Rafael Sánchez Saus /CEU
Rafael Sánchez Saus /CEU

Rafael Sánchez Saus ha ganado desde hace años, con su análisis pausado pero incisivo de la realidad española, un sitio destacado entre los pensadores de mayor influencia en el panorama conservador español.

Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Cádiz, Sánchez Saus es académico de número de la Real Academia Hispano Americana de Cádiz y correspondiente de la Real Academia de la Historia. Durante nueve años fue rector de la Universidad CEU San Pablo y en la actualidad dirige en esta misma institución el Congreso Católicos y Vida Pública.

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Desde su atalaya como columnista de los diarios del Grupo Joly, Sánchez Saus ha sabido diseccionar la realidad política y social española, dando detalle de los cambios profundos que en ella se han producido en los últimos 15 años y que han quedado compilados en ‘Por qué Vox. El despertar de la derecha social en España’ (Homo Legens), recientemente presentado en Madrid.

‘Por qué Vox. El despertar de la derecha social en España’ está prologado por su compañero de columnas Enrique García Maiquez y epilogado por Francisco José Contreras, catedrático de Derecho por la Universidad de Sevilla, diputado nacional por Sevilla por las listas de Vox y columnista de Actuall.

Sánchez Saus habla al otro lado de la línea como escribe. Pausa, pero incisivo. Ninguna expresión es baldía, todo es magro. En el análisis sobre el origen de Vox, otorga paternidad compartida a Rodríguez Zapatero y a Mariano Rajoy.

El uno, por despertar a la derecha a base de leyes de ingeniería social; el otro, por despreciar esa derecha que lo aupó al poder con la mayoría absoluta más absoluta de la democracia: Rajoy «lo traiciona absolutamente todo», sentencia Sánchez Saus. A este caldo de cultivo interno, se suma la aparición, cada vez con más fuerza en el mundo occidental de discursos articulados en torno a los mismos o parecidos problemas, que acaparan protagonismo y comienzan a obtener cuotas importantes de poder.

Y ante la progresiva izquierdización del panorama político y tras una travesía del desierto, surge una voz nueva, irreverente, que rompe con los dogmas de lo políticamente correcto: Vox.

Sánchez Saus considera que Vox puede ser un «medio genuino» para detener la erosión de España, cuyo régimen político nacido en 1978 está cada vez más cuestionado. Pero tampoco le da carta blanca: «Llega el momento en que verdaderamente también a Vox hay que exigirle».

La aparición de Vox ¿se veía venir?

Pues eso es lo que lo que a mí me parece. Lo que ocurre es que durante bastante tiempo lo que no podíamos saber es la forma en que ese movimiento de reorganización del espacio político y de expresión de la derecha social se iba a producir. Podía haber sido como producto de un viraje en el Partido Popular para corregir la deriva hacia ese centro progresista cada vez más alejado de los principios fundadores del PP, especialmente de la época más fructífera de ese partido que para mí es la época de Aznar. La rectificación era una posibilidad.

Otra era que surgiera una escisión que es lo que durante una primera etapa un momento parece que iba a ser Vox bajo el liderazgo de Vidal Quadras. Eso fracasa como consecuencia de que no se obtienen representantes en las elecciones europeas a las que primeramente se presenta.

Lo que finalmente ha resultado, que era otra posibilidad, es que surgiese una voz nueva. Es la recomposición que se produce en Vox, después de ese primer fracaso que le obliga a haciendo una travesía del desierto durante varios años, en la que cualquier grupo político que estuviese formado por personas con otra textura probablemente hubiesen abandonado. Tuvieron fe en lo que decían, estaban seguros de ello y al final parece que su estrategia era razonable.

A lo largo de mi libro se va viendo cómo evolucionan las cosas y como poco a poco la esperanza de esa recomposición y de expresión de la derecha social va tomando forma.

Además de la perseverancia, ¿qué otras razones le hacía ver que Vox cuajaría antes o después?

Hay un elemento de fondo que me permitía anunciarlo de una manera o de otra desde muy pronto, desde que el PP muestra que no está dispuesto a recapitular con Rajoy. Es el hecho de que en toda Europa, cada vez con más fuerza, van apareciendo grupos y movimientos que ante los problemas, que son prácticamente los mismos que se dan en España, ofrecían soluciones que la gente acoge. Y esa ola, antes o después, tenía que llegar a España como así ha sido.

Hablando de los orígenes remotos: ¿quién es más responsable del nacimiento Vox: Rodríguez Zapatero o Rajoy?

Puede ser una paternidad compartida.

Rodríguez Zapatero, con sus medidas de ingeniería social, promueve un gran movimiento social de rechazo y de afirmación de los valores fundantes, tanto del orden político de la propia democracia como de la sociedad en la que vivimos y de sus raíces.

El problema está en que Rajoy, que es impulsado por ese movimiento y que consigue los grandes triunfos electorales del año 2011 (que no se limitan sólo a la mayoría absoluta) gracias en buena medida a esa movilización y no solamente a la crisis, lo traiciona absolutamente todo. Hay una sensación de desesperación en buena parte del electorado que se ve traicionado de esa manera.

También hay otra dinámica dentro de la sociedad, que es la progresiva izquierdización de la sociedad política, que va dejando huérfano completamente a un sector muy importante de la sociedad española.

Todo eso tiene su expresión más radical en el triunfo absoluto en España de la de la corrección política. De manera que cada vez más son más sectores representativos de la sociedad española que se van viendo fuera y al margen de sus políticos. ¿Qué significa eso? Pues que el gran éxito de Vox no solamente ha sido el de capitalizar cuestiones como la crisis catalana, sino sobre todo romper el corsé, ese dogal que impone la corrección política a la sociedad española, individuo a individuo.

¿El ‘superpoder’ de Vox ha sido la irreverencia frente a lo políticamente correcto?

Yo creo que sí. Ciudadanos, frente al tema catalán, tienen una posición tan firme como puede haberla tenido Vox. Sin embargo, ha sido un partido sometido completamente a la corrección política. El éxito inicial de Ciudadanos se explica efectivamente por el tema catalán, la cuestión nacional… Pero después eso ha demostrado ser verdura de las eras porque es una cuestión que es compartida por otros partidos y, por lo tanto, no da sustento a una opción permanente.

Sin embargo, en el caso de Vox, yo creo que esa rebelión frente a lo políticamente correcto es su gran fuerza. Y por eso yo creo que Vox, más, que mover una especie de revolución política -que es lo que está dando suscitando su entrada- es una especie de revuelta cultural que tiene mucho más efecto en lo que llamamos la guerra cultural que sobre los aspectos políticos.

«Estamos en un tiempo en el que por una serie de circunstancias, el sistema del 78 está dando las boqueadas»

¿Es Vox la derecha real que reivindica García Maiquez en el prólogo del libro o se tienen que ganar aún los galones?

Este libro, aunque se presenta ahora, apareció antes del verano y en España han sucedido muchas cosas. Pero, efectivamente, en las elecciones últimas Vox ha dado un paso de gigante y ya se ha convertido en tercera fuerza nacional. Creo que ahora ya llega el momento en que verdaderamente también a Vox hay que exigirle. Hasta ahora era una esperanza. Ahora ya es una realidad.

Es verdad que sigue siendo un partido con estructuras todavía débiles, incluso en algunos aspectos inadecuadas para las responsabilidades que ya tiene. Si las grandísimas expectativas que se están depositando sobre Vox no son respondidas con hechos, con algo más que palabras, poses o actitudes pueden dar lugar a otros a un deslizamiento del fenómeno.

Pero tenemos que tener en cuenta que esa derecha social, a la que durante mucho tiempo no sólo se le ofrecía la resignación del mal menor y el voto cautivo, ha demostrado que es capaz de liberarse de esas cosas. Si lo hizo con el PP, pues también lo puede hacer con Vox o con cualquiera. Estamos ante un sector de la sociedad que piensa por sí mismo, que tiene una opinión, que ha roto las ligaduras con lo políticamente correcto y quien represente eso firmemente se llevará su voto.

Usted afirma en la introducción del libro que Vox es un “medio genuino” para detener la erosión de España y garantizar, nada menos, que su supervivencia. ¿Sin Vox desaparecerá España?

España no puede desaparecer porque es una realidad cultural e histórica de tal magnitud que pase lo que pase, España sobrevivirá. Lo que es verdad es ¿en qué España queremos vivir? Si el futuro es una especie de república bolivariana ibérica o hispánica, o como la quieran llamar, porque el nombre de España, claramente les da ictericia y lo abolirían seguramente…. España seguiría. Pero ¡quién quiere vivir en eso!

Estamos en un tiempo en el que por una serie de circunstancias, el sistema del 78 está dando las boqueadas. Lo único que pasa es que, por un lado, el fenómeno de Podemos incorporando a la extrema izquierda de alguna forma al sistema y por otra parte, la crisis catalana que se ha precipitado y por impaciencia, ha suscitado una reacción tal que aparentemente ha fortalecido al sistema, le ha dado algo de vida a algo que en muchos aspectos está cádaver.

La cuestión es qué va a venir después de ese régimen que está ya casi en putrefacción y que hay muchos motivos para pensar que puede acabar generando una situación, al menos durante un tiempo, caótica o en buena medida, casi ingobernable, antes de que se asiente en otras formas distintas. ¿Qué precio vamos a tener por llegar a eso? ¿Qué es lo que va a resultar de todo ello?

Su querido amigo Francisco José Contreras se embarcó en la aventura de Vox y ahora está en el Congreso. ¿A usted no le ha picado el gusanillo. No ha tenido la tentación?

No, la verdad es que no puedo decirlo de otra forma. Por otra parte, también quiero decirlo, tampoco he tenido oferta política como para decir que sean una tentación verdaderamente grave. ¿Podía haberme lanzado? Sí, claro. Pero bueno, la verdad es que yo creo que mi misión es otra y está encaminada más a otra misión, en este momento como director del Congreso de Católicos y Vida Pública, que para mí ahora mismo en el campo de la acción social e intelectual, tiene la prioridad total.

¿Cree que Vox será capaz de no caer en ese ese pecado de Rajoy de despreciar al movimiento social que lo aupó? Porque si existe Vox también es en buena medida por ese movimiento social que ha habido en los años previos.

Lo que conozco de los dirigentes de Vox con los que tengo algún trato, son personas muy sensibles a las demandas de ese sector, de la sociedad. Otra cuestión es que después se equivoquen o no al trazar estrategias. Pueden caer también incluso por exceso, no seamos ingenuos. Tampoco vamos a pensar que esta derecha social está formada por extremistas. No, son gente normal en general.

Cuando uno habla con gente que vota a Vox es bastante sensata. Y no olvidemos que lo que también existe es la gran sorpresa, sobre todo en las últimas elecciones. Pero lo que ya se vió en las elecciones andaluzas de hace casi un par de años es que Vox empieza a alcanzar a sectores sociales que tampoco están de ninguna manera ya en la derecha. Que pueden ser llevados a la derecha social a través del componente social del mensaje de Vox que está siendo también una sorpresa para muchos y un elemento muy importante que le puede hacer crecer en sectores que hasta ahora claramente repudiaban cualquier vinculación con la derecha.

Dado que el panorama político, según el propio presidente del Gobierno, nos quita el sueño… ¿Le va bien a Vox estar en esta circunstancia? ¿Cuánto peor, mejor?

Pudiera ser en el momento del despegue y de la necesidad de abrirse un hueco electoral. Es evidente que el hecho de que las cosas con los otros partidos no vayan bien y no se vea esperanza de mejorar, le puede favorecer. Pero en el largo plazo eso no es bueno tampoco para Vox, desde distintas perspectivas.

La primera, porque puede hacer recaer sobre un partido que todavía no ha puesto unas estructuras, unas responsabilidades brutales ante las que pueden muy bien sucumbir. Y en segundo lugar, porque yo creo, sinceramente, que los dirigentes se caracterizan sin duda alguna por el patriotismo. No creo que en su fuero interno de ninguna forma apostasen por el ‘vamos al desastre’ para sacar dos puntos más de porcentaje de votos, o 10 ó 15 diputados. Francamente no lo creo.

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