Los 'conguitos' en el punto de mira por
Los 'conguitos' en el punto de mira por "racistas" (sic).

Las armas de quienes pretenden asaltar el Palacio de Invierno en el siglo XXI e imponer un Nuevo Orden son el diccionario y los manuales de Historia. Quieren entrar a saco en el primero para cambiar el significado de las palabras, imponiendo una neolengua orwelliana; y quieren reescribir el pasado, alterando unos hechos que -por definición- son inalterables. 

Pero como el diccionario y la Historia se les resisten, recurren a la fuerza. La guillotina francesa o los fusilamientos bolcheviques han sido sustituidos por presiones publicitarias, chantajes económicos, censura y muerte civil. Como acaban de hacer con Chocolates Lacasa. 

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Y pretenden retorcer la realidad a su capricho imponiendo su delirante universo paralelo. Así afirman:

-Que los conguitos no son unos cacahuetes cubiertos de delicioso chocolate, sino negros del Congo, explotados por el colonialismo europeo.

-Que matrimonio no es la unión del hombre y de la mujer, sino otra cosa

-Que el género no es biología sino gramática;  y que el sexo es un cubo de Rubik que se puede construir y deconstruir como un rompecabezas.

-Que lo que mata no es el asesino sino el varón (por ser varón).

-O que los niños no tienen pene y las niñas no tienen vagina… 

Resulta muy cansino tener que estar “desenvainando la espada para demostrar que el pasto es verde”, como decía Chesterton.

Está claro que los émulos de McCarthy y su caza de brujas saben perfectamente lo que significa cada cosa, pero alteran el lenguaje para imponer su dictadura, igual que los creadores de la neolengua en 1984, de Orwell. Y cuando digo dictadura, digo dictadura, con su sistema represivo, sus delaciones, sus lavados de cerebro y sus purgas. Ahí tenemos la presión del lobby LGTB a Disney para que le busque novia a Elsa en Frozen II; o la del lobby de la corrección política obligando a la compañía cinematográfica a censurar escenas de Dumbo, Aladin, o La sirenita, o incluso retirando de la circulación Canción del sur, por “estereotipos racistas”.

Por no hablar de las amenazas de no editar el próximo libro de la famosa J.K. Rowling, por haber escrito un Twitt irónico (“¿Personas que menstrúan?  Estoy segura de que solía haber una palabra para ellas. Que alguien me ayude”). La horda se ha rasgado las vestiduras y hasta los actores de Harry Potter han acusado a la escritora de transfobia (el anatema de la modernidad).

Es el sino de todas las revoluciones: las fraguan cuatro listillos en las altas esferas -intelectuales, económicas-, pero los que toman la Bastilla o derriban estatuas son chavales ignorantes y maleables como plastilina

Conocen el significado de la palabras y saben latín, claro. Pero cuentan con una cla iletrada que baila al son de su flauta. Es el sino de todas las revoluciones: las fraguan cuatro listillos en las altas esferas -intelectuales, económicas-, pero los que toman la Bastilla o derriban estatuas son masas de chavales ignorantes y maleables como plastilina; y espabilados que pretenden medrar en el nuevo orden que sigue al desorden. 

El gran aliado de los manipuladores del lenguaje o de la Historia es la ignorancia de buena parte de la población -empachada de telediarios y ayuna de letra impresa-. Eso explica fenómenos como el #MeToo o la histeria iconoclasta que se ha apoderado de las masas. Ya lo advertía la medievalista francesa Régine Pernoud cuando se quejaba de que los chicos que acaban el bachillerato son “amnésicos” de Historia, y el amnésico no es una persona completa, porque no puede “disfrutar de una verdadera libertad”.

Una amnesia que resulta ridícula por contraproducente. Si nos ponemos estupendos deberíamos cargarnos el 99% del patrimonio artístico de la humanidad, porque nada en la condición humana es puro. Si nos ponemos estupendos podemos reducir al absurdo la guerra de las estatuas -como apunta Ignacio de la Torre en un artículo que no tiene desperdicio–  y cambiar el nombre de la capital de Estados Unidos, porque George Washington tenía esclavos negros; el de París, porque alude al troyano que asesinó a Aquiles, que además se dedicaba a raptar a las mujeres de otros, provocando guerras; el nombre del planeta Marte, porque puede generar odio: es el dios de la guerra; y no digamos el de Saturno, el dios que se comía crudos a sus hijos; y por supuesto enmendar el calendario para evitar las alusiones a dos gobernantes romanos nada democráticos que dan nombre a Julio y Agosto. Lo mejor sería volver a la asepsia de los revolucionarios franceses que recurrieron a la Naturaleza y las apacibles labores agrícolas para nombrar a los meses (Floreal, Pradial, Fructidor, Vendimiario etc.). Así no herían ninguna sensibilidad, aunque dejaran el suelo perdido de testas guillotinadas.

Lo malo es que en esas cruzadas pagan por justos por pecadores, porque los neoinquisidores entran en el pasado como un elefante en una cacharrería. En estos días hemos visto varios casos (fray Junípero Serra, Isabel la Católica). Pero uno de los más significativo es Cervantes, cuyo busto fue vandalizado en un parque de San Francisco. ¿Qué tendrá que ver el autor del Ingenioso Hidalgo con Donald Trump?, ¿o con el fascismo, o el racismo?

Es sabido, aunque uno tiene sus dudas dado el nivel de las leyes educativas a.C. y d.C (antes de Celaá y después de Celaá), que el manco de Lepanto se pasó cinco años cautivo en Argel, cargado de cadenas, es decir fue un esclavo y solo pudo volver a España cuando fue rescatado por los frailes trinitarios. Menos conocido es 

que en una de las ocasiones en que intentó fugarse, no lo hizo porque esperó a otro cautivo. Pero eso no les importa a quienes confunden la Historia “con las fantasías intelectuales dictadas por las ideologías políticas, las opiniones personales, los impulsos del momento” (Régine Pernoud)

El furor iconoclasta de BlackLivesMatter y demás nietos de Savonarola tiene mucho de hipocresía puritana. Pretenden cortar el trigo y la cizaña como si eso se pudiera hacer con la condición humana

El furor iconoclasta de ofendiditos, BlackLivesMatter y demás nietos de Savonarola tiene mucho de hipocresía puritana. Pretenden cortar el trigo y la cizaña como si eso se pudiera hacer con la condición humana. Ya lo dijeron personajes de Billy Wilder en dos frases de dos grandes comedias. “Nadie es perfecto” (de Con faldas y a lo loco); y otra menos conocida de Uno, dos, tres,, una parodia del comunismo en el Berlín del Muro: Un directivo de Coca-Cola le dice al joven revolucionario que pretende cambiar el mundo de la noche a la mañana: «Tranquilo, chico, la humanidad no será tan mala cuando ha sido capaz de inventar el Taj Mahal, Shakespeare y la pasta dentrífica”.

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.