Cuando a los politólogos de la Sexta y a los periodistas ‘antifascistas’ se les pregunta por las razones del auge de los populismos, junto a los ‘hackers’ rusos, suelen añadir en un tono engolado “el desprestigio de la política” y la “posverdad”.

Desde la campaña electoral del PSOE de 1982 en que Felipe González afirmó que convocaría un referéndum para retirar a España de la OTAN y después lo convocó para dejarnos dentro, no creo que haya habido semejante engaño a los españoles.

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En una entrevista en septiembre, ya disueltas las Cortes, Sánchez afirmó con su cara de cemento lo siguiente: “Si se ha demostrado algo durante estos meses es que el planteamiento de un Gobierno de coalición es inviable”.

El socialista afirmó que él y el 95% de los españoles no dormirían por la noche si militantes de Podemos fueran ministros de Hacienda y Energía

Y también: “Sería un presidente del Gobierno que no dormiría por la noche, junto con el 95% de los ciudadanos de este país que tampoco se sentirían tranquilos, incluidos votantes de Unidos Podemos, si tuviera en su Gobierno en ministros de Hacienda, Energía o Seguridad Social del “círculo cercano o de confianza del señor Iglesias”.

La semana pasada, en el debate entre los cinco candidatos a presidente del Gobierno, Sánchez le reprochó a su nuevo socio puntos capitales de su programa político:

“El señor Iglesias defiende un referéndum de autodeterminación en Cataluña, que lo que va a hacer es partir definitivamente en dos la sociedad catalana. El señor Iglesias y Unidas Podemos defiende que en España hay presos políticos y yo no puedo aceptar eso”.

La prontitud con que Sánchez e Iglesias anunciaron ayer su preacuerdo para un ‘Gobierno progresista de coalición’ deja claro que la negociación estaba hecha desde hacía tiempo. Es decir, que los aspavientos y las quejas de Pedro contra Pablo de estas semanas constituían una pantomima.

El pacto de Pedro con Pablo, después de haber definido el primero al segundo como un peligro para la unidad de España y el futuro de los españoles (y, en consecuencia, de haber conseguido algún voto por su patriotismo), sí que representa el desprestigio de la política y el recurso a la ‘posverdad’ que se achaca a los partidos estigmatizados por el Sistema como populistas.

La rapidez del anuncio y el abrazo entre Pedro y Pablo revela que el acuerdo estaba hecho cuando el socialista arremetía contra el comunista

Algunos creen que una nueva edición del Frente Popular vacunará a los españoles y los convertirá políticamente en tejanos. Yo no soy tan optimista.

En Extremadura, donde no existen partidos nacionalistas y, por tanto, el debate debería limitarse a las necesidades de la región, como la vergonzosa conexión ferroviaria con Madrid, el PSOE, del que depende la Renfe, ha sido el  partido más votado, con un 38%, el mismo porcentaje que en abril. El otro partido que ha gobernado España, el PP, obtuvo un 26%. Es decir, más del 60% de los electores extremeños eligieron el domingo pasado las listas de los dos partidos responsables de mantener una red ferroviaria atrasada. Será que a la mayoría de los extremeños les importa frenar “el fascismo” que tener trenes modernos.

Y en Cataluña, el partido fundado por Jordi Pujol, es decir, la banda del 3%, ha ganado 30.000 votos de catalanes que afirman que “Espanya ens roba”. Para acabar con estos ejemplos, ¿cuántos de los que reclaman la supresión del Impuesto de Sucesiones han votado a los partidos de izquierdas que quieren su instauración en toda España?

Mucha gente no escarmienta ni en su cabeza ni en su bolsillo. Lo malo es que sus errores y su sectarismo también nos afectan a los demás.

Las mentiras que Sánchez ha pronunciado en estas semanas hacen más daño a la confianza en la política que las supuestas ‘fake news’ de Trump y Salvini

Concluyó Nicolás Gómez Dávila que “la democracia es el régimen político donde el ciudadano confía los intereses públicos a quien no confiaría jamás sus intereses privados”. Por mucha que es mi admiración por el escritor colombiano, dudo del acierto de su aforismo. Muchos confiarían sus intereses privados a los mismos políticos a los que aplauden con fervor. Porque lo importante para ellos es la lucha contra el cambio climático.

Diversos tuiteros que sigo se aferran a una última esperanza. ¿Y si todo esto fuera una maniobra de Sánchez para asustar a la CEOE, Macron, Bruselas y Merkel con el Coleta Morada, de modo que éstos fuercen al PP y Ciudadanos a que le voten a él? Ya veremos. Es cierto que en octubre del año pasado, Pedro y Pablo firmaron un acuerdo para los Presupuestos Generales que no pasó de la foto. Pero yo no apostaría a esa carta. El poder tiene sus reglas.

Un último consejo, querido lector: no se angustie, duerma por la noche. Aunque Alberto Garzón se encargue de Hacienda no le va a subir los impuestos tanto como lo hizo Cristóbal Montoro, ese ministro de Mariano Rajoy, sí, del PP.

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