Carme Forcadell en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña
Carme Forcadell junto al vicepresidente de la Generalidad, Oriol Junqueras, el expresidente Artur Mas, y otros miembros del Gobierno. (Fotografía: Alejandro García / EFE)

Ante la incertidumbre, promesas. Promesas de independencia, promesas de legalidad, de ruptura y de constitucionalidad.

Los antecedentes no juegan un buen papel a favor del secesionismo, pero los nuevos actores de esta interminable partida de cartas plantea más dudas que certezas.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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¿Habrá independencia? ¿Habrá referéndum? ¿Qué puede pasar el 2 de octubre? Esta es la pregunta más repetida por la mayoría de los españoles, y la que parece que nadie puede responder.

Hay diversas opciones, algunas más posibles que otras, pero en Actuall hacemos un repaso de todas las variables ara que todos estén prevenidos.

1. No hay votación

El domingo 1 de octubre el Gobierno catalán pretende sacar las urnas a la calle, y con la colaboración de los ayuntamientos, preparar los colegios para que los ciudadanos puedan votar.

Pero la Justicia ha ordenado a las fuerzas del orden que investiguen todos los pasos que está dando la Generalitat para impedir que se impriman las papeletas, se pongan las urnas y se pueda votar.

La mayor dificultad que tendrán los Mossos y la Guardia Civil para cumplir con su deber será si miles de personas acuden a diversos centros con papeletas y urnas desde casa, pues númericamente no puede detener a todos.

Pero si impide el acceso de los colegios, y los catalanes, al no poder entrar se marchan a casa, no habrá votación.

Otra cosa será lo que ocurra el día siguiente, en especial con los seguidores de la CUP.

2. Gana el NO

Se trata del escenario más fácil de manejar de todos los posibles en caso de que se vota. Si ganase el no -un escenario imposible debido a la falta de garantías y a que los contrarios a la independencia no irán a votar- los independentistas se quedarían sin argumentos y tendrían que renunciar a sus pretensiones.

3. Se declara la independencia

Lo previsible es que en caso de votarse, gane el sí, y el 2 de octubre -o cuando acabe el recuento- se declare la independencia.

El Gobierno para evitar posibles revueltas decide negociar con Puigdemont y llegan a un acuerdo para que se formalice la secesión en un tiempo delimitado.

Este escenario sería parecido al que está viviendo Reino Unido con el Brexit, con negociaciones entre ambas partes, incluida la Unión Europa por intereses.

Más que improbable es imposible que algo así suceda, aunque es el cuento que venden los independentistas.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont / EFE

4. Detienen a Puigdemont

Siguiendo el patrón del escenario anterior, se vota, gana el sí, y Puigdemont declara la república independiente de Cataluña.

Al cabo de unas horas, las Fuerzas del Orden le detienen junto a la cúpula independentista (Junqueras, Forcadell,…) y se aplica el artículo 472 del código penal, que dice:

«Los que, induciendo a los rebeldes, hayan promovido o sostengan la rebelión, y los jefes principales de ésta, serán castigados con la pena de prisión de quince a veinticinco años»

Artículo 472: Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para cualquiera de los fines siguientes: (…) Declarar la independencia de una parte del territorio nacional.

Y del artículo 473, que dice:

«Los que, induciendo a los rebeldes, hayan promovido o sostengan la rebelión, y los jefes principales de ésta, serán castigados con la pena de prisión de quince a veinticinco años e inhabilitación absoluta por el mismo tiempo; los que ejerzan un mando subalterno, con la de prisión de diez a quince años e inhabilitación absoluta de diez a quince años, y los meros participantes, con la de prisión de cinco a diez años e inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis a diez años».

5. Estalla la violencia

Unidades de la Guardia Civil y la Policía Nacional serán desplazadas a Cataluña para el 1 de octubre para intentar impedir la votación. A su vez, se ha informado de que cientos de anarquistas de toda Europa también piensan acudir a la cita, con intenciones hostiles.

La tensión puede saltar en cualquier momento y la violencia convertirse en el mayor problema de la amenaza independentista.

La violencia no es ajena a Cataluña, en especial cuando los grupos de extrema izquierda manejan parte del poder. Solo hay que hacer un repaso al siglo XX.

Nada hace indicar que los enfrentamientos tengan que acabar en tragedia, pero si así fuese, la ideología de la víctima puede convertirse en un punto importante para inclinar la balanza hacia una independencia real o la caída del sueño secesionista. Si hay un muerto o herido del lado secesionista, tienen un mártir, y crecen las posibilidades de independencia. Pero si la víctima es españolista, se acabó el cuento de los independentistas.

Mariano Rajoy (PP) y Pedro Sánchez (PSOE) / EFE.

6. Se reforma la Constitución

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ya ha dejado caer que la Constitución no es inmutable y se puede cambiar. Su alianza con el PSOE del Pedro Sánchez, promotor de la’nación de naciones’, hace pensar que el Ejecutivo llega a un acuerdo con los independentistas después del referéndum.

Tanto Puigdemont, como Junqueras o Colau siguen apelando al diálogo. Todos ellos mantienen intactas sus aspiraciones a presidir la Generalitat -de ahí el que sí que no de la alcaldesa de Barcelona a poner urnas- y una reforma de la Constitución puede presentarse como una victoria política ante los catalanes.

Lo que salga de la alianza Rajoy-Sánchez-Puigdemont ya es especulación, aunque con malos augurios.

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