A todos los tertulianos y profesores que siguen sin entender por qué la gente les desobedece y vota a los populistas que maldicen, les recomendaría que se viesen el vídeo de la conversación entre Mariano y Rajoy y Felipe González celebrada en La Toja  el viernes 4 de octubre.

Les aviso que el parloteo y las carcajadas sonoras de la presentadora, una abogada española cuyo principal mérito es ser la esposa del liberal Nick Clegg, ex viceprimer ministro de David Cameron, provocan irritación; pero la grabación merece la pena para comprender la soberbia de la que el tertuliano John Carlin definió como “la élite cosmopolita que lee diarios como El País o que escribe en ellos” y la ira de los pueblos europeos.

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Durante la campaña electoral de 2016, a Hillary Clinton se le calentó la boca en un acto entre amigos y arremetió contra los votantes de Donald Trump: “La mitad de seguidores de Trump se podrían meter en lo que yo llamo la cesta de los deplorables, ¿verdad? Los racistas, sexistas, homófobos, xenófobos e islamófobos”.

Hillary Clinton metió en una “cesta de deplorables” a aquellos que se interponían entre ella y la Casa Blanca

Fue uno de los momentos que condujeron a la única mujer que en los años de Bill Clinton se movía por la Casa Blanca sin temer que el presidente le metiera mano perdiera las elecciones. Sus frases revelaron el desprecio de la senadora a quienes rechazaban su candidatura. “Si no me votas, vas a la cesta de los deplorables.”

Pues Rajoy, tan discreto él, ha tenido su ‘momento Hillary’. En una reunión en La Toja, quizás animado por el albariño o por encontrarse en su tierra, escupió no sobre el electorado rival, sino sobre el propio.

Se presentó como un señor de derechas, aunque no definió en ningún momento en qué consiste eso y, a continuación, explicó cómo aplicó su derechismo en el Gobierno. “Fui un presidente de un Gobierno de derechas que la primera decisión que tomé fue hacer un consejo de ministros y subir el IRPF siete puntos.” Y Felipe, gran polemista, vio que su adversario bajaba la guardia y le metió un zurdazo: “Prometiendo que los ibas a bajar”. Carcajadas del público.

Mariano Rajoy presumió de que las tres primeras decisiones que tomó como presidente eran más bien de izquierdas

Rajoy reanudó su parlamento: “La segunda decisión que tomé fue nacionalizar unos cuantos bancos españoles (cajas de ahorros hundidas por los políticos, en realidad) que también es muy de derechas”. “Y la tercera fue hacer una gran operación de endeudamiento público, porque si no quebraban buena parte de nuestras comunidades autónomas.” “Ésas fueron las tres primeras decisiones que tomó un Gobierno de derechas”, concluyó. Más risas.

Y no explicó por qué incumplió sus promesas, con las que había obtenido más de once millones de votos, si fue porque el Gobierno de Rodríguez Zapatero le había ocultado datos, porque compró votos con promesas vacías, o porque no tenía ni idea. Se limitó a soltar una frase hecha: “La mejor dieta para un político, decía Churchill, es comerse sus propias palabras”. El auditorio tembló con las carcajadas de los presentes.

Aquí están la gasolina y la cerilla para el populismo. Un político ‘de orden’, serio, aburrido, confiable, dice que prometió bajar los impuestos en una campaña y cuando se hizo con el Gobierno los subió, encima para salvar a las comunidades autónomas. Política de izquierdas. Y las docenas de políticos, ejecutivos, consultores, lobbistas y profesores presentes en el salón, en vez de reprochárselo, se rieron.

A medida que reconocía sus mentiras, los asistentes, cosmopolitas y políticos, se reían con su sinceridad. ¿Y los “deplorables”?

¿Quién se acuerda de la clase media sangrada, de los dueños de comercios y pymes que tuvieron que cerrar, de los desahuciados? Bah, deplorables. Enésima confirmación de que el PP desarrolla siempre la política fijada por el PSOE en este baile de máscaras en que se ha convertido la política socialdemócrata.

¿Pero sabe qué es lo peor, lo más hiriente y frustrante de la confesión de Rajoy? Que el PP probablemente tenga más votos en noviembre que en las pasadas elecciones de abril. El señor gallego tan de derechas vuelve a colocar a sus peones en el supuesto nuevo partido de Casado, como Ana Pastor, que convirtió el Congreso en una pista de circo para los diputados de Podemos y ERC.

Lo penoso es que un sector de la clase media española está dispuesto a volver a votar al partido que le roba la cartera y le da una patada

Hay unos sectores de la clase media española, arruinada y endeudada por Rajoy y Montoro, el macizo de la raza, que sigue votando a los ‘peperos’ que se ríen de ellos y les engañan. ¡Y gratis! Al menos, los jornaleros y pensionistas andaluces obtenían algo del PSOE.

La verdadera revolución pendiente en España es que los ciudadanos comprendan que el voto tiene efectos en su vida cotidiana y obren en consecuencia. Que no esperen a que sus padres se mueran y recibir el palo que les paga la Hacienda autonómica para oponerse al Impuesto de Sucesiones.

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