En cuanto el Tribunal Supremo comunicó la sentencia sobre el intento de golpe de Estado en Cataluña en 2017, las ‘Sturmtruppen’ del catalanismo convocaron a sus muchachos para ocupar plazas, carreteras y hasta el aeropuerto del Prat. El plan se ha realizado con un éxito innegable, aunque también es cierto que los adelantados del som un sol poble tienen que recurrir al corte de las vías de comunicación para paralizar la vida social, debido a que son muchos menos de los que dicen ellos mismos y los tertulianos de izquierdas de Madrid.

Se trata de la ‘vía eslovena’, sobre la que algunos ya advertimos hace dos años. La explico a continuación:

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Los eslovenos empezaron a preparar su independencia en 1988. En ese año se celebraron elecciones pluripartidistas al Parlamento local, con partidos nacionalistas y no comunistas. En 1989, el Parlamento esloveno enmendó su Constitución. Entre las novedades, la prohibición de que participasen en las elecciones locales partidos federales, el repudio a la preeminencia del ordenamiento jurídico yugoslavo y el rechazo a aportar fondos a la federación. A continuación, el Parlamento empezó a aprobar ‘leyes de desconexión’.

Los planes para ocupar el Prat y cortar las vías férreas son conocidos desde hace meses y el Gobierno del PSOE ha permitido que se cumplan

El 23 de diciembre de 1990, se celebró un referéndum. En la campaña, el Gobierno esloveno prometió una vida mejor a los ciudadanos con el dinero que Yugoslavia les robaba y descalificó al Gobierno federal socialista como incompetente y corrupto. Hasta la izquierda pidió el sí. Votó el 94% del censo; y de éste, el 88% respaldó la independencia.

El 25 de junio de 1991, mientras el mundo prestaba atención al despliegue militar de las Naciones Unidas contra Irak y al derrumbe de la URSS, los Parlamentos esloveno y croata proclamaron la independencia de sus repúblicas. Una corta reacción del Gobierno y el Ejército yugoslavos dio lugar a la Guerra de los Diez Días.

La propaganda elaborada por las agencias de comunicación y por el Gobierno de Liubliana presentaba a los eslovenos como un pequeño pueblo pacífico, democrático y trabajador amenazado por unos tiranos comunistas. Una idea que se difundió de manera machacona era la de que se trataba de un enfrentamiento entre un pueblo europeo que quería escapar de una cárcel balcánica, es decir, violenta, inculta y salvaje. El último embajador de EEUU en Belgrado calificó la operación mediática como “el más brillante golpe de relaciones públicas en la historia de Yugoslavia”.

Los catalanistas tratan de repetir desde 2017 el modelo de golpe de estado que dieron los eslovenos para romper Yugoslavia

Durante los últimos años, los nacionalistas catalanes han realizado viajes de estudio a Eslovenia. Ahí han aprendido la importancia de la manipulación mediática, la elaboración de un ‘relato’ que se coloca a los corresponsales de prensa, los diplomáticos y los empleados de ONG: España vive de sangrar a los catalanes, que son mejores.

La Generalitat presidida por Artur Mas puso en marcha poco después de la Diada de 2012, la que decantó a la banda del 3% por la independencia, Diplocat y el Programa Eugeni Xammar para obtener apoyos internacionales y seducir a editores y periodistas. La compra de medios de comunicación ya aparece en el Programa 2000, adoptado por Jordi Pujol. Siguiendo con el ejemplo esloveno, la Generalitat ha contratado a varias agencias y consultoras tanto de comunicación como de ‘lobby’, en España, Europa y Estados Unidos.

La finalidad de la campaña de comunicación y de los combates militares en Eslovenia era provocar una intervención extranjera que impusiera una negociación, cosa que los eslovenos consiguieron. Y los separatistas catalanes querían repetir la operación, primero en 2017 y de nuevo en 2019. Si hace dos años su sueño era Liubliana, ahora es Hong-Kong. Se imaginan que están combatiendo a la Policía comunista china (bueno, china a secas, que ha dicho Mario Vargas Llosa que el comunismo ha desaparecido) con máscaras de goma y punteros láser; y cuando se hace de noche, a casita.

Durante meses, el entramado separatista ha preparado su reacción a la sentencia del Supremo. La ocupación de edificios y el aeropuerto, y el corte de carreteras y vías de tren no han sido de ninguna manera secretos. Se conocían desde 2017. La consigna que se pretende transmitir es la de una rebelión de un pueblo ansioso de libertad contra sus opresores… y lo van a lograr.

De la sentencia cocinada en la Plaza de las Salesas, destaco la afirmación de que la Policía catalana tuvo “episodios de auténtica complicidad” con la trama civil de las protestas. Esa misma Policía sigue al mando de un Gobierno regional cuyo presidente ha anunciado varias veces la desobediencia de las leyes y sentencias españolas. El lunes 14, Torra calificó a España de dictadura, azuzó las protestas ilegales y proclamó que seguirá avanzando hacia la independencia de Cataluña. Los Gobiernos de Francia, Alemania o hasta la República Dominicana, ¿permitirían una conducta semejante?

¿Por qué Rajoy y Sánchez permiten al separatismo catalán su violencia? Porque todos son jugadores en la misma partida

¿Cómo puede estar libre un individuo que, desde un cargo público, incita a la violencia como un alcalde chavista contra el orden constitucional y los catalanes no nacionalistas? Pues porque en el Estado de las Autonomías atacar a la nación española y la Constitución no da problemas, sino beneficios.

Era difícil superar la pachorra y la dejadez de Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santa María, pero Pedro Sánchez y Fernando Grande Marlaska lo están consiguiendo.

La explicación consiste, por mucho que moleste, en que para el PSOE y el PP los nacionalistas son también jugadores de la partida. Algo más groseros, pero, a fin de cuentas, amigotes de farras y negocios. Por lo tanto, no hay que esperar ni otro 155, ni el recurso a la Ley de Seguridad Nacional, ni la proclamación del estado de sitio que se usó contra los controladores aéreos.

¿Sabe cuál es la única ventaja de este bochinche, amigo lector? Que el Estado de las Autonomías se está yendo por el desagüe. Dentro de poco, solo lo defenderán los que viven de él, o sea, de usted.

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