrario, si el Cielo es real, nos está esperando y está completamente ligado a la forma en cómo vivimos ahora. Cada momento en esta vida está configurado con un significado eterno. Tenemos todas las razones del mundo para tener en cuenta a Dios en cada momento de nuestra vida”.

«Esta es la razón por la cual Jesús habló tan crudamente. Si nosotros los cristianos no somos diferentes de los incrédulos, entonces somos unos necios. Habremos desperdiciado nuestras vidas llamando tesoros a cosas que son basura e ignorado las cosas que importan a Dios. Hazte un examen de conciencia: ¿Qué cosas te quitan el sueño por la noche? ¿En qué asuntos empleas tu tiempo? ¿Cuál es la motivación por la cual trabajas o estudias? ¿Qué ocupa tu horario? Eso te mostrará tu tesoro. ¿Es un tesoro terrenal? Si es así, Jesús te invita a arrepentirte y convertirte, a vivir de manera diferente. Si el Cielo y las cosas de Dios no son nuestra única motivación y fin, nuestra alegría e inspiración, entonces definitivamente somos unos necios.

«En relación con este primer punto de que nuestras vidas deben centrarse en lo que le importa a Dios, les dejo un mensaje para las parejas casadas. Antes advierto que esto podría incomodar a los presentes. Pero no me preocupa porque estoy siguiendo a Cristo”.

«Esta semana es la Semana Natural de Promoción de la Planificación Familiar Natural, donde la Iglesia llama a todas las parejas casadas a recordar lo que se declara en las Escrituras y definido por la Iglesia por inspiración del Espíritu Santo: cualquier uso de la anticoncepción artificial dentro de la intimidad sexual es un pecado grave, y que el amor conyugal auténtico requiere evitar todos estos medios para permanecer en estado de gracia. Tal vez esta no es una verdad ampliamente conocida, y aunque se conozca, no se sigue frecuentemente”.

«Si estamos convencidos que el mundo sabe de moral sexual más que la Iglesia, hoy Cristo nos dice con amor: ¡Ustedes unos necios! La intimidad marital está destinada a ser un don total de sí mismo, una encarnación de sus votos matrimoniales. La anticoncepción es una elección consciente para seguir la sabiduría terrenal, rechazar el plan de Dios, y retener algo al expresar amor, pudriendo así el amor marital desde dentro”.

«Si alguna vez has practicado la anticoncepción o te has esterilizado voluntariamente, y no te has confesado sobre esto, debes hacerlo. Si ahora estás practicando la anticoncepción, el Señor te está llamando a detenerte, arrepentirte y confiar en Él”.

«Sí, será un sacrificio. Pero recuerda que Jesús dijo que cada parte del matrimonio, incluso la intimidad marital, debe ser modelada en la Cruz. Debe enfocarse en el Cielo, la santidad y el sacrificio. Si las parejas casadas quieren construir un tesoro en el Cielo y abandonar la necedad, entonces comiencen a usar la Planificación Familiar Natural”.

«Termino con esta cita del Papa San Juan Pablo II: ´Lo que realmente importa en la vida es que somos amados por Cristo y que nosotros lo amamos a Él. En comparación con el amor de Jesús, todo lo demás es secundario. Y, sin el amor de Jesús, todo es inútil'».

Al escuchar a este joven sacerdote manifestar la enseñanza perenne de la Iglesia, con claridad y sin vacilación, me sentí profundamente conmovido. Dios creó a la humanidad en un gran acto de amor, y espera que lo amemos a cambio, en parte siguiendo el primer mandamiento dado a nuestros primeros padres de ser fecundos y multiplicarse.

O como le dije al mismo Padre Vaccaro después de la Misa, «Muchas almas serán engendradas y muchos bebés vivirán debido a sus palabras de hoy, Padre. Gracias por el coraje de hablar la Verdad».

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