El Partido Popular del País Vasco ha cerrado su convención. Los servicios de limpieza recogen los restos del festejo, y los medios de comunicación los restos de las orgullosas, altaneras declaraciones de los líderes de aquélla formación. 

Se trataba de eso, de que no fuera la convención del Partido Popular en el País Vasco, sino la de un partido con “perfil propio”, aunque tenga las siglas, los colores y los iconos de la formación de Casado. La expresión es de Alfonso Alonso, y ha de entenderse en el sentido más estricto: ponerse de perfil ante el nacionalismo.

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Cayetana Álvarez de Toledo ve en las palabras de Alonso, y en su defensa de la foralidad del País Vasco, un intento del presidente del PP del País Vasco de integrarse en el terreno tolerable del nacionalismo. Sabemos hasta qué punto el nacionalismo vasco puede ser intolerante, de modo que quizás el intento de Alonso, Semper, Oyarzábal y demás acabe siendo en vano. Pero no es la teleología del apaciguamiento lo que critica Álvarez de Toledo. Ella alude a una cuestión de principio: “El proyecto moderno, moral y eficaz pasa por la reivindicación de la igualdad de los españoles y de su libertad, es decir del principio constitucional en el que estamos”. 

No deja de causar cierta ternura observar a Alonso et al, criticando a Álvarez de Toledo, doctora en Historia, de desconocer la historia de España. Borja Sémper le ha echado en cara a la diputada nacional su estancia en la trinchera popular durante el terrorismo etarra: “Es doloroso, es profundamente doloroso -se lo confieso-, cuestionar nuestra trayectoria, nuestro compromiso en defensa de la Constitución y de nuestras instituciones y, por lo tanto, de la convivencia en el País Vasco. A nosotros nos ha costado sangre, sudor y lágrimas, literalmente, defender la Constitución, la foralidad y una idea de España plural en el País Vasco”. Lo doloroso es ver cómo Sémper se arroga la legitimidad para hablar del PP en el País Vasco, en contra del discurso de Álvarez de Toledo, del de Regina Otaola, del de María San Gil, del de Ortega Lara. 

Hay dos grandes debates en España, y los dos están íntimamente relacionados. Uno de ellos es la existencia de la nación española. El otro, la revolución que transformaría fundamentalmente la democracia española, y en la que están muchos actores de la política española, y no sólo Podemos. 

La cuestión nacional está vinculada a su articulación política y administrativa. El modelo autonómico ha sido un fracaso, y una respuesta posible es la que propone Álvarez de Toledo. España es una comunidad de ciudadanos, iguales ante la ley, y libres dentro del respeto a las leyes. Y cualquier privilegio es un atentado contra ese principio; una posición ética que se sustenta en la existencia de la nación española.  Es una idea fundamentalmente ilustrada, que supera el respeto a los fueros tradicionales, de los que en realidad no queda nada porque falta su sustento histórico. Hoy los fueros son el nombre propagandístico que se le da a la desigualdad fiscal y en derechos entre los españoles. Es una concesión al nacionalismo, que el PPV ha asumido como eje de su discurso. 

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