La experiencia es un grado. Los hechos ejercen como más azote de los necios que las palabras. Deja que un cretino opine sobre un tema que desconoce a su gusto porque llegará la frialdad de los acontecimientos para taparle la boca. Un servidor -lo sabe bien- ya dije en este espacio hace algunas semanas que la experiencia en el mercado laboral ha provocado que mi subconsciente se zafe del clásico mantra cuñado de: “El que vale trabaja siempre”.

Pues bien, que me enrollo. Es lo que le pasa a un numeroso sector de la sociedad, que vive en la inopia hasta que por h o por b se topa con la cruda realidad. Hablo de la izquierda caviar, ese progresismo pijo precursor de causas aparentemente justas que se compadece hipócritamente de los necesitados mientras se encumbra de las comodidades más selectas. En función de los aspectos que le afecten a la vida este va a tener un posicionamiento determinado sobre distintas circunstancias existenciales. Cada ‘causita’ que se defiende está amparada por una situación personal que estimula ese punto de vista.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Empecemos, por ejemplo, con los defensores de la inmigración ilegal o los exponentes de la llegada de refugiados musulmanes a nuestras fronteras. Un número elevado de todos los que defienden la acogida a mansalva o la agrupación de los árabes viven en lugares acomodados, habitados por una población adinerada o sin apuros económicos que convive con individuos también con un alto poder adquisitivo o moderado. Tienen las mismas costumbres, el mismo estilo de vida… Lo más parecido a un gueto es cuando van a la frutería del pakistaní a comprar alguna cosa que se les ha olvidado en el supermercado. Son los tópicos que llevan en la muñeca una cinta con el eslogan Welcome Refuges o escriben publicaciones en pos de la integración o el multiculturalismo pero que ni conocen la tradición musulmana ni se percatan, en consecuencia de tener una ignorancia palpable sobre ellos, que están siendo incoherentes al defender unos sujetos que atentan contra causas que ellos mismos defienden como el feminismo.

Todavía hay algún ingenuo con esperanza de que los talibanes formen un Gobierno inclusivo en Afganistán. Actúan así porque no saben lo que es estar rodeado de esa misma cultura que ellos defienden. Desde Twitter y el sofá es muy fácil ser adalid de las buenas causas. Que le pregunten a un pensionista con una prestación de 600 euros que ha visto como su barrio se ha convertido en el centro neurálgico de la actividad musulmana qué opina de ellos… A lo mejor que Vox gane en plazas como Ceuta, Murcia o Almería con un alto índice de población islámica da una pista.

Luego están los moderaditos beligerantes que defienden la reinserción de los presos protestando por algunas medidas como la prisión permanente revisable o amparando a los presos de ETA, reclamando su acercamiento o liberación mientras blanquean su figura y la de otros peligros públicos. Inocentes polluelos que nunca han salido del nido, habitantes de la realidad sin haberse enfrentado a la tenebrosa cara oculta del ser humano.

Estos que sostienen la teoría de Rousseau de que el hombre es bueno por naturaleza agarrándose en que la educación salvará a la sociedad de todo peligro sin que se tengan que poseer opciones más contundentes con las que aplacar ese mal. La cosa cambia, como expresaba en un tweet un internauta, cuando te tocan lo tuyo. Tú, que eras valedor de la bondad innata del ser humano te das cuenta de que coexistimos con individuos peligrosos que representan una amenaza para la sociedad. Personas que roban, matan, violan y que campan a sus anchas porque los gobiernos, animados precisamente por ese buenismo, que deberían proteger a la ciudadanía, prefieren caer en la tibieza dejándonos a merced del peligro. Nada ha cambiado, lo que pasa es que el que antes estaba cómodo viendo el riesgo desde la barrera ve ahora cómo esa amenaza se vierte sobre él. Así somos de egoístas.

Por no hablar de los ecologistas radicales. Matizo con lo de radicales porque incluso el Papa Francisco animó a la ciudadanía a ser conscientes con la madre tierra en su encíclica Laudato si´, pero desgraciadamente, un sector de la presunta progresía se ha encargado de ideologizar el cuidado del planeta proponiendo todo tipo de esperpénticas razones como dejar de comer carne, consumir alimentos sintética en lugar de los de origen animal, y un sinfín de catastróficas ideas descabelladas. Se ponen sibaritas a la hora de injerir determinados productos o nos dicen lo que debemos y no tenemos que hacer sin darse cuenta de que, quizá, la mayoría no hace de su existencia esas circunstancias ecológicas sino el llegar a fin de mes, trabajar para dar de comer a su familia y vivir. Así pues, todos los preocupados en exceso por esta causa medioambiental representan al típico individuo acomodado que no tiene mayor preocupación que el Amazonas porque no tiene que hacer cuentas para ver si llega a fin de mes. Si no, véase a Bill Gates, un hombre que anda tan tedioso sin saber que hacer con su dinero que nos dice lo que tenemos que comer o fantasea con un mundo mejor en su último ensayo.

Siempre se ha dicho que, si no tienes problemas, hay que crearlos. Eso es lo que hace un sector dogmático de la sociedad, inventarse causas justas por las que luchar mientras las de verdad las deja al margen sin que nadie luche por los que de verdad necesitan ser amparados.

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