La Guardia Civil ha desarticulado una célula terrorista de los CDR. El acrónimo se corresponde con Comités de Defensa de la República, pero originalmente (en Cuba, y antes en la Alemania del Este, y antes en la Alemania nacional socialista) se trataban de los comités de defensa de la revolución. Pero como aquí república y revolución son concomitantes, corolario la segunda de la primera, la innovación terminológica ha pasado desapercibida.

Pues en eso estamos, en la revolución. Una revolución que tiene mucho de milenial, es verdad. Muchos tenían la esperanza de que ocho segundos de declaración fueran suficientes para que la vieja España se deshiciese como un mecano sin juntas.

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Una actitud millenial porque confunde cambiar el mundo con pronunciar unas cuantas frases, porque se da por hecho que la realidad es arbitraria y moldeable, y sobre todo por la alevosa ignorancia de la historia de su propio país. 

Pues en eso estamos, en la revolución. Una revolución que tiene mucho de milenial, es verdad.

Pero los hay menos ilusos. La ultima ratio de la democracia no es el voto, sino la violencia. La democracia es una técnica para echar a quienes estén en el poder, pero el mismo poder se asienta sobre la violencia sistemática del Estado. De modo que si se quiere romper el Estado, tiene que ser de forma violenta. Una revolución, es decir. Y los CDR asumen su papel de vanguardia de la revolución, y de la república haciendo colección de bombas y de objetivos donde hacerlas estallar. Sin un glorioso pasado de españoles muertos en la calle no hay República Catalana. El cine español se está quedando sin tiempo para contar la historia de esta revolución. En cuanto comience el cómputo de muertos, callarán cobarde y vergonzosamente como hicieron con la ETA. 

El seny no es suficiente. Ha servido para asentar la superioridad moral de la raza catalana frente a estos españolazos de los vascos. Pero en última instancia no ha resultado ser eficaz.

Con el seny sólo se podía acordar una porción mayor del dinero público para el terrer, pero en el mismo momento en el que Madrit dijo que por el cupo catalán no pasaba, la proverbial insolidaridad catalana con el resto de España se puso republicana; o sea, revolucionaria; es decir, terrorista.

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, durante la segunda jornada del Debate de Política General en Cataluña, octubre de 2018 /EFE

Torra mira para otro lado. Pero como quienes están a su lado, precisamente, son conspicuos miembros de los CDR, niega la evidencia, henchido de seny. Puigdemont, derrotado eternamente en Waterloo, tiene su propia relación con el terrorismo nacionalista catalán. Una relación de amistad, también con los dirigentes de Terra Llure. El tema le toca, y ha decidido hablar de él.

Ha escrito una carta a Pedro Sánchez, que a estas alturas debe de estar dudando si la incluyó o no en su tesis. En la carta, dice Carles Puigdemont: “Piense que el Govern de Catalunya, que el independentismo, no tiene ni tendrá nunca un Señor X de una banda armada como los GAL”. ¿Sugiere que los CDR agitan el árbol por su cuenta? ¿Le está quitando méritos al Senyor X?

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