Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno /EFE
Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno /EFE

Pablo Iglesias está en una encrucijada; tiene pocas opciones, y todas son malas. La mala gestión de la crisis sanitaria, de la que el propio Iglesias no puede desvincularse, ha obligado al Gobierno a adoptar una política de confinamiento extremadamente dura, y ésta ha ahondado el paró económico que, de todos modos, habría impuesto el distanciamiento social.

La última previsión del Banco de España apunta a una pérdida de quince puntos del PIB. El número de empresas cae verticalmente. Se han volatilizado 133.000 empresas en dos meses, y volvemos al número que teníamos al arranque de este malhadado siglo. Uno de cada cuatro españoles que quiere trabajar no va a poder hacerlo.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Esto no son más que buenas noticias para Pablo Iglesias. Una sociedad empobrecida y dependiente del Estado, agradecida al maná de Pablo Iglesias, es la encarnación de la España peronista que Iglesias nos ha prometido. Convertir a toda España en un burgo podrido, que asegure su reelección perpetua resuelve el dilema que se le plantea a Podemos: cómo perpetuarse en el poder en lo que formalmente pudiera llamarse una democracia.

¿Está dispuesto a abandonar el poder? ¿Él, que ha hecho de su posesión un culto como el de Gollum con el Anillo Único?

Pero es una situación preñada de enormes riesgos para el líder comunista. Porque nuestro pesadísimo Estado, que debe el PIB de todo un año, no puede mantener por sí solo la posición de un Gobierno-cacique. Es más, aunque pudiera tendría que contar con el visto bueno de sus socios del euro. La moneda común es una soga que vincula las políticas fiscales de los socios y éstos no están dispuestos a pagar los programas de compra de votos arbitrados por el Gobierno.

Incluso el plan de ayudas a la reconstrucción de los países más afectados por la doble crisis del coronavirus (sanitaria y económica) de 750.000 millones de euros no llegará sin condiciones. Unas condiciones que suenan a recortes y contra los cuales la banda que se llamó Podemos obtuvo un éxito espectacular.

Recurrir a los fondos europeos y aceptar sus condiciones le viene bien a Pedro Sánchez, pues le permitiría gobernar en solitario. ¿Cómo? Con el obligado apoyo de PP y Cs. Si bien éstos le obligarán a cortar su relación con los nacionalistas catalanes; operación en la que podría caerse el PNV.

Mas, y aquí está la encrucijada de Iglesias, ¿está dispuesto a abandonar el poder? ¿Él, que ha hecho de su posesión un culto como el de Gollum con el Anillo Único? Desde el poder tiene más recursos para actuar contra la oposición, para presionar a la otra mitad del Gobierno (Pedro Sánchez) o chantajearlo.

Es verdad que estar en un gobierno con recortes es mucha contradicción por cabalgar. Pero la grey de Podemos es entusiasta y decidida en su práctica totalidad a aceptarlo todo, sobre todo si le enseñan el espantajo de la derecha. Lo más probable es que se cumpla el viejo adagio de que cuando los comunistas entran en el poder, no salen de él en circunstancias previsibles.

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